El año que viene será mejor. Teatro Bellas Artes, Madrid.

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Esta temporada la crisis teatral se viene notando en las tablas madrileñas de muy distintas formas. El público ha abandonado la sala grande del Teatro Español, la programación en general es poco variada  y cunde el desánimo entre profesión y público.

El lado positivo es la búsqueda de alternativas. Algunos espacios están optando por nuevas formas de financiación. Hace poco el Teatro Alfil ha emprendido una reforma para reconvertirse  en sala-cabaret. Históricos teatros se han re-bautizado con el nombre del benefactor (véase el Teatro Cofidis – otrora Alcázar – o el Teatro Cáser – ex – Teatro Calderón -). Y espectáculos como “El año que viene será mejor”, que ha repetido esta temporada en Madrid, cuentan con el apoyo de la cervecera Estrella Damm a cambio de insertar convenientemente algunos botellines en la trama. Es el product placement o emplazamiento publicitario, una técnica muy típica de la televisión que se extiende a otro tipo de espectáculos.

Ésto último no es nuevo. El dramaturgo Pedro Muñoz Seca introdujo en su obra La Plasmatoria alguna referencia a marcas y eslóganes publicitarios, como nos recordaba hace años Haro Teclén en un artículo de El País. Entre ellas a los históricos almacenes San Mateo (“Si no lo veo no lo creo, ¡pero qué barato vende almacenes San Mateo!”). Claro que Don Pedro olvidó firmar un contrato de patrocinio publicitario con San Mateo y todo lo que obtuvo a cambio fue una caja de botellas de champán. Ésto se lo cuento yo, que forma parte del anecdotario familiar.

Volviendo al tema de la crisis, el Teatro Bellas Artes dedica el minuto antes de la representación a recodarnos que apaguemos los móviles y a manifestar su rechazo contra la reciente subida del I.V.A. en los espectáculos teatrales.

Mientras el mundo de la cultura y la sociedad tratan de luchar contra la perpetuidad de esta medida, algunos consejos para no dejar de ir al teatro. Aunque la economía propia no permita ir a todos los espectáculos que uno desearía, es cuestión de re-programarse y elegir los que más le apetezcan y acudir a ellos con ilusión.  Otra opción es dejarse llevar por la improvisación. Ahora que el llenazo es sólo privilegio de unos pocos, es posible escoger una obra y acudir a verla como quien decide ir una tarde al cine. Servicios como Taquilla de Último Minuto (www.taquillaultimominuto.com), Atrápalo o Telentrada ofrecen descuentos. Algunos teatros ofertan, por su parte, la venta de abonos y otros aplican descuentos interesantes.

Volvamos a lo que nos ocupa que es la obra que titula esta crónica. El equipo de “El año que viene será mejor” ha repetido este año en Madrid. Es una producción del teatro barcelonés La Villaroel que fue fundado en 1972 en un intento de crear “un teatro cercano a la clase obrera” y que se ha distinguido por “su vitalidad y su compromiso social”. En este caso La Villaroel ha optado por una producción cómica muy cercana a la clase media (que no deja de ser la obrera) y cuya trama está dedicada a las mujeres urbanitas de entre 25 y 45 años.

Se trata de un filón ya muy explotado desde El diario de Bridget Jones (2001) y por las novelas de Marian Keyes, pero que a la vista del éxito de los gags de “El año que viene será mejor” parece que el género todavía no conoce el agotamiento. Los años 90 perpetuaron a la mujer trabajadora y multi-tarea y es normal que pasados ya más de veinte años seamos capaces de reconocer los efectos co-laterales de  histeria y absurdo que este logro social ha traído consigo.

Mujeres guapas, con labios pintados de rojo sucumbiendo a bolsos de Gucci y a cenas en Pozuelo a costa del crédito de la VISA. Treintañeras que después de buscar al novio perfecto se echan a la captura de algún ex con quien tener un hijo. Universitarias con doble licenciatura que se entrevistan para trabajos en supermercados. Madres que antes que reconocer la mala leche (replicada) de sus hijos, son capaces de pegarse con la coordinadora. Y así sucesivamente….

Neus Bernaus, Alba Florejachs, Mireia Pamiés y Vanessa Segura son las cuatro actrices que se turnan en estos papeles de mujeres. Quien sea seguidor de la historietista Maitena verá en estas escenas una réplica de su tira gráfica de Mujeres Alteradas (salida a finales de los noventa). Y es obligado mencionar al mejor Pedro Almodóvar, ese que en 1988 filmó Mujeres al borde de un ataque de nervios.

Hoy es el último día en cartel de esta obra pero está abierta a contratación para girar en España a través de Focus (www.focus.es). Así que es probable que pueda verse en los próximos meses en distintas ciudades. Si les apetece reírse (si son mujeres también reírse un poco de sí mismas) no se la pierdan.

La clá

www.lacla.es

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Referencias:

Doble actualidad. La Plasmatoria. Eduardo Haro. El País, 20 de julio de 1996.

http://elpais.com/diario/1996/07/20/cultura/837813608_850215.html

La Villaroel:

http://www.lavillarroel.cat/

Maitena:

http://www.maitena.com.ar/

 

Imagen:

Un momento de la obra con Mireia Pàmies, Neus Bernaus, Vanessa Segura y Alba Florejachs (de izq. a dcha.).

Focus distribución teatral

www.focus.es

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