Privacidad. Teatro Marquina.

El teatro se vuelve especialmente interesante cuando sabe captar temas actuales. Lo puede hacer reinventando un clásico del Siglo de Oro o, mejor aún, cuando un dramaturgo se anima a tratar problemas sociales. Estamos en un buen momento en ese sentido y es muy revitalizante ver que la cartelera dedica un espacio importante a nuevas dramaturgias.

El tema de las nuevas tecnologías plantea opciones infinitas. En 2013 la dramaturga americana Jennifer Haley escribió la pieza The Nether sobre una realidad social paralela en el mundo digital. En España se montó en el Teatre Lliure con una sobresaliente adaptación, L´inframon. Con el reciente anuncio de Facebook de virar hacia el metaverso, es decir, hacia un espacio tridimensional en el que las personas se convierten en hologramas, la reflexión ética de piezas como la de Haley adquieren especial importancia.

James Graham es otro dramaturgo de gran proyección, y forma parte de los jóvenes talentos británicos. Es el autor de la aclamada This House (2012) que se representó en el National Theatre, una pieza política incisiva sobre el funcionamiento del Parlamento Británico y de sus políticos. Dos años después escribió Privacidad (2014) con un enfoque muy diferente. Esta última pieza, mucho más global en el planteamiento, ha girado por distintos escenarios y países, en adaptaciones salpimentadas con gracietas locales. Ahora ha llegado al Teatro Marquina y tiene pinta de ir convirtiéndose en éxito comercial gracias al boca oreja. Es conocido que el Marquina tiene experiencia en reventar cartelera.

Privacidad se monta en Madrid con adaptación de la trama, y algunos juegos a nuestro entorno social, como cuando uno de los protagonistas habla de juntar peras con peras, y manzanas con mazanas. Sobre el escenario un conjunto muy coral de actores formado por Adrián Lastra (que es el personaje en torno al que se desarrolla la acción), Chema del Barco, Canco Rodríguez, Juan Antonio Lumbreras, Rocío Calvo y Candela Serrat. La dirección es de Esteve Ferrer y cuenta con una escenografía original y adaptada de Felype Lima, Jorge Orozco y diseño de vídeo de Daniel García Rodríguez.

La parte tecnológica del montaje es pieza fundamental de esta producción. Cuenta de entrada con el patrocinio de Lenovo, que aporta todas las ventanas digitales sobre las que se proyectarán pantallas de móviles, redes sociales, mensajes de emails, etc. En Privacidad la escenografía digital es otro personaje más, y de ahí el alarde de virtuosismo. Las pantallas se sincronizan, a ratos, con lo que ocurre en los móviles de los espectadores, consiguiéndose un ritmo dinámico. Lo dice inteligentemente uno de los personajes: el teatro e internet tienen la capacidad de anular el tiempo y el espacio.

La pieza arranca con un chico (al que ha dejado su novio), en la consulta de un psicoanalista. Adrián Lastra hace de este joven tímido e introspectivo que pronto se convierte en un maestro de ceremonias (una especie de Manel Fuentes) de nuevos personajes que irán apareciendo en forma de proyecciones mentales (de nuevo, el juego con el personaje ficticio o avatar).

El planteamiento tiene poco de drama. La historia del protagonista es sólo una distracción para crear situaciones más parecidas a una conferencia de TEDx en las que se entremezclan pasajes a modo de gags. El planteamiento funciona para el público, aunque a ratos peque de excesos. Detrás de la trama principal, que es explicar al público cómo su vida se encuentra sobrexpuesta digitalmente, se escabullen reflexiones más hondas que bien podrían desarrollarse en otra trama. Se nota en la escritura de James Graham una inteligencia que va más allá de lo superficial. La obra concluye que nuestra sociedad sufre una carencia de pudor. Es el pudor, como distancia, el que puede crear ese escudo protector hacia la intimidad propia. La conclusión en torno a un sentimiento tan preciso sólo puede salir de un inteligente dramaturgo.

Pero que quede claro. A Graham en esta ocasión no le interesa crear una dramatización, sino una conferencia teatralizada, una proyección de reflexiones en torno al concepto mismo de intimidad. Y lo hace en un tono muy actual, de forma que la obra se convierte en un imán para espectadores jóvenes. Hacia el final hay sorpresa para el público, con algunos experimentos en vivo sobre el uso de nuestros móviles. De nuevo, la parte divulgativa y de entretenimiento se sobrepone a la ficción.

El elenco de la adaptación española de este éxito internacional funciona muy bien. Lastra capta bien el foco durante toda la conferencia teatralizada.  Chema del Barco dobla papeles, con un hilarante taxista neoyorquino de algún país del Este. Rocío Calvo hace de madre y saca un humor ponceliano anclando la obra a un tono local. Canco Rodríguez también tiene ese punto de maestro de ceremonias, encargándose de enganchar al público (improvisa con tablas). Candela Serrat destaca con una excelente dicción y tono que le van de maravillas a sus profesoras y expertas universitarias. A vis cómica no hay quien gane a Juan Antonio Lumbreras (inolvidable actor de una de las proezas escénicas más maravillosas de los últimos tiempos, La ternura), que aquí saca de la chistera distintos personajes.

En la narración de Privacidad destaca la valentía al hablar abiertamente del uso de móviles y redes sociales, mencionando las marcas y corporaciones que gestionan estas plataformas. También son notables algunas reflexiones en torno al concepto de intimidad. Hay momentos álgidos y bien logrados, como la explicación de lo que es una “cookie”. Recuerden que la pieza está planteada en formato conferencia y tiene un buscado tono comercial, con vocación de llegar a muchos públicos. Promete arrasar entre público joven, y nada hay más admirable que atraer a nuevos espectadores a la butaca de un teatro.

Entre las genialidades que tiene la obra me quedo con una, la referencia a la letra pequeña que inunda redes sociales y apps. Dice uno de los protagonistas que los términos y condiciones de Apple tienen la misma extensión que “La tempestad” de William Shakespeare. No lo he comprobado pero ya saben, si non e vero e ben trovato

La clá

www.lacla.es

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Privacidad. Teatro Marquina.

https://privacidadmadrid.com/

Imágenes cortesía de Lets Go.

Duración: 1 hora y 45 minutos aprox..