Battlefield. Teatros del Canal. Festival de Otoño a Primavera.

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Hay montajes que no pueden ser medidos por sí mismos porque forman parte de una obra, de una visión teatral: la de uno de los mejores directores de escena, Peter Brook.

Reflexionar sobre su último montaje, “Battlefield”, en vacío, conduce a una apreciación probablemente incompleta. La propuesta conjunta de Brook y de la también directora de escena Marie-Hélène Estienne es una condensación de muchas cosas, pero en sí misma tiene un valor relativo.

Es “Battlefield” una revisión de uno de los montajes más icónicos de Peter Brook, “The Mahabharata”, basado en el poema épico indio del mismo nombre y que se montó en el año 1985, con una duración de nueve horas. El impacto de aquella producción con un reparto multicultural todavía es objeto de glosas.

Peter Brook, con la participación de varios colaboradores (entre ellos, el escritor y dramaturgo Jean-Claude Carrière), realizó entonces una propuesta totalmente inusual en el teatro occidental. Dejando a un lado el teatro griego y las grandes épicas del teatro occidental, Brook miró hacia uno de los textos más icónico del hinduismo, cuya extensión es incluso superior a la Ilíada. El británico tomó prestada la cultura hindú y la conjugó en un montaje en el que participaron intérpretes y técnicos de varias nacionalidades. Con un fuerte trasfondo religioso y moral, y a través de la combinación multi-étnica, el montaje de Mahabharata se alzó con un fuerte mensaje antibélico.

A través de los años, el poema narra la historia de dos familias, los Pandavas y sus primos, los Kauravas. Tras una guerra devastadora en la que millones mueren y los cuerpos yacen en el suelo del campo de batalla, un rey, Yudishtira, se alza como vencedor con un terrible sentimiento de congoja. El montaje de Battlefield traído al Festival de Otoño a Primavera arranca precisamente en este punto.

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Con cuatro actores sobre escena Carole Karemera (Ruanda), Jared McNeill (Estados Unidos), Ery Nzaramba (Ruanda), Sean O´Callaghan (Irlanda) y un músico percusionista, el japonés Toshi Tsuchitori, Brook y Estienne extractan una parte del poema épico, centrándose en los sucesos inmediatamente posteriores a la batalla. A partir de ahí discurrirá un montaje que incluye varios pasajes breves a modo de cuentos dentro de un cuento, que concentran parte de la sabiduría oriental del texto original.

Battlefield no es un montaje que toque la cima de la producción de Brook, ni siquiera puede decirse que sea, por sí mismo, una obra extraordinaria. Combina muchos de los elementos magistrales del señor de la escena británico, pero no eleva totalmente a la emoción como sí lo hicieron otros de sus montajes.

Por supuesto nada que objetar al excelente y brillante trabajo de los cuatro actores que, siguiendo las enseñanzas del maestro, deambulan por la escena con una naturalidad pasmosa en un acto, el teatro, que es ficción pura, y donde la naturalidad (aun paseando) sólo puede ser una impostura. Los colores sobre la escena de los ropajes terrosos y de las brillantes capas que se tornan en cuerpos o capas sagradas, según la acción lo requiera, es efectista y tiene un alto componente estético.

La música del tambor tradicional japonés de Toshi Tsuchitori (colaborador de Peter Brook desde finales de los setenta), engloba muchas de las enseñanzas del director de escena. Los silencios, principalmente el final, se integran en la ejecución teatral y refuerzan esa tensión dramática (ese pacto) que se crea entre actores y público durante la representación, y que cualquier intervención espontánea sería capaz de romper.

El texto tiene extractos muy bellos, y algunos tienen una fuerte ejecución escénica, como el cuento del gusano que se afana en avanzar para no ser atropellado por un carruaje, y al que el personaje de Rishi pregunta por qué no se deja atropellar, teniendo en cuenta que sólo es un gusano:

Rishi – But you are only a worm, what do you know about the paradise of life. The joys of sound, smell, taste, touch, have no meaning for you – You’d be much better dead.

Worm – You see, Sir, despite all you tell me, I like my life. I’m used to it, I love it, even if I am only a worm, I have my pleasures. In my previous life I was rich, I had a very bad character, I was cruel and vulgar, I cheated many of my friends, the prosperity of others drove me mad, I hated their fortunes, their houses, their beautiful wives. But I loved my mother, and it even happened to me once to give shelter to a brahmin.

 And when I got old, like a father who has lost his son, I repented. And I am sure that one day I will obtain liberation.

Pese a la altura de la interpretación y la puesta en escena, no puede decirse que la conjunción de estos elementos dé una obra perfectamente acabada. Por eso es mejor acercarse a Battlefield como una pieza más de la producción de Brook, y entonces sí puede extraerse algo de grandeza de esta propuesta teatral. Battlefield viene a ser como los trabajos del viejo pintor que, retirado, y habiendo realizado sus mejores cuadros reflexiona sobre los temas centrales de su obra pictórica. Es una litografía inspirada por los grandes lienzos ya acabados, como un Picasso dibujando en su vejez el Guernica.

El mensaje que un nonagenario Peter Brook viene lanzando a la escena teatral es apabullante. En la era digital el teatro puede mantener la fuerza escénica con postulados muy básicos. El teatro es universal: puede hacerse en cualquier parte del mundo, y rotar por distintos escenarios. El teatro no tiene por qué ser occidental, y aquí viene lo más revolucionario de su propuesta teatral reciente. Textos de origen oriental, música japonesa y actores de origen africano vienen monopolizando sus últimos montajes.

Visto desde este punto, Battlefield empieza a crecer como propuesta. Su mayor altura surge en el arranque, cuando, en la portentosa interpretación de Jared McNeill, se nos narra el aspecto de las cenizas sobre el campo de batalla, y la visión de los muertos que como vampiros yacen en la tierra. Estremece cuando recuerda que la guerra, en el mundo de los hombres, es interminable, y que a una guerra le sucede otra (parece Shakespeare, sí, pero no lo es…):

Yudishtira – Poverty is not glorious. Nor is sadness. Nor is solitude. I killed millions of men. I must now go to the woods. This victory is a defeat.

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El jueves de estreno, todo el mundo teatral acudió en peregrinaje a los Teatros del Canal a disfrutar de la nueva propuesta del maestro. Se avecinan cambios en la dirección de uno de los programas escénicos más relevantes de los últimos años, el Festival de Otoño a Primavera. Confiemos en que su programación siga trayendo las producciones del Théâtre des Bouffes du Nord de París porque el público acude a verlas con devoción casi religiosa.

La clá

http://www.lacla.es

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Teatros del Canal

http://www.teatrosdelcanal.com

Imágenes por cortesía de Théâtre des Bouffes du Nord de París. Fotografías © de Caroline Moreau.

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