El Oro del Rin. Teatro Real, Madrid.

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El Teatro Real ha inaugurado en esta temporada teatral el montaje de la primera de las piezas que componen la tetralogía épica de Richard Wagner (1813-1883), El anillo del Nibelungo. El preludio conforma un prólogo explicativo de la saga que luego evolucionará en las tres tragedias (La Valquiria, Siegfried y El ocaso de los dioses) compuestas por Wagner, y que serán programadas en próximas temporadas del Teatro Real. La primera, El oro del Rin, funciona como sátira teatral, siguiendo los cánones de los dramas griegos, que se componían de tres tragedias y una sátira. El libreto fue concebido después de las otras tres óperas, pero su partitura fue la primera, y en ella el compositor presenta algunos de los motivos conductores que se desarrollarán en su epopeya a cuatro actos.

La tetralogía presenta la dificultad de su montaje continuo y normalmente se fragmenta a lo largo de temporadas. En esta ocasión el Teatro Real ha encomendado al director principal invitado, Pablo Heras-Casado, la dirección musical del corpus, convirtiéndose en evento casi obligado para los amantes de la más icónica producción wagneriana. Wagner compuso casi un total de dieciséis horas de música, escribió el libreto (inspirado en mitología germánica y relatos medievales), e incluso supervisó la construcción del teatro Bayreuth, en Baviera, donde se celebra en la actualidad el Festival de Bayreuth, dedicado a Wagner.

La dirección de escena de la producción del Real correspondió a Robert Carsen, y la escenografía a Patrick Kinmonth, que optaron por un montaje alegórico, en el que el río Rin se configura como una naturaleza devastada y donde la codicia del hombre frente a las riquezas (véase, el oro), ha convertido el mundo en tierra yerma.

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Samuel Youn como Alberich convenció por su capacidad vocal y su enrevesada interpretación del enano codicioso

La interpretación lírica no resuena mal con el libreto de Wagner, ni con los tiempos que corren, lo que no funciona, en absoluto, es la propuesta escénica imaginada por Kinmonth. El arranque de la obra, con la maravillosa obertura en un mi bemol grave, evocador de las aguas del Rin y de ese despertar de la tetralogía, viene acompañado de una sucesión de figurines corriendo circularmente in crescendo, como en los primeros fotogramas del cine. Es quizás la escena visual más lograda de toda la obra. El resto se presenta en colores átonos y oscuros, con un escenario prácticamente vacío, luego combinado con una estética de uniformes militares y de fábrica que no casan entre sí. El mayor error, probablemente, sea el del uso de un bastón de golf como martillo. La visión escénica se percibe como un déjà vu recurrente y agotado. No es precisamente la ópera el lugar al que llevar los postulados del escenario vacío, y menos aún con Richard Wagner, el músico más encumbrado, precisamente, por la versatilidad de una música que permite generar imágenes épicas. Piensen en la sincronización, ese ajuste entre sonido e imagen, al que la música wagneriana siempre se ha prestado. Hay ejemplos notorios, como el de Kubrick y su odisea en el espacio, el de la leyenda artúrica de Excalibur dirigida por John Boorman, o el de la atronadora cabalgata de helicópteros de Apocalipsis Now, de Coppola. Todas estas películas no pueden imaginarse sin las poderosas imágenes elevadas por la música wagneriana. De ahí que el ascetismo oscuro de Kinmonth, en la producción del Real, deje el escenario como un páramo desangelado.

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Pablo Heras – Casado dirigió con pasión este ópera, que destacó más por su calidad vocal y musical, que por la escénica

A salvo de algunas grandes escenas, y del buen trabajo vocal de los intérpretes (destaca Samuel Youn en el papel de Alberich), la atención se dirige en muchos momentos hacia el foso, donde Pablo Heras-Casado desplegó una energía descomunal en la dirección musical del preludio de la tetralogía wagneriana.

La clá

http://www.lacla.es

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Das Rheingold. Teatro Real.

https://www.teatro-real.com/es/

Imágenes de Javier del Real, cortesía del Teatro Real.

Das Rheingol. Duración aproximada: 2 horas y 20 minutos, sin interrupción.

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