Los Max 2012 desde el foso.

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La triada de la noche:
Emilio Gutiérrez Caba, Julia Gutiérrez Caba e
Irene Escolar

En un lunes lluvioso de puente, Madrid acogió los premios Max de teatro. Lo bueno que tiene Madrid es que hasta en tales circunstancias te salen al paso un buen puñado de devotos. La profesión artística es, de natural, muy agradecida para estos menesteres y corren ilusionados a la alfombra roja de las vanidades.

En el caso de los Max cierto es que se respira un halo de esfuerzo recompensado. Hay menos tacones y más coletas masculinas y algún excéntrico intelectual (tipo el orientalizado Fernando Arrabal – ver foto más abajo -). La pose descoyuntada se reserva para los Goya y las portadas de revistas. Aquí hay mucho compañerismo y necesidad de pertenecer a la manada. Blanca Portillo, en unas palabras tras recoger el premio a Mejor Dirección de Escena, así lo atestiguaba: “el teatro nunca tiene que ver con una persona (…) No es un actor, un iluminador, un músico. Es un grupo de personas”. Ese esfuerzo compartido y un no mirarse a los ombligos que proclamó la conductora de la gala, Petra Martínez, fue el pistoletón de salida que arrancó una gala dedicada al público familiar. Sin embargo, y aunque por el escenario se pasearon profesoras de escuela, arquitectas, una baloncestista y hasta una joven cantante (muy a lo Shirley Temple), lo cierto es que finalmente el público no fue el homenajeado, sino la profesión de actor. Curioso, por tanto, que el guión de la gala fuera por un lado, mientras que los premiados incidieran, sin discurso aprendido, en meritar el oficio.

El equipo de La avería
con Blanca Portillo, una de las galardonadas

La noche tuvo, pues, dos líneas dramáticas. Un texto y un subtexto. Mientras en el escenario televisivo del Circo Price la presentadora Petra (con cierta dosis de humor a lo Chus Lampreave – ¡qué grande! -), quitaba hierro a la seriedad de unos premios dedicados al teatro, en el atril y en la sala de prensa los galardonados festejaban sus “maximinos” a proclama viva. La primera en hacerlo fue Blanca Portillo a golpe de titular. Los actores son “la masa con la que se hacen los sueños, los atletas del alma”. Con los cinco premios de la noche recompensaba, quizás, el mal sabor de boca de un año difícil marcado por la polémica del Festival de Mérida. Sabiamente reconoció haber aprendido mucho este año pasado, aunque sin certeza alguna sobre si esas enseñanzas le serán útiles en un futuro.

Miguel del Arco mantuvo su discurso
reivindicativo en la recogida
del premio Max

Siguiendo con la sub-trama de la noche, Miguel del Arco (director y guionista de Veraneantes y camarilla de Kamikaze Producciones) habló sobre su evolución como intérprete. Comenzó como bailarín, continuó como actor, y ahora “he encontrado mi sitio como director” dijo en declaraciones después de recoger el premio por mejor adaptación de obra teatral. En respuesta a una pregunta de Rosana Torres (cronista de teatro en el periódico El País), reflexionó sobre la labor de adaptación teatral. “En el momento en el que coges un texto, lo toques o no lo toques, siempre hay una adaptación”. Y ésto es así, concluyó, por la propia elección de los actores o la escenografía, que finalmente llevan a que exista una adaptación. Con este discurso, y con premio en la mano, negaba casi la categoría por la que había sido galardonado. No perdió el tono reivindicativo de la edición del año pasado en la que se quejó de los impagos de los ayuntamientos y puso sobre la mesa que Veraneantes, pese a los éxitos de la noche, no tiene contratación. El panorama hoy seguramente será bien distinto.

Alfredo Sanzol defendió la necesidad
de continuar ofreciendo
buen teatro

Otro de los protagonistas de la noche, Alfredo Sanzol, galardonado como autor teatral por Días Estupendos, explicó de dónde viene esta nueva generación de actores y directores. “Nosotros somos ante todo aficionados al teatro”. El motivo es que alguien en los años ochenta y noventa “se ocupó de que pudiéramos ver buen teatro (…) y mi generación somos el fruto del esfuerzo de aquellos años”. Pero a la vez alertó de los efectos colaterales de los recortes: “los problemas de ahora pueden hacer que en unos años esta curva ascendente no continúe”.

Ahora bien, el gran momento de los premios Max fue el merecidísimo galardón honorífico a Julia Gutiérrez Caba. La actriz realizó una puesta en escena impecable: llegó acompañada de su hermano Emilio Gutiérrez Caba y de su sobrina-nieta Irene Escolar, y la tríade apenas se despegó en toda la noche. Con ellos de la mano, Julia materializó en imagen lo que otros habían ido diciendo de palabra. Que el teatro es una familia, una composición de muchos en la que se mezclan productores, intérpretes y directores, como en la saga de los Caba. Por ese motivo dedicó, a sabiendas y con alevosía, el premio a su propia familia. Y rememorando el pasado, sutilmente introdujo la reivindicación cultural tan traída durante la noche. El teatro en la España de la posguerra no fue sólo un bello juego, dijo Julia Gutiérrez Caba, sino también algo indispensable en un país. Ahí queda eso.

La clá
www.lacla.es

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Premios Max de Teatro y listado de ganadores en: www.premiosmax.com

Una mirada a los Premios Max (fotos de La clá):

Fernando Arrabal, nominado
como dramaturgo por Fando y Lis
Ernesto Caballero, dramaturgo y
director del CDN
Vicky Peña y Mario Gas:
figuras del Teatro Español
Antón Reixa a la derecha,
recién elegido Presidente de la SGAE
José Miguel Fernández Sastrón,
candidato a presidencia de SGAE
Emma Suárez y Blanca Portillo
de La avería
Un elegantísimo Asier Etxeandia,
premiado como mejor actor
por su fiscal geriátrico en
La avería
Carmen Machi, galardonada por
Falstaff, de la que dijo había
sido injustamente tratada
Manuela Velasco, guapa y estupenda
en Todos eran mis hijos
Tricicle
El equipo de Veraneantes,
premiadísimos.
María Pujalte. Divertidísima en
la serie Los misterios de Laura

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