Invernadero. Teatro La Abadía, Madrid.

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En 1958 Harold Pinter escribía su segunda pieza teatral, Invernadero (The Hothouse, 1958). Su biógrafo, el crítico teatral del periódico The Guardian, Michael Billington, cuenta que la obra fue rescatada por el propio autor en 1980.

Invernadero es una pieza compuesta a base de distintas escenas, con rasgos casi de sketches. Algunas son terriblemente cómicas y otras son espeluznantemente violentas y críticas. La mezcla produce una comedia negra con un trasfondo de crítica social.

Invernadero se desarrolla en un sanatorio regido por un antiguo coronel, Roote, personaje interpretado por Gonzalo de Castro, que tiene como secretario a Gibbs (Tristán Ulloa). Por la casa de locos deambulan también una ninfómana, la señorita Cutts (Isabelle Stoffel), un cínico asistente, Lamb (Carlos Martos), un operario de mantenimiento (Javivi Gil Valle) y un loco (Jorge Usón). En la última escena aparece Loob (Ricardo Moya), responsable administrativo de los centros.

untitledLos sanatorios psiquiátricos han sido un lugar recurrente para la crítica social en el teatro. Peter Weiss escribió en 1963 Marat / Sade. En 2012 se montaba una versión teatral del original cinematográfico, Elling en el Teatro Galileo, con unos formidables Carmelo Gómez y Javier Gutiérrez.

El tema es habitual. El contraste entre lucidez y locura se presta a ello. Todos reconocemos en nosotros mismos rasgos (ocasionales) de irracionalidad, así que no es fácil establecer, en términos generales, la línea roja entre cordura y desvarío.

En Invernadero Pinter cuestiona la rectitud de los que tienen a cargo la salud mental de una serie de reclusos. El director es un ser mediocre y soberbio que está liado con una ninfómana de libro, la señorita Cutts. Gibbs es cruel y maquiavélico, mientras que Lamb es un ser cínico sin empatía. Ni siquiera el operario de mantenimiento se libra, mostrando una sumisión casi enfermiza.

Realmente la psiquiatría es la ciencia médica que más interrogantes plantea. ¿Son los métodos actuales efectivos? ¿puede la química curar o es un mero paliativo?… La película El Exorcista (1973) plantea, en su primera parte, una crítica feroz a los tratamientos médicos. No hay que ir muchos años atrás para descubrir los feroces tratamientos que se desarrollaban en las primeras clínicas. En una serie que recomiendo especialmente, The Knick, una mujer que ha sufrido un terrible shock emocional es internada y mutilada para curar lo que probablemente sea un simple proceso de duelo emocional.

En 2002 El país semanal publicaba una entrevista realizada por Arcadi Espada al psiquiatra Carlos Castilla del Pino (de la que sólo encuentro esta referencia), en la que el médico psiquiatra, especialista en el tratamiento de las enfermedades mentales, hablaba sin tapujos sobre algunos dolorosos sucesos familiares. El artículo tuvo un enorme impacto, en parte porque quien había desarrollado una inminente carrera profesional en el ámbito de la psiquiatría no había sido capaz de manejar el desarrollo emocional de su propia familia.

Bajo esta misma óptica, Pinter realiza una crítica hacia la sociedad, con uno de sus temas claves: el triunfo del individualismo. Todos los personajes de Invernadero han sido caricaturizados por su autor, pero en esencia son puramente egoístas.

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La mítica mesa de oficina española de AF Sistemas.

El director Mario Gas ha optado por dar a su producción una estética setentera. La escenografía de Juan Sanz y Miguel Ángel Coso incluye una de las míticas mesas metalizadas de oficina de los años cincuenta, fabricadas por la empresa española AF Sistemas. Los protagonistas llevan un vestuario acorde con sus personalidades, triste y en tonos marrón verdoso (a excepción de la sensual señorita Cutts).

El montaje es divertido, con algún altibajo. Creo que parte del motivo es la brusquedad de tono que estableció el propio Pinter. Se pasa pronto del esperpento a la violencia. La mejor escena, sin duda, es aquélla en la que se emborrachan los empleados del geriátrico. Los actores alcanzan hacia esa mitad de la obra el tono de sus personajes. Con una notable excepción, la de Tristán Ulloa, que tiene bien agarrado al personaje desde la primera escena, con una sonrisa de Mona Lisa que avanza el terror que luego explosionará.

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¿Sanatorio Sunnyvale?… (fotograma de Arsénico por compasión, de Frank Capra)

Por cierto, en los momentos más cómicos y disparatados del psiquiátrico, recordé otra casa de curas igualmente esperpéntica: el psiquiátrico al que Cary Grant desea llevar a toda costa a su querida familia en la genial película de Capra “Arsénico por compasión”, sobre una pieza teatral de los años treinta. Inolvidable Edward Horton como director del Sanatorio Sunnyvale.

El tema de la locura / cordura da, sin duda, para mucho teatro.

La clá

www.lacla.es

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Invernadero, Teatro Abadía.

http://www.teatroabadia.com/temporada/ficha.php?id_obra=435

Imágenes de Invernadero, cortesía del Teatro Abadía (fotógrafo: Ros Ribas) y la Agencia EFE.

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