Please Please Please. La Ribot, Tiago Rodriguez y Mathilde Monnier. Teatros del Canal.

Regreso a una butaca de patio con una cumbia colombiana rondándome en la cabeza. Es la pegadiza “777 días” del grupo musical El Cuarteto Imperial:

777 días que no nos vemos, 777 días que estoy aquí

Y me parece que ha pasado un siglo tan separados

Y me parece que ha pasado un siglo que estoy sin ti

777 días que no nos vemos, 777 días que estoy aquí

Algunos teatros están empezando abrir, también lo han hecho muchos de los festivales teatrales. Con esfuerzo, cierta sensación extraterrestre y, principalmente, con la seguridad como bandera, y la amabilidad absoluta de todo el personal de sala.

Voy a los Teatros del Canal que han reabierto con una programación centrada en la danza. Los números de ocupación (con aforo reducido) son alentadores: están logrando un 80% de media. A 40º y con un Madrid vaciado, hay ganas de teatro. Se ha extremado la seguridad, y a los tres minutos de empezar el espectáculo, se produce el efecto hipnótico, y se olvida el gel hidroalcohólico y la mascarilla. Las preocupaciones, como siempre, volverán cuando se enciendan las luces de sala.

Sobre el escenario una enorme serpiente – malla, con ecos a las jaulas escultóricas de la artista Susana Solano. La pieza teatral tiene tres episodios diferenciados. En los dos primeros La Ribot y Mathilde Monnier, enfundadas en trajes de látex, bailan junto a la serpiente. La primera danza tiene un ritmo coreográfico in crescendo. Estos seres terráqueos visten los colores metalúrgicos de Jeff Koons, dorado y azulado. Se retuercen sobre el suelo, se contonean y giran sobre sí, como lombrices que juegan a serpentear al ritmo de la música. La segunda pieza coreográfica es mucho más inquietante. La música se transmuta en una melodía disonante, y los seres enfundados abandonan la horizontalidad y se elevan. Parece que quieren salir de sí mismos, huir de ese ritmo y de esa música, asomar el rostro para taparlo de nuevo.

El tercer episodio tiene forma de performance y un ritmo de trote intenso. Mathilde Monnier, con una voz cautivadora, va contando historias entremezcladas que se unen en un poderoso diálogo final, entre La Ribot y ella. Narración de dos mujeres sobre lo que será la vida, y el proceso de crecimiento. El entorno y el horror de la bomba nuclear. Monólogo a dos que se recita sobre el claqueteo continuo de talones y puntas, creando un efecto absorbente.

La propuesta artística ha sido el resultado de la conjunción de tres reputados artistas. La voluntad de los tres se plasmó en un contrato: «Las cláusulas de este contrato tienen como objetivo proteger la naturaleza salvaje del teatro compartiendo los hermosos frutos de la danza execrable. Los artistas firmantes, La Ribot, Mathilde Monnier y Tiago Rodrigues, se comprometen a amar el desorden del cuerpo y las ideas».

Los créditos de la producción reflejan la carrera artística de los tres, forjada en escenarios internacionales y europeos, y cuenta incluso con el patrocinio de la marca Hermès, a través de su fundación. El resultado es un ejercicio de exploración artística que empuja a sus intérpretes a investigar la conjunción entre cuerpo, movimiento, voz, ritmo y música.

La clá

www.lacla.es

*

Imágenes cortesía de la compañía. Fotógrafo Gregory Batardon.

Teatros del Canal

www.teatroscanal.com