La Pira 3. Centro Dramático Nacional.

El Centro Dramático Nacional ha tenido una presencia escénica en redes desde el comienzo del confinamiento y durante todo el tiempo en que las puertas del Teatro María Guerrero y del Teatro Valle Inclán permanecen cerradas. Su propuesta digital ha sido de las más ricas, no limitándose a la emisión de obras grabadas, sino abriendo un aula de debate, con participación de los máximos creadores de nuestra escena, y con el encargo de piezas cortas a dramaturgos en activo. Este ciclo trino se ha llamado “La Pira”, cuya acepción, según la Real Academia Española, es la de una hoguera. Este efecto catártico, casi ritual, ofrece a sus autores regurgitar las vivencias de estos meses, con el miedo, la claustrofobia y la pérdida como banderas.

La Pira está disponible en la página web del Centro Dramático Nacional, pero para conservar el efecto de directo que caracteriza al teatro, se pudo ver en directo en streaming en fechas seleccionadas. Bajo tres títulos (la conmoción, la distancia y la incertidumbre), autores como Sanzol, Mir, Mayorga, Despeyroux… han creado piezas teatrales cortas, nacidas del letargo pandémico.

Los dramaturgos han tenido el peso del Rey Lear sobre los hombros, pieza icónica de Shakespeare que se dice salió de la mente del creador en una época en que la peste azotó a Europa. Entre las charlas con autores, una de las más honestas fue la intervención de Lucía Carballal durante un encuentro en directo en Instagram en las semanas de confinamiento estricto. Lucía compartió la dificultad de encontrar momentos de escritura creativa ante el desarrollo de acontecimientos. Esa sensación la compartimos muchos en lo que ha sido (y es) una montaña rusa de estados de ánimo. El encierro no tiene por qué traer obras maestras a nuestra dramaturgia, por eso el ejercicio del Centro Dramático Nacional ha tenido la virtud de no resultar grandilocuente.

Las piezas de La Pira se escriben a modo de pequeñas historias que testimonian estados de ánimo de sus creadores. Han servido de excusa y propósito para compartir, a través de la ficción, sus estados emocionales. El pequeño formato narrativo se adapta bien al streaming y sigue el ejemplo de dos películas estupendas, Night on Earth (1991) de Jim Jarmusch, con micro-historias de taxistas en distintas ciudades del mundo, o New York Stories (1989) de Martin Scorsese, Francis F. Coppola y Woody Allen.

La Pira ha sido por tanto un divertimento creativo, que tiene el valor de lo testimonial, en un período de parón escénico absoluto. De la escritura de los grandes dramaturgos que han contribuido a esta propuesta abierta al público, salen (como es habitual en ellos), poderosas imágenes que se crecen con los textos.

En El autor y la incertidumbre, Pablo Remón usa la neurosis pandémica en forma de chinches que azotan el hogar. En una imagen totalmente kafkiana, se reconoce estar confinado dentro del confinamiento. Y a las chinches ya no sabe uno si darles una imagen metafórica o real. Remón saca un tema mucho más profundo a propósito de la muerte y de esas despedidas que no han podido darse. En la ficción, dice su protagonista, alguien que muere tiene que decir algo potente, en la vida real no.

El texto de Remón rezuma humor, como esa tabla salvadora en el horror. La frase más sarcástica es la que dedica a su arte, a través de uno de los personajes: “el teatro ha sobrevivido 3000 años y tú crees que tú y yo lo vamos a ver desaparecer”.

En Ernesto y la incertidumbre la dramaturga Denise Despeyroux convierte el aislamiento en un ser extraterrestre que habla en infinitivos. De nuevo, otro toque de alienación kafkiana en forma de extraña mujer que aparece en un salón de casa con decoración setentera. Denise saca otro hallazgo del confinamiento. La necesidad del ser humano de otorgar inteligencia a un virus, que en realidad no la tiene. Mejor un enemigo con un plan expansionista, que no dejarnos caer en la negritud de la simple causalidad.

Lucía Carballal centra su pieza, La actriz y la incertidumbre, en la experiencia creativa de una intérprete, en la que impregna los miedos de esa “falta de ganas” colectiva que se traduce en inseguridad. La actriz no quiere actuar. Le dice a su director que se ve disfrazada en una tele en alta definición, mientras el espectador mira al mismo tiempo el móvil, y se imagina, en definitiva, hablando sola. La frase llega como proyectil al salón de casa, como las miradas de las mujeres del cine de Bergman, que interpelan al espectador. Carballal tiene también su momento Kafka, cuando se refiere al agujero “muy profundo” en el salón. “Estoy cavando un túnel para salir de aquí”, dice su personaje.

De La Pira #3 destaca el montaje de las tres historias realizado bajo dirección de Pablo Remón, que aparta los efectos audiovisuales para mantener la forma de actuar y de montar puramente teatral. Fuera artilugios pirotécnicos, un simple escenario circular y un grupo de actores con una forma de actuar honesta y cercana: Javier Ballesteros, Francesco Carril, Cecilia Freire, Manuela Paso.

La producción destaca por el buen hacer del equipo artístico, formado por Alessio Meloni (Escenografía), David Picazo (Iluminación), Álvaro Luna (Videoescena), Sandra Vicente (Espacio sonoro), Ana López Cobos (Vestuario), Sylvie Imbert (Caracterización) y Raquel Alarcón (Ayudante de dirección).

En septiembre los espectadores podrán recuperar la experiencia en vivo viendo los montajes teatrales de estas piezas fraguadas en la hoguera pandémica. Entretanto, pueden verlos en la web del CDN.

La clá

www.lacla.es

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Imágenes cortesía del Centro Dramático Nacional.

La Pira (#1, #2, #3) puede verse en https://cdn.mcu.es/