El grito en el cielo. Compañía La Zaranda. Teatro Español, Madrid.

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Whatsaps, iphones, internet, tweets… frente a pastillas para tensión, inyecciones, pruebas de saturación en sangre y analíticas. Parecen realidades que no pertenecen a un mismo espacio y tiempo.

En el año 1925, Ortega y Gasset ya vaticinó un cambio en la mentalidad moderna. Europa entraba en una era de “puerilidad” en la que primaría el culto al cuerpo y a la juventud. Casi un siglo después seguimos instalados en la adoración a lo joven. Manda el trending topic, el reality de turno y la última versión de Smartphone. La sociedad actual vive a un ritmo arrollador en el que el paso del tiempo no se mide en años o generaciones, sino en el cambio de una versión 2.0 a una 3.0.

Las personas mayores y los enfermos se ven arrinconados de una vida pública y social que pivota en torno a las grandes ciudades. En paralelo, y con el progresivo envejecimiento de la población, es natural que prosperen los negocios en torno al declive humano.

En “El grito en el cielo” la última producción de la mítica compañía andaluza “La Zaranda”, se cuestiona la labor empresarial de este tipo de centros de asistencia. ¿Son de verdad negocios carroñeros?… No lo creo. Al menos no más que bancos, aseguradoras o empresas de servicios. Alguien debe cuidar de nosotros cuando lleguemos a la vejez y comencemos a requerir apoyo asistencial y médico.

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La Zaranda ha hecho una obra de pelaje duro. Mostrando al público (es decir, a la sociedad), aquéllo que ésta trata de esconder. La vejez, en su declive máximo y previo a la muerte, es protagonista de la obra “Un grito en el cielo”. Cuatro internos, aquejados de demencia senil y graves problemas degenerativos, viven internos en un centro residencial donde se suceden las analíticas, los ejercicios memorísticos y los de psicomotricidad. En un destello de lucidez, o justamente de lo contrario, de absoluta locura, los internos deciden emprender la huida hacia un final mejor.

La terrible verdad es que no hay camino bueno. Los enfermos no pueden valerse por sí, y sin embargo nada digno queda en el día a día que viven. La Zaranda trata así temas incómodos, como el suicidio y la eutanasia.

Esta cárcel médica que La Zaranda construye está acompañada de una sólida escenografía. La función comienza con la imagen de cuatro jaulas con ruedas con toallas y sábanas hospitalarias. Estos contenedores de lavandería tienen una función casi escultórica. Poseen tanta carga simbólica, que recuerdan a algunas de las esculturas de la artista Susana Solano.

Otros objetos, como las toallas blancas, tienen un fuerte impacto visual, reforzando el drama de la narración.

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“El puente”, escultura de Susana Solano. MACBA.

 

Sobre dos pilares sólidos levanta La Zaranda este difícil ejercicio escénico. El primero, sobre una escenografía muy visual, que muestra un profundo conocimiento de la escultura y la fotografía. Y el segundo, a través de un prodigioso despliegue de interpretación gestual, reforzado por los claro oscuros de la imponente iluminación.

La narración, que arranca creando una inicial sensación de incomodidad y rechazo (y que es a ratos desigual), acaba repuntando en las escenas de terapia ocupacional y durante la demente huida. Un ligero tono de humor, con la poderosa escenografía e iluminación, resaltan un trabajo de interpretación desgarrador, perfecto.

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http://www.lacla.es

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El grito en el cielo. La Zaranda. Teatro Español.

http://elgritoenelcielolazaranda.blogspot.com.es/

Teatro Español

http://teatroespanol.es/

Susana Solano

http://susanasolano.net/

Imágenes:

De la obra, cortesía del Teatro Español.

Escultura “El puente” de Susana Solano (1986), colección MACBA.

 

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