Moby Dick. Teatro La Latina, Madrid. En gira.

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Finalizado ya el viaje de Josep María Pou a bordo del Pequod en las tablas del Teatro La Latina, emprende la continuación de la gira por teatros del sur. La producción, a cargo de Andrés Lima, es uno de los éxitos de la temporada, diría incluso que ha alcanzado la categoría de blockbuster teatral. Pou sin duda acapara buena parte del mérito, pero lo comparte con una puesta en escena de esas que equilibran cuando el texto se hace más oscuro y denso.

La novela original de Herman Meville (1851) narra el viaje épicamente trágico de un capitán viejo, Ahab, en busca de un gran cachalote blanco, Moby Dick, en el ballenero Pequod. Entre la tripulación, Ismael y el arponero Quiqueg serán quienes acompañen a Ahab en un terrorífico viaje interior, símbolo de muchas cosas, y entre ellas, de la condición destructiva del ser humano. Meterse en la piel de Ahab es dejarse arrastrar por los demonios interiores, y por un remolino obsesivo en busca de una paz, que sólo es capaz de llegar con la venganza, en este caso con la muerte del escualo. Pou parece hecho para caracterizar al personaje. Su corpulencia y tamaño son un reflejo de la tozudez de Ahab, un ser torturado, obsesivo, desligado de la realidad, y destructor. Con su voz grave y la capacidad para transmitir de manera natural el dolor en la cara, Pou se transforma en un viejo e iracundo marinero de mar.

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El texto adaptado por Juan Cavestany logra un buen ritmo en la sucesión de algunos de los principales pasajes de la obra. Su mejor aliado será la sobresaliente escenografía de Beatriz San Juan, la iluminación de Valentín Álvarez y la video-creación de Miquel Àngel Raió. Y, por supuesto, la inteligente dirección de Andrés Lima.

Sin una puesta en escena tan magistral, el texto y el agrio carácter de Ahab podrían haber despertado cierto cansancio. Nada de eso. Son sólo tres los actores que aparecen en escena, y sin embargo la proyección de mar y de sombras multiplican la presencia de otros elementos y personajes. La ballena aparece también con un sentido estético majestuoso, a través de su estela o de translúcidas velas arriadas. El sonido y los efectos visuales acaban por producir en el espectador el síndrome del marinero en tierra, y casi se respira el olor a salitre.

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Pou con Óscar Kapoya, actor que arranca con fuerza este montaje.

A Pou le acompañen Jacob Torres y Óscar Kapoya, doblándose en distintos personajes, y aguantando los embistes de ira de Pou con fuerza. Óscar Kapoya arranca la función con un monólogo y una interpretación que parecen sacados de Shakespeare. Una interpretación así le ganaría muchos bolos en producciones contemporáneas de los clásicos en Londres, ojalá le depare los mismos éxitos, porque en Moby Dick, Óscar Kapoya brilla incluso a la sombra del enorme cetáceo que es Pou.

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En la producción de Moby Dick de Andrés Lima hay calidad por los cuatro costados, y hay también una interpretación épica a cargo de Josep María Pou, en la que erupciona la cólera, el miedo, la obsesión, la rabia, el egoísmo y todos los tránsitos emocionales que acarrea un personaje tan profundamente atormentado. No puedo evitar terminar esta crónica con una referencia a otra adaptación de Moby Dick, la realizada por el ilustrador Manuel Marsol en Ahab y la Ballena Blanca (Edelvives, 2014), y que inspiró otro montaje teatral. El álbum ilustrado de Marsol ofrece otra visión de Ahab, como la de un esteta descarriado que, en busca de un Dios, no es capaz de percatarse de que lo tiene siempre cerca.

Volviendo al Moby Dick de Andrés Lima, si lo pillan de gira no duden en ver este montaje teatral, de enorme calidad interpretativa y técnica, y que se ha convertido esta temporada en un merecido blockbuster.

La clá

http://www.lacla.es

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Moby Dick. Producciones Focus.

http://www.focus.es/

Josep Maria Pou

https://www.josemariapou.com/

Fotografías de David Ruano.

 

 

 

 

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