“Played in Britain: Modern Theatre in 100 Plays 1945 – 2010”. Aplicación para el ipad del Victoria & Albert Museum (Londres). SEGUNDA PARTE.

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The Rocky Horror Picture Show, 1973. Royal Court Theatre. Fotografía de Douglas Jefferey (cortesía V&A)

El museo británico V&A (Victoria & Albert Museum) ha lanzado una aplicación para dispositivos móviles que ofrece un recorrido por cien de los montajes teatrales más emblemáticos en Gran Bretaña desde 1945 hasta 2010.

En este blog se publicó una reseña destacando el contenido general de la aplicación y los dos primeros períodos que ésta analiza, desde 1945 hasta 1968, o lo que es lo mismo, desde la posguerra a la consolidación del estado de bienestar. Las transformaciones sociales y económicas de este período de posguerra se tradujeron en políticas públicas de subvenciones para las artes escénicas y la aparición, a medida que avanzaban los años, de una nueva dramaturgia crítica con el entorno social.

Esta PRIMERA PARTE puede leerse en el siguiente link:

http://www.lacla.es/2013/03/played-in-britain-modern-theatre-in-100.html Es ahora el turno de repasar lo que la aplicación ofrece respecto a los siguientes períodos, es decir, durante los años setenta y ochenta.

1969 – 1979: solidaridad y sexualidad.

Quizás el hito más importante de esta época sea la abolición de la censura que, hasta entonces, venía respaldada a nivel legislativo y que se ejercía desde el Arts Council. Ésto supuso que, por primera vez, los actores pudieran perjurar e insultar en escena. La dramaturgia y su lenguaje se acercaron, por tanto, a la expresión social y precisamente este último aspecto es lo que desarrolló una nueva generación de escritores. Surge una tendencia entre estos creadores de plasmar en sus obras lo que ocurre en la sociedad.

La otra nota destacada del período es la deslocalización teatral, tanto a nivel geográfico como de recintos. Londres sigue acaparando la atención escénica, cierto, pero no de manera exclusiva y el teatro puede disfrutarse en cualquier lugar, en la calle o incluso en recintos poco convencionales.

Entre las obras del período destacan éxitos comerciales junto con montajes dirigidos a un público menos heterogéneo. Con independencia de que se trate de comedias negras o ácidas o bien de dramas sociales, lo cierto es que en la mayoría se perspira una mirada punzante hacia la sociedad el momento. Se denuncian los movimientos de extrema derecha y prolifera un teatro con foco en temática gay o, al menos, con referencias veladas a la homosexualidad. Uno de los éxitos comerciales del período, No man´s land (En tierra de nadie) de Harold Pinter, puede incluirse entre esta última tendencia. El  primer montaje, de 1975, fue dirigido por Peter Hall e interpretado por Richardson y Gielgud. Tan excepcional fue la producción que el crítico teatral de The Guardian, Michael Billington, llegó a decir que Richardson y Gielgud formaban la mejor pareja artística desde Laurel & Hardy.

Otros montajes comerciales de la época alcanzaron un éxito tan notorio que pasaron a una nueva dimensión, la cinematográfica. Entre ellos están The rocky horror picture show y Amadeus.  La primera es hoy una obra de culto entre los fans del glam rock. Por su parte, Amadeus se convirtió en el éxito del momento y en la obra que cualquier ilustre visitante extranjero (presidentes de gobiernos o estrellas de Hollywood) iba a ver en su visita a Londres. La propia Margaret Thatcher contribuyó a la división que causó el personaje creado por el dramaturgo Peter Shaffer de Mozart. Thatcher (siguiendo la opinión del Salieri de la obra) denostó públicamente el lenguaje malsonante del personaje Amadeus que, sin duda, debía ser impropio del verdadero genio.

Entre los autores del momento, destacan nombres que continuarán su trayectoria en años sucesivos: Alan Ayckburn, Simon Gray, Margaretta D´Arcy, Harold Pinter, Noël Gray, Mike Leigh…

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Abigail´s Party, 1977. Hampstead Theatre. Fotografía de Douglas Jefferey (cortesía V&A)

Surgen también nuevos métodos teatrales y una clara influencia del teatro brechtiano. Mike Leigh escribió y produjo en 1977 una de sus obras de referencia, Abigail´s party. En ella desarrolló un método actoral a través del cual cada intérprete profundiza en su personaje sin conocer el desarrollo de la trama. A través de la improvisación entre caracteres bien construidos se va desarrollando y creando la obra final.

En conjunto, la creatividad del período en toda una serie de disciplinas acabó teniendo su reflejo también en el teatro.

1980 – 1989: en la riqueza y en la pobreza.

Los años 80 se caracterizan por ser la época de esplendor del capitalismo. Gran Bretaña fue uno de sus paradigmas con un gobierno conservador y una figura carismática y controvertida: Margaret Thatcher.

Las obras de la época son, en un sentido u otro, un reflejo de la época.

De un lado, se exige del teatro que haga caja. Los musicales se convierten en un éxito comercial y se asientan en la cartelera. Andrew Lloyd Webber estrena Catsy a partir de ahí otros éxitos como Starlight Express o The Phantom of the Opera.

Del otro lado, el teatro social centrará su atención en las perversiones del capitalismo. David Mamet escribe Glengarry Glen Ross, heredera del teatro de Arthur Miller, lo que le llevó a ser apodada por su sucesivo elenco actoral “Death of a fucking salesman”. En efecto, la obra incide en la competitividad laboral y en la presión de ventas impuesta a los comerciales por parte de las empresas. La obra ha sido siempre un gran éxito comercial. En 2007 se pudo ver en Londres con Jonathan Pryce como Levene y un carismático Aidan Gillen (The Wire) como Roma. Dos años después se montó en el Teatro Español con Hipólito como Levene (el papel le va como un guante, hasta en la complexión física) y Gonzalo de Castro como Roma. Ambos montajes demostraron que el texto sigue estando socialmente vigente, de ahí el éxito de estas producciones (atribuible también a las estupendas interpretaciones en ambos lados del canal.

Otro de los montajes destacados del decenio fue Pravda en la que destacó un inmenso Anthony Hopkins, todavía desconocido por el público global. En la obra Hopkins interpreta a un magnate mediático al que todo el mundo reconoció como Rupert Murdoch. De nuevo el capitalismo como inspiración ideológica de la trama. En este caso los autores Howard Brenton y David Hare construyeron una sátira sobre la degradación de la prensa.

Junto con los efectos sociales del capitalismo, la dramaturgia del período también exploró temas de corte feminista, bien por la autoría de las obras, bien por la trama de las mismas. Shirley Valentine fue una de estas producciones y combinó el éxito comercial con el protagonismo de su único personaje, una mujer media insatisfecha que a través de un largo monólogo nos narra un viaje iniciático que incluye escapada a Grecia. A partir de la obra se ha utilizado la expresión el “síndrome Shirley Valentine” para explicar las licencias sexuales (el equivalente a “la canita al aire”) que se permiten mujeres de edad media en sus vacaciones. En España, Verónica Forqué ha estado recientemente de gira durante un largo tiempo con este personaje.

Leyendo la historia de algunas de las obras montadas en el período, destaca el papel de nuevas compañías que surgen con unas reivindicaciones bien apuntaladas (ya sea, por ejemplo, de tipo gay o feminista). También la importancia de determinados espacios escénicos en la promoción de la nueva dramaturgia. En Londres, el Hampstead Theatre fue el epicentro de muchos de estos montajes. Surgido a finales de los cincuenta, el teatro ha destacado siempre por el apoyo a nuevos creadores, ya sea mediante el encargo de nuevos textos o el montaje de obras contemporáneas. Otro de los centros emblemáticos fue (y continúa siendo) el Royal Court Theatre, también dedicado a la promoción de la nueva dramaturgia.

Los siguientes dos decenios traerán la consolidación del teatro desarrollado en este período. Se asentará el teatro comercial, convirtiendo a Londres en atractivo turístico también a nivel escénico. El apoyo público (a nivel de subvenciones) y privado (a través de centros escénicos) permitirá la proliferación de autores noveles. Como diría el camarero de Irma la dulce, “pero ésa es otra historia” y formará parte de la TERCERA PARTE de este conjunto de reseñas sobre la aplicación Played in Britain.

La clá

www.lacla.es

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Referencias: Victoria and Albert Museum

http://www.vam.ac.uk/

itunes – Played in Britain: Modern Theatre in 100 Plays 1945 – 2010 https://itunes.apple.com/gb/app/played-in-britain-modern-theatre/id570182331?mt=8

 

Imágenes:

Portada de la aplicación y fotografías, por cortesía del Victoria and Albert Museum.

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