150 Aniversario María Guerrero. Centro Dramático Nacional.

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Retrato de María Guerrero (1933). Daniel Vázquez Díaz. Cortesía del Museo Nacional de Teatro, Almagro (colección Ministerio de Cultura)

 

El Centro Dramático Nacional ha conmemorado, a lo largo de este mes de abril, el 150 aniversario de la actriz y empresaria teatral, Doña María Guerrero, coincidiendo con los 150 años transcurridos desde su nacimiento.

Entre las actividades dedicadas a esta artista, el CDN ha publicado un cuaderno didáctico que se distribuye en funciones teatrales y en eventos relacionados con el aniversario. El cuaderno está disponible también en versión digital y puede descargarse en este enlace.

Entre las muchas actividades, una de las más interesantes fue la conferencia que tuvo lugar en el Museo del Prado, conducida por Andres Peláez, estudioso y ex Director (¡durante más de 20 años!) del Museo de Teatro de Almagro, y Carmen Menéndez, investigadora del CSIC.

La conferencia, bajo el título “María Guerrero. Semblanza y época de una actriz”, se dividió en dos actos. El primero, a cargo de Andrés Peláez, se dedicó a rememorar el contexto teatral en el que desarrolló su carrera María Guerrero, narrando cómo era el público y la sociedad de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX en Madrid.

Precisamente en el Madrid de aquellas décadas, el teatro se convirtió en el barómetro de la vida cultural. En torno a los grandes y lúgubres teatros (Español, La Comedia o el Teatro Princesa) surgieron vivas tertulias culturales que vinieron a llamarse “parnasillos”. El parnasillo solía ser el bar contiguo al teatro, y allí se formaron círculos de artistas (poetas, pintores y toreros) que formaron el hervidero cultural de la urbe.

Entre los teatros, destacaron algunos. El Teatro Español, que siempre fue un recinto magnífico, frente a otros de tamaño más reducido, pero no exentos de popularidad. Es el caso del Teatro de la Comedia, que fue construido originariamente sin camerinos, porque el arquitecto entendió que los actores venían vestidos de casa. Esta anécdota, explicó Peláez, no debe parecernos muy lejana, pues no hace muchos años, en una reunión ministerial, hubo un funcionario que cuestionó la partida presupuestaria dedicada a peluqueros, preguntándose si los actores de teatro no sabrían peinarse.

El Teatro Victoria también fue muy popular y estrenó un slogan muy visual “El teatro desde el que usted puede ver el cielo de Madrid”. Y es que en el intermedio, el techo se abría y era posible fumar en las butacas mirando efectivamente al cielo de Madrid. El Teatro Real, por su parte, no fue un teatro especialmente populoso. El público prefería el género chico, que podía verse en el Teatro Apolo o el Teatro de la Zarzuela.

Muy concurridos fueron los teatros de verano, hoy desaparecidos, que estuvieron edificados en los barracones del parque del Retiro, entre ellos el Teatro Felipe.

El gusto del público teatral decimonónico era hegemónico. En una época en que no existían subvenciones, la cartelera teatral se forjaba en base a los éxitos de concurrencia. El público de la época prefería sainetes y agradecía una escenografía rica que vistiese las escenas. Por los aledaños de la Gran Vía era posible ver pasear a “actrices-anuncio” vestidas ricamente y que mostraban parte de la indumentaria que podría verse sobre las tablas.

Fueron muy aclamados los pintores de telones teatrales y escenarios, entre ellos Amalio Fernández, hasta el punto que eran mencionados en programas de mano. Se destacaba por ejemplo, con frases como “se estrenarán decoraciones nuevas”. Hasta la llegada de la luz eléctrica, los telones se lavaban y volvían a pintar para ahorrar costes. Con la llegada de la electricidad (el primero en tenerla fue el Teatro Lara), se abandonó esta técnica, pues la luz eléctrica (a diferencia de las candilejas) provocaba que los telones pintados se transparentasen. A partir de su uso extendido, se produjo un cambio en la forma en que se venía construyendo la escenografía.

En cuanto a la interpretación, en Madrid imperaban dos escuelas actorales. La primera, la liderada por Isidoro Maiquez, que trajo a Shakespeare y que estrenó en el Teatro de los Caños del Peral (hoy desaparecido). Su gran musa fue una actriz de vida trastornada, Rita Luna, que inició su trayectoria teatral por hambre. Llegó a ser una gran actriz comedianta y, teniendo en cuenta que Goya la retrató, seguramente adquirió cierta importancia social. La actriz se retiró pronto para convertirse en “aposentadora” (es decir, acomodadora), que solía ser el retiro habitual de las intérpretes, junto con el espiritual en conventos franciscanos.

La segunda escuela, más apegada al naturalismo y la elegancia, fue la formada por Julián Romea y Matilde Díaz, de la que fue heredera María Guerrero.

Los elencos teatrales de la época fueron muy monolíticos. Una compañía se dividía en primer actor, primera actriz, primer galán, etc., así hasta llegar al personaje del “barbas” que solía ser un individuo de carácter pintoresco. El teatro en España se veía muy alejado del que entonces se producía en el resto de Europa, y a Madrid le costó acercarse a la cartelera europea.

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Imagen del féretro de María Guerrero, saliendo del teatro del que fue propietaria, gestora y primera actriz. Imagen del Centro de Documentación Teatral.

 

La segunda parte de la conferencia estuvo dedicada a María Guerrero, actriz que debió su profesión a una vocación principalmente artística, pues había crecido en un entorno burgués y acomodado. La actriz dedicó toda su vida al trabajo por el teatro y no se le conoció escándalo. De ella son muy conocidos los retratos realizados por pintores como Emilio Sala, Raimundo de Madrazo o Joaquín Sorolla. María Guerrero fue actriz y empresaria teatral, musa de dramaturgos (aunque denostada por Valle Inclán). Su biografía puede leerse en el muy recomendable cuaderno pedagógico del CDN, disponible aquí.

La clá

www.lacla.es

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150 aniversario de María Guerrero.

http://cdn.mcu.es/espectaculo/150-aniversario-maria-guerrero/

Miércoles 19 de abril. María Guerrero. Semblanza y época de una actriz Diálogo con Carmen Menéndez y Andrés Peláez Museo del Prado

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