Atraco, Paliza y Muerte en Agbanäspach. Teatro María Guerrero.

Nao Albet y Marcel Borràs se han convertido en unos jóvenes hambrientos y deseados del teatro desde que montaran Mammón. Me la perdí, por partida doble, en los Teatros del Canal, pero pude recuperar su versión audiovisual para HBO en Escenario 0. Entendí su iconografía audiovisual, pero debo decir que, pese a una producción excelente, la versión de HBO perdía el contraste entre cine y escena que es parte de su predicamento artístico.

Vuelven ahora, esperadísimos, al Centro Dramático Nacional con “Atraco, paliza y muerte en Agbanäspach” que es un ejercicio parecido, pero con doble trenzado. El cine como inspiración está hasta en la elección del título. “Atraco, paliza y…” lleva esa sonoridad en el título que tanto atrae a los anglosajones. Suena, de entrada, parecido a “Miedo y asco en Las Vegas”. Sumen que la acción arranca como una película de Tarantino, con unos tipos subidos a unas mesas, pistolas en mano, atracando una oficina bancaria de aire setentero.

Y ya si les digo que la narración la llevan unos tipos que no son los protagonistas de la escena, pensarán sin duda en el guion de Sunset Boulevart (El crepúsculo de los Dioses, 1950) que realizaron, mano a mano, Billy Wilder y Charles Brackett. Recuerden que William Holden, el narrador, era un cadáver. Idea que luego tomaría prestada Scorsese para su película Casino (1995), con otro voice-over legendario.

A Albet y Borràs les flipa el tema del voice-over. Está no sólo en la narración, sino como elemento bufonesco en escenas de falso documental. A unas voces en ruso se superpone la traducción sonora que es irrisoria por el contraste de tono, acento e incluso contenido.

Si de algo va “Atraco, paliza y…” (porque va de muchas cosas), se podría decir que va del proceso creativo de dos escritores teatrales que buscan en los diálogos y las situaciones las motivaciones de sus personajes. Y que en ese ejercicio van cruzando personajes reales (ellos mismos), con personajes escénicos (los de la oficina bancaria). Por ahí ronda también la influencia de algunas de las pelis más aclamadas del escritor y guionista Charlie Kaufman.

Así que tenemos a dos artistas, los dramaturgos de la pieza, tratando de escribir una obra encargada por un empresario teatral ruso sobre un atraco, mientras la van escenificando por diferentes ángulos. Surge una obsesión en la escritura, la de contar con una artista extrema de las artes escénicas, Maria Kapravof, para que participe en la producción. Kapfravof es una artista performática que no duda en usar cirugía sobre su cuerpo como parte del proceso creativo. A primera vista parece la personificación siberiana de la artista del body-art Orlan, que usó la cirugía estética como espátula para su arte. A medida que avanza la obra comprobarán que el referente es incluso más cercano.

Voy con lo sensacional de Albet y Bòrras. Lo primero, por orden y por importancia, es su dominio del espacio escénico como lugar de juego. “Atraco, paliza y…” es una suerte de diablo de Tasmania escénico que entra en un jardín de infancia. Su control es tan absoluto que no dudan en pasearse con chándal y practicar el feísmo. Irene Escolar aparece grotescamente vestida con camiseta de fútbol y abrigo soviético, y el vestuario de Albet y Bòrras no lo querrían para ellos ni los protagonistas de cualquier peli de la Inglaterra thatcheriana.

Esa energía va acompañada una forma física absoluta. Para ellos interpretar lleva incluido saltos, volteretas y coreografías. En su teatro hay que darlo todo, a nivel interpretativo y a nivel físico.

Y entremezclado con una trama a lo Ocean´s Eleven, se introduce otra de sus grandes habilidades: el humor. Está en la disincronía de los voice-over, está en los ridículos personajes rusos y en un personaje que es una genialidad. El operario que arregla luces en la oficina bancaria, y que es una suerte de Hamlet escondido entre tanta patochada.

La subtrama de la pieza es otra cosa. Es la subversión necesaria para acabar con todo el teatro establecido, por muy vanguardista que haya sido. Desde La Fura dels Baus (no se pierdan los juegos operísticos), a los grandes tótems de la dirección escénica (me he prometido no hacer spoiler), y pasando por una artista iconoclasta que además de body art parece que practica mucha radicalidad lidelliana.

La brillantez de este montaje se debe a un trabajo técnico extraordinario de escenografía (Jose Novoa), vestuario (Paula Ventura), vídeo (Oslo Albet), asesoramiento de movimiento (María Cabeza de Vaca y Oriol Pla), que incluye, por si fuera poco, una asesora de ruso.

En ese rupturismo y toma de posición de estos creadores, hay un homenaje soterrado a todos los creadores de los que se burlan. El teatro es un espacio demasiado goloso como para no liarla parda. Admiro profundamente de ellos que recuperen el gran juego teatral que es traer todo a escena: música, vídeos, cabezas de pingüinos, piruetas, un abrigo de cuero absurdo y un montón de actores sobre escena. Nombro a algunos de los que sólo se puede decir que están estupendos: Nao Albet, Carlos Blanco, Marcel Borràs, Irene Escolar, Alina Furman, Eva Llorach, Francesca Piñón y Vito Sanz.

Lo de Irene Escolar es de párrafo aparte. El público madrileño estamos teniendo el placer de comprobar cómo sigue desdoblando su talento. No sólo domina el drama o la recitación, sino que es una cómica impagable. Su artista rusa radicalizada es hilarante. Confieso que el otro día veía una serie en la que aparecía la actriz Peggy Ashcroft, y me dio por pensar en Escolar. Cruzo los dedos para que nuestra escena pueda seguir presumiendo de crear, por muchos años, leyendas de teatro que revaliden título temporada tras temporada.

Termino diciendo que Atraco, paliza y muerte en Agbanäspach es un jolgorio escénico. Un fiestón que deja el escenario hecho unos zorros, signo de que lo hemos pasado a lo grande.

La clá

www.lacla.es

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Teatro María Guerrero.

Inicio – Centro Dramático Nacional (mcu.es)

Duración aproximada: 2 horas.

Imágenes Luz Soria.