Incendios. Teatro de la Abadía, Madrid.

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Recuerdo haber visto “Incendies” en la sala principal del Teatro Español, en producción de su autor Wajdi Mouawad y en su idioma original, francés. Era el año 2008 y Mario Gas ejercía de director en el Teatro Español, así que la calidad estaba garantizada. La experiencia fue impactante. Con técnica de flashback y usando las vivencias de Nawal Marwan, la historia se adentra en la guerra civil que se vivió en el Líbano desde finales de los setenta y en los horrores, casi indecibles, que cualquier conflicto armado trae.

La narración de Mouawad trascendía lo teatral, acercándose al género novelístico en la estructura de la trama, y al cinematográfico en los saltos temporales de ida y vuelta, al pasado de la guerra y al presente de los hijos que inician una búsqueda de fantasmas en el pasado familiar.

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Visualmente la obra tenía una apariencia de friso, en el que poco a poco se iba revelando la historia de Nawal, avanzando en el tiempo y retrocediendo al mismo tiempo. La fuerza de sus protagonistas, mujeres, en un contexto de destrucción bélica acercaba la narración a historias como Persépolis, la novela gráfica de Marjane Sartrapi, con protagonista mujer y ambientada en la revolución islámica en Irán.

Incendies es un cruce de caminos entre una historia familiar y la historia de un país, entre un género dramático entroncado con la cultura árabe, y los grandes temas de la dramaturgia, como son la familia, el pasado o el peregrinaje interior. Esta combinación entre la necesidad de mostrar un pasado vigente, con la turbulencia de las migraciones y las guerras, y el hecho de hacerlo a través de una historia personalísima, la de Nawal Marwan, provocó la conexión inmediata con el público. La historia lejana, se convierte en algo tangible y cercano, y a través de la voz de Marwan se denuncian muchas guerras, incluida la de Siria.

La producción de 2008 montada por la compañía del propio dramaturgo, la canadiense Abé Carré Cé Carré, ahondaba en dos factores determinantes. El primero, la puesta en escena de la narración, que intercalaba los saltos al pasado con la presentación de dos realidades temporales en un mismo plano. El juego producía un efecto de comunicación constante entre pasado y presente. El otro elemento crucial fue el tamiz y la cadencia árabe de la narración. El texto de Wajdi Mouawad, aún en francés, recoge la espiritualidad de los textos árabes, y el montaje de 2008 era absolutamente fiel a estas raíces.

Lamento no haber encontrado la fuerza de los personajes de Nawal Marwan ni la espiritualidad del texto en la producción de Mario Gas para el Teatro de La Abadía. Creo que el montaje no recoge la esencia del relato, que está entroncado con el sufrimiento y la perseverancia, ni encumbra la poesía de los alegatos de su protagonista. No es resultado de un actor desentonado, o de un pasaje mal resuelto, sino del conjunto de la puesta en escena (a la que tampoco acompaña música ni escenografía). Y me temo que la sola presencia de Nuria Espert no vale para salvar todo el espectáculo. Simplemente, la producción no esté a la altura de la fuerza del texto de Wajdi Mouawad.

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Hay, sin embargo, dos encomiables excepciones. Se trata del emocionante trabajo interpretativo de Ramón Barea en el personaje de notario Hermile Lebel. Con su aire atropellado, Barea impregna de humanidad el relato ensoñador sobre una mujer a la que el notario conoció en su última etapa. La emoción también se encuentra cuando aparece Lucía Barrado, en ese retorno al pasado de un Líbano en guerra. La vitalidad y la fuerza contenida, bien mesurada, que da al personaje, le hacen resaltar cuando aparece.

Desde luego, la historia merece ser puesta en escena y es encomiable que el Teatro La Abadía haya apostado por una producción que cuenta con un equipo artístico de primer nivel. La falta de sintonía personal con este montaje no se ve acompañada por las alabanzas de otras críticas y por la emoción del público al finalizar la obra. Lo atribuyo a la comparación con el sobrecogedor montaje de 2008 y a algo añadido que es la esencia de toda crítica, la percepción puramente personal.

La clá

http://www.lacla.es

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Incendios. Teatro La Abadía.

http://www.teatroabadia.com

Imágenes de la producción por cortesía del Teatro de La Abadía.

Portada de Persépolis, editado en España por Norma Editorial.

http://www.normaeditorial.com

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