Huis clos (A puerta cerrada). Sala Atrium, Barcelona.

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En 1954 el filósofo francés Jean Paul Sartre escribía una de sus piezas teatrales más emblemáticas, “Huis clos”, traducida en inglés como “No exit” y en español, de forma literal, “A puerta cerrada”. En esta obra el autor condensaba parte de su pensamiento existencialista, ateo y nihilista que ya había puesto de manifiesto en tratados puramente filosóficos, como en “El ser y la nada”, publicado en 1943.

La gran aportación de Sartre en su vertiente de dramaturgo, fue su capacidad de traducir los complejos postulados filosóficos a un lenguaje escénico pensado para ser representado para el público, es decir, para una masa informe de muchedumbre no acostumbrada a leer complejos ensayos teóricos.

Huis clos” es una obra teatral devastadora y que, sin embargo, cuenta con una simplicidad absoluta de elementos. En ella el lenguaje teatral despliega todo su potencial. Tres personajes perfectamente dibujados se encuentran en un espacio anacrónico y encerrado en el que, a través de puro enfrentamiento dialéctico, irán socavando el pasado de cada uno. En ese ejercicio doloroso irán proyectando sus miserias hacia el otro, pero no de manera soterrada, sino como puros misiles lanzados a la yugular.

La influencia de esta obra fue absoluta. Un año más tarde Samuel Beckett escribía “Esperando a Godot” obra que comparte muchos de los postulados de Sartre. Diría que hasta la reciente serie de televisión francesa sobre zombis con alma, “Les revenants”, tiene algo del infierno terrenal que postula Sartre en “A puerta cerrada”.

La sala barcelonesa Atrium ha querido conmemorar su quinto aniversario con el montaje que inauguró este escenario teatral. La dirección en esta ocasión corresponde a Jordi Prat i Coll, y sus intérpretes son Patricia Mendoza (Inés), Xavier Ripoll (Garcin), Mireia Trias (Estelle) y la cantante y actriz Kathy Sey en el papel de criado.

Desde la entrada en sala, los elementos escénicos aparecen perfectamente milimetrados para proyectar los grandes dogmas de Sartre. Escenario y butacas aparecen iluminados en rojo: estamos en un infierno que se centrará en la escena principal en cuanto empiece la función, pero del que también forma parte el espectador.

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Los objetos de decorado que colocó Sartre en escena son replicados en esta producción: el salón estilo imperio, la puerta, el bronce, el diván y el abre cartas. Los tonos elegidos por el escenógrafo Ricard Prat i Coll dan una apariencia rojiza, casi sanguinolenta, al escenario. Y hay, al mismo tiempo, pequeñas variaciones, sutiles, que dan a la puesta en escena una toma de postura que quizás sea lo más interesante de la representación.

El acceso a esta sala del infierno, en la que convivirán, hasta la eternidad, Inés, Garcin y Estelle, se produce a través de un ascensor que se abre en forma de puerta. El criado, interpretado por Kathy Sey, adquiere mayor presencia. Es una mujer y además negra lo que, según el cliché, la convierte inmediatamente en un ser diabólico.

El toque propio del director Ricard Prat en este “Huis clos” es la elevación del tono perverso y diabólico de la trama. Durante los dos primeros tercios de la representación, la obra se mueve dentro de una correctísima literalidad. Los tres personajes principales van mostrándose poco a poco. Xavier Ripoll construye a un Garcin que condensa una violencia interna más que aparente. Mireia Trias es coqueta, manipuladora y superficial, como marca el personaje de Estelle. Patricia Mendoza despliega arsenal con Inés, la mediocre trabajadora de correos. En su interpretación de Inés, la actriz Patricia Mendoza consigue trasladar la amargura del personaje y expresar en su rostro la creciente adoración que va desarrollando hacia Estelle. Inés viene a ser como el personaje del ama de llaves de la película “Rebecca”.

El giro de tono que se imprime en esta producción ocurre en el último cuarto. Prat decide escenificar las escenas de mayor violencia dialéctica y sexual sin tapujos. Si los personajes habían estado socialmente contenidos en la primera parte, Prat opta por desnudarlos física y emocionalmente. El escenario, perfectamente en orden al principio, acabará como una habitación de “Gran Hermano”.

Para moderar el elevado tono de ataque verbal que Sartre dio al final de su obra, Prat recurre a la música. El criado, Kathy Sey, interpretará la tonadilla original y alguna otra canción con su bonita voz.

A diferencia de Pinter o de Beckett, la obra de Sartre suele llevarse poco a escena hoy en día. La producción de “Huis clos” de la Sala Atrium es muy respetuosa con los elementos clásicos del infierno de los otros que dibujó Sartre, pero hacia final de la representación se vuelve osada y marcadamente violenta. Esta mezcla de tradición y valentía, una trabajada escenografía y, por supuesto, la alta calidad interpretativa del equipo artístico hacen de esta producción de “Huis clos” un perfecto homenaje a la obra original de Sartre y, de paso, una excelente celebración de cumpleaños de la Sala Atrium.

La clá

http://www.lacla.es

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Sala Atrium, Barcelona.

http://www.atrium.cat/cat/

Imágenes por cortesía de la Sala Atrium.

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