Los miércoles no existen. Teatro Lara, Madrid.

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El barrio de TriBall abarca la zona que forma el “Triángulo Ballesta”, y viene delimitado por las calles Gran Vía, Fuencarral y Corredera Baja de San Pablo. A partir del año 2007, el empuje de comerciantes y vecinos, con apoyo de las instituciones municipales, logra que la imagen de la zona vaya poco a poco rejuveneciendo con restaurantes de comida oriental y tiendas de moda singulares. La prostitución sigue presente, pero ahora se mezcla con turistas madrileños de ocio nocturno, hipsters y otras tribus urbanas.

El Teatro Lara siempre ha estado en el epicentro de esta zona y quienes acudíamos antaño a visitarlo, paseábamos el barrio con precaución. En uno de los antiguos “bares de viejos” donde se tomaba la caña antes de la representación, era habitual encontrarse con los carteristas de la zona que merodeaban cerca del cebo fresco que era el público teatral. La imagen no era muy distinta a la de esa Barcelona retratada por Eduardo Mendozaen “El laberinto de las aceitunas” o “Sin noticias de Gurb”.

En un sábado de junio de 2014, paseando por las mismas calles, es posible experimentar muchas sensaciones, pero ninguna de ellas es esa alerta hacia el navajero. En el bar de viejos al que me llevaba mi padre, ahora sirven comida fusión. Ni rastro del viejo carterista que codiciaba la cartera de su bolsillo.

Y en el medio de estas calles sigue el Teatro Lara.

La bombonera por la que pasan los años, continúa como un bastión, resistiendo, reinventándose, lanzando campañas de apadrinamiento de butacas, convirtiéndose en uno de los epicentros del OFF madrileño. El Lara que tantos años sufrió la fortuna del barrio, ahora bendice la bonanza de modernismo que vive.

Son las 10.45, y mientras una manada de espectadores sale de ver “Burundanga”, otra se agolpa para entrar a ver “Los miércoles no existen”. El Lara sigue la mejor tradición teatral de programar varios espectáculos en un día. Se suceden obras infantiles, espectáculos cómicos y una “dramedia romántica”, como viene a calificarse la obra de Peris Romano.

Lleno rotundo de gente joven entre los veinte y los taitantos años. Con ganas de pasarlo bien, participar y divertirse. Primer aviso. NO apaguéis los móviles. Silenciadlos, pero haced el favor de sacar fotos y compartidlas a través de Instagram, Twitter o Facebook. NO os cortéis, y si os apetece cantar las canciones que se interpretan (en directo) durante la función, hacedlo. Ante todo, “buen rollismo”. Con esta salsa es con la que se ha cocinado un éxito que  lleva tres años en cartelera y varios elencos actorales de rostros televisivos. El próximo salto es el cine. No se puede pedir más.

Los miércoles no existen” es una comedieta simpática, dividida en pequeños retratos temporales que siguen la fórmula televisiva de éxito que inauguró “Sensación de vivir” (serie a la que por cierto se cita, por algo será…). Se trata de aplicar la función matemática de las permutaciones, es decir, la variación del orden o de la disposición de los elementos de un conjunto. Todos los protagonistas (heteros) de la obra acaban relacionados sentimentalmente entre sí, dando lugar a distintos líos románticos.

El planteamiento no es original, pero el resultado es efectivo. Los actores y los diálogos urbanos consiguen enganchar al público. Ellas son muy monas y ellos muy graciosos. Lo dicho, básico pero resultón. Éste es el teatro comercial de hoy día, el equivalente a algunas comedietas de Jardiel Poncela, y es un gustazo ver que un teatro de 1879 se llene con gente joven y que tenga hasta “sesión golfa”. ¡Viva el Teatro Lara!.

La clá

www.lacla.es

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Los miércoles no existen. Teatro Lara.

www.teatrolara.com

Cartel con los elencos mezclados. Cortesía del Teatro Lara.

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