Las Aventuras del Barón Münchhausen. Teatros del Canal.

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Durante dos fines de semana (ya pasados, por cierto) los Teatros del Canal han acogido la adaptación de Alicia en el País de las Maravillas y Las Aventuras del Barón Münchhausen del Teatro Negro Nacional de Praga dirigido por Pavel Marek. La propuesta se presentaba como espectáculo familiar, pero los trucos y efectos visuales anunciados animaron también a algún adulto sin niños. Tanto Alicia como Münchhausen son dos personajes con un atractivo que no escapa a los mayores. Mentirosos, o quizás excesivamente ensoñadores, su mente creó un universo mágico a su alrededor.

Para preparar la cita con el mundo de fantasía del Barón Münchhausen, nada como revisitar sus antecesores. Primero recordando la figura muy real que inspiró al personaje literario, la del militar y noble alemán Karl Friedrich Hieronymus. Sus exageradas hazañas parece que pudieron inspirar las del personaje de ficción cuyo origen literario es desconocido, si bien el escritor Rudolf Erich Raspe las popularizó en los relatos que publicó en 1785. Un siglo después, el ilustrador francés Gustave Doré dio silueta a la muy emblemática nariz del barón literario en una edición impresa. En 1910 otro genio francés, Georges Meliès, rodó Las alucinaciones del Barón Münchhausen, una bellísima rareza que merece la pena ver en alguna cinemateca europea a golpe de pianola y, en su defecto, en Youtube. La mayoría, no obstante, descubrimos a Münchhausen a finales de los 80 con la película de Terry Gilliam en la que escenas como la cabeza voladora de Robin Williams o la venusiana aparición Uma Thurman permanecen en el recuerdo.

Con este rico imaginario en la cabeza, muchas son las expectativas puestas en el espectáculo de la compañía checa que, teniendo tan buen material para entretener a niños y adultos, no logró el entusiasmo general.

El teatro negro es una invención teatral que se vale de la pantomima, la música y de una escenografía muy llamativa para crear espectáculos con vocación de llegar a públicos de muchas nacionalidades. Parte de un truco óptico: la sobre-posición de personas y objetos negros sobre un fondo negro, haciendo para el ojo humano imposible la diferenciación de los contornos. Con este juego se consigue que cualquier elemento de color que se coloque sobre una figura negra parezca, por ejemplo, suspendido en el aire. El montaje checo utiliza con destreza este recurso en su adaptación de Münchhausen. La escenografía luminiscente es quizás el gran atractivo de esta puesta en escena con algunos episodios (como el del aren turco) logrados. Al otro lado de la balanza se echa en falta un acompañamiento musical en directo, sobre todo cuando el espectáculo es narrado por una fría voz en off. Pero sobre todo flaquea el texto narrativo y la propia adaptación. Las peripecias del barón se ven reducidas a una sucesión de sketches mal sincronizados.

A falta de una buena adaptación, el montaje del grupo teatral checo acaba siendo un simple divertimento para niños, lo que parece un desperdicio. Lo es porque los espectáculos infantiles no deberían estar reñidos con el público adulto. Es posible jugar y dirigirse a distintos grupos generacionales a la vez. Son muchos los ejemplos teatrales, pero a recordar el montaje de El Libro de las Bestias realizado por Els Comediants allá por el noventa y cinco: una joya visual.

La clá
http://www.lacla.es

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National Black Light Theatre Prague:
http://www.blacklighttheatre.com/

Teatros del Canal, Madrid:
http://www.teatroscanal.com/

Las alucinaciones del Barón Münchhausen, Georges Mèlies:

Imagen por cortesía de los Teatros del Canal.

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