El veneno del teatro. Teatros del Canal, Madrid.

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Ha empezado la temporada teatral madrileña con propuestas muy interesantes. Una de ellas es una reposición en los Teatros del Canal.

Boadella, su director, apuesta por reprogramar “El veneno del teatro”, montaje de Mario Gas. El hecho de hacer coincidir esta producción con el inicio de temporada es casi una proclama. El teatro es, en efecto, un veneno que contagia por su credibilidad y autenticidad. Y de eso trata, en parte, la obra de Rodolf Sirera, cuyo texto ha sido adaptado por José María Rodríguez Méndez.

Antes de continuar: una advertencia y una reflexión.

Primero, la advertencia. Quizás a lo largo de esta crónica se escape algún detalle sobre la obra que desvele algunos de los secretos de la misma. Nada que el espectador no capte pronto desde el inicio (todo sea dicho). Por si acaso, y para no herir susceptibilidades, el lector queda avisado.

Y ahora, la reflexión en torno a los “spoilers”. Las informaciones que desvelan parte de la trama de una obra abundan en las críticas sobre películas y series, y no son ajenas a las crónicas teatrales. En la edición online del periódico The Guardian algunos de sus colaboradores han planteado el debate sobre el uso de los “spoilers” en el trabajo del crítico teatral.

Mark Fisher escribió en 2009 un artículo sobre el tema que es, a la vez, una toma de postura. En “Spoiler alert…” , Fisher ofrece su interesante visión. Por un lado, cree que la cosa varía según la obra o el crítico de que se trate. Existen, sin duda, trabajos en los que el secreto del argumento es clave. Sería el caso de “La ratonera” en teatro o “El sexto sentido” en el cine. Pero a su vez, Fisher es de la opinión de que cualquier producción que se sustente exclusivamente en un golpe de efecto es, habitualmente, de poco interés.

En esta línea se coloca también Lyn Gardner en su artículo “Can spoilers really spoil a theatre show”. Gardner entiende que la sorpresa en el teatro es un elemento enriquecedor, si bien añade que muchos dramas clásicos (desde la antigua Grecia a la época jacobina) no pierden en intensidad por el sólo hecho de que el espectador conozca su desenlace. El público actual, no obstante, se queja del exceso de información sobre las obras y quizás por este motivo rechace las críticas que incluyen los famosos “spoilers”.

En historias como “El veneno del teatro” la narración de algunos de los acontecimientos de la obra probablemente no tenga ningún impacto. Estamos ante la famosa teoría hitchcockniana de la bomba debajo de la mesa. El maestro del suspense defendió que siempre es fuente de mayor desasosiego en el espectador el conocimiento de que una persona tiene una bomba debajo de la mesa, que el simple hecho de que explote sin previo aviso.

Pues con este mismo juego comienza “El veneno del teatro” que ya desde el comienzo ofrece pistas al espectador sobre la identidad de sus personajes. Al “levantarse el telón” hallamos sobre la escena a un actor que espera, en compañía del mayordomo, al señor de la casa. Pasan los minutos y, a medida que va impacientándose el actor, el público comienza a intuir que ese tal señor no va a venir, bien porque sea un Godot al que se espera eternamente, bien porque el mayordomo no sea tal cosa (como es el caso). A partir de ese momento se nos informa sobre los motivos de la invitación realizada. El actor deberá escenificar para el señor una representación auténtica, visceral y única, basándose en el texto escrito por este último y que le es proporcionado a lo largo de la velada. El actor representará el papel, sin que logre con ello el agrado del señor quien, en busca de la autenticidad de la interpretación, llevará los sentimientos del primero al último exhalo.

El núcleo de la obra tiene que ver mucho con la esencia del propio teatro (su autenticidad) y con el oficio del actor y las herramientas emocionales de las que se vale. También evoca los artificios y los juegos de los que se nutre el teatro: entonación, luces, escenario….

La velada entre estos dos personajes que no se conocen entre sí, y que interpretan distintos personajes ante el otro, recuerda, cómo no, a “La huella” de Anthony Schaffer (más conocida por la versión cinematográfica de Mankiewicz, con Olivier y Caine haciéndose trastadas). Existen similitudes en el planteamiento general del argumento y en el duelo entre sus protagonistas. Sin embargo, “El veneno del teatro” es más oscura y tenebrosa. Éste es el punto fuerte de la obra que requiere de la indispensable aportación de Daniel Freire y, principalmente, de Miguel Ángel Solá, para lograr la intensidad que genera.

Dicho de otra forma, sin la aportación de dos buenos intérpretes, las flaquezas del texto se harían mucho más evidentes. Hay pasajes en los diálogos que se hacen pesados por cierta carga intelectual prescindible. Como suele ocurrir, los grandes actores todo lo pueden, y en este caso Solá logra mantener al espectador aterrorizado y atento. Como mayordomo, Solá adopta los gestos serviles de algunas famosas interpretaciones de dos grandes, Gielgud y Hopkins. Como señor, su interpretación demuestra lo gran actor que es. Tal es el terror que imprime en sus gestos y declamaciones que bien parece que nos encontremos ante el mismo diablo. Y puede que el señor sea una suerte de Mefistófeles al que deba enfrentarse el actor (reconozco en este punto la asociación que me surge entre Miguel Ángel Solá y “Fausto 5.0”de la Fura dels Baus).

En cuanto al montaje de Mario Gas, se puede ver la mano del gran director en la elección inteligente de actores y texto. La austeridad del mismo choca con sus anteriores producciones para el Teatro Español y que se caracterizaron por el despliegue escénico. Gas se ha adaptado hábilmente a los nuevos tiempos eligiendo una producción barata que se sustenta en un texto efectivo y, por encima de todo, en la altura de Miguel Ángel Solá y el buen hacer de Daniel Freire.

Para todos los espectadores a los que en algún momento nos picó la culebra, la obra “El veneno del teatro” en los Teatros del Canal nos ofrece un fantástico pistoletazo de salida a la temporada escénica que, seguro, nos deparará grandes momentos. La clá

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El veneno del teatro. Teatros del Canal, Madrid.

http://www.teatroscanal.com/espectaculo/el-veneno-del-teatro/ Imagen:

Ensayo de la obra, con Miguel Ángel Solá y Daniel Freire. Fotografía de Jaime Villanueva. Cortesía de los Teatros del Canal.

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