How to write about theatre. A manual for critics, students and bloggers. Mark Fisher. Ediciones Bloomsbury.

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No es pura coincidencia que dos reputados críticos teatrales, Marcos Ordóñez, del periódico El País en España, y Mark Fisher, crítico habitual de varias publicaciones británicas (The Guardian, entre otras), coincidan en algunos de los veredictos sobre la profesión de crítico teatral.

Para Ordóñez el crítico cumple una función pública, contribuyendo a formar el gusto teatral. Para Fisher, el crítico es un elemento más del entramado teatral, un traductor que logra a través de su visión transformar la vivencia teatral en lenguaje escrito. Los dos han escrito dos libros diferentes sobre sus vivencias profesionales. En “Telón de fondo” (El Aleph Editores, 2011), Marcos Ordóñez hace un repaso de su trayectoria vital, condicionada por su profesión como crítico (ver crónica de La clá en este enlace). Mark Fisher opta, en “How to write about theatre” (Ediciones Bloomsbury, 2015), por un manual de escritura de enfoque más didáctico y en el que, por supuesto, se entremezclan vivencias personales.

Curiosamente hay un mensaje clave que los dos expresan. La obligación moral y profesional de no caer en la crítica fácil y destructiva. En su libro “How to write about theatre”, Fisher defiende que detrás de unas palabras publicadas en una edición digital no debe esconderse la mano que tira la piedra. Se debe tener el valor de expresar aquello mismo que se diría delante de la compañía artística. Ésto no significa, ni mucho menos, que el crítico deba auto-censurarse, pero sí optar por un enfoque constructivo. Normalmente las producciones de teatro no se mueven entre lo radicalmente espectacular ni lo terriblemente malo, lo que facilita la posibilidad de medir el tono de la crítica, sostiene el crítico escocés.

El libro de Fisher es un manual sobre escritura teatral que contiene consejos literarios y ensayísticos. Sus enseñanzas pueden aplicarse a cualquier tipo de crónica, especialmente cultural. Fisher termina cada uno de los capítulos con una propuesta de ejercicio literario. Por ejemplo, ¿debe el crítico teatral escribir en primera persona o en tercera?, ¿debe ceñirse a comentar la interpretación o debe incluir opiniones sobre el atrezzo o la iluminación?… Como propuesta, Fisher propone a los que se inician en la crítica a escribir sucesivas crónicas con enfoques variados.

Al mismo tiempo, este manual hace un recorrido por la historia de la crítica teatral, desde los griegos, pasando por Bernard Shaw o George Orwell, y llegando hasta nuestros días con los artículos de Michael Billington o Lyn Gardner. Aunque quizás lo más interesante es que este manual tiene la generosidad de dedicar parte de sus páginas al trabajo de blogueros teatrales. En particular, Mark Fisher cita varios blogs de enfoque diferente y centrados, obviamente, en el teatro británico de actualidad.

En Madrid el fenómeno de los blogueros teatrales también está en alza. Hay revistas digitales profesionales, blogs de los propios teatros y también (como es el caso de La clá) aficionados teatrales con ganas de contar lo que viven en la butaca de patio.

Volviendo al libro de Mark Fisher, hay una parte importante dedicada a la posición que debe adoptar el crítico. Son muchas las visiones posibles: desde mero reportero, a técnico especialista, pasando por cronista social.

Lo que defiende Fisher es encontrar una voz personal que sea respetuosa con el hecho teatral y que cuide la herramienta principal del crítico: el lenguaje y la escritura. Si los actores demuestran sus habilidades en la ejecución escénica, el crítico debe probar su comprensión de una puesta en escena con una cuidada narración y la correcta expresión de sus ideas. Sobre si tomar notas durante el espectáculo o sobre si escribir en primera persona, son éstas ya preferencias de cada uno (cada maestrillo tiene su librillo…).

Entre las reflexiones de “How to write about theatre”, hay dos especialmente reveladoras.

La primera es que el teatro es un hecho fluido, es decir, en movimiento. No sólo porque cada representación será siempre diferente a la misma producción del día anterior, sino porque el teatro está en directa relación con el contexto social en el que se representa. Eso hace que Shakespeare adquiera, en el siglo XXI, una nueva dimensión que no tendría en época isabelina. Por ejemplo, un “Julius Caesar” podría ser perfectamente montado bajo el prisma de las recientes elecciones generales. Bajo este enfoque, el crítico teatral debe formarse y curtirse en su formación política, histórica y artística. Ser un hombre de su tiempo. Esta cualidad es precisamente la que distingue a los mejores críticos teatrales: ellos son capaces de contextualizar una obra y referenciarla con todo tipo de manifestaciones. Fisher previene, no obstante, sobre la pedantería, que hay que eludir.

La segunda reflexión es que el crítico debe ser un profesional curtido en batallas. Hace falta ver mucho teatro para mejorar la apreciación. De la misma forma que muchos intérpretes mejoran a lo largo del tiempo, el crítico debe afinar sus dotes de análisis yendo frecuentemente al teatro. Además el crítico debe trabajar investigando el trabajo previo de una compañía o un dramaturgo, leyendo el texto teatral cuando se trata de un clásico, y conociendo las motivaciones políticas, artísticas o de cualquier tipo que subyacen en el montaje.

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Una escena de “El crítico” de Juan Mayorga. En la imagen Pere Ponce y Juanjo Puigcorbé

 

Uno de los mejores dramaturgos de nuestro país, Juan Mayorga, dedicó precisamente una pieza teatral al trabajo de un veterano crítico teatral. En la obra “El crítico”, un afamado dramaturgo Scarpa, visita a un crítico teatral, Volodia, tras la noche de su último estreno. Volodia se defiende como crítico diciendo “Mi poder se reduce a dar una opinión acerca de lo que veo”. Esa afirmación es, por supuesto, simplista. Tomando las opiniones de Fisher, el crítico teatral no sólo da su opinión, sino que ofrece un análisis que fundamenta esa opinión. Son los argumentos que hay detrás de ese análisis lo que verdaderamente interesa al lector cuando acude a leer una crónica teatral.

Termino con la particular interpretación de Fisher sobre la teoría del dramaturgo Alessandro Manzoni (1785-1873) respecto al análisis crítico y estético de una obra de arte. El escritor italiano afirmó que toda obra de arte contiene en sí misma los elementos que permiten juzgarla. Parafraseando esta teoría, Mark Fisher invita a todo crítico a que dé respuesta a estas tres preguntas cuando analice un montaje: ¿cuál es el fin que buscan los creadores teatrales en esta producción?; ¿cómo de bien lo han logrado?, y ¿ha valido la pena?.

Bajo estas tres premisas debe el crítico teatral enfocar su visión de un montaje, defiende Fisher.

How to write about theatre” es un libro de enseñanzas con un lenguaje sencillo y directo que lo hace muy divertido de leer. Es un manual que contiene buenos consejos de escritura y enfoque. Además, tiene la virtud de ser uno de esos libros que abren horizontes y que te llevan a investigar nuevos libros y blogs.

La clá

http://www.lacla.es

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How to write about theatre. Mark Fisher. Bloomsbury, 2015.

http://www.bloomsbury.com/uk/how-to-write-about-theatre-9781472520548/

Disponible en Amazon y bajo pedido en librerías habituales.

Imagen de portada por cortesía de Bloomsbury Edic.

 

 

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