´Tis pitty she´s a whore. Matadero de Madrid (Teatro Español) y en gira.

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En 1925 Ortega vaticinaba que Europa entraba en una era de “puerilidad” en la que primaría el culto al cuerpo y a la juventud y con ellos llegaría la marea del deporte (que comenzaba entonces a acaparar portadas de periódicos).

Hace unos días Pep Guardiola, entrenador del Barça (por si alguien no se hubiera enterado), anunciaba que abandona el equipo de fútbol o la máquina global de entretenimiento. En una de esas conversaciones que el Banco Sabadell ha producido para promocionar sus productos de ahorro, Guardiola charla con Fernando Trueba. El director de cine obvia (voluntariamente) que habla con el jefe de pipiolos como Messi, Piqué & co. y se queja de la adoración desmesurada a la juventud que predomina en nuestra sociedad. En definitiva, y como hiciera en 1925 el filósofo español, Trueba se lamenta de la sobrevaloración de los jóvenes.

Salto y voltereta ahora al pasado. Pleno siglo XVII: en la Inglaterra post-jacobea John Ford, un dramaturgo coetáneo a Shakespeare, escribe ´Tis pitty she´s a whore (Lástima que sea una puta). Este drama es un relato bestial sobre las consecuencias de una relación incestuosa entre unos hermanos, Giovanni y Annabella. Pero a la vez es una narración radicalizada de las pasiones de juventud. La vitalidad y los excesos pueriles caracterizan a los personajes de esta obra.

Dicen los estudiosos que para satisfacer los gustos teatrales de la época (acostumbrados a las enrevesadas tramas shakesperianas), Ford tuvo que ingeniar un drama extremo, una mezcla entre dos de las primeras obras del dramaturgo inglés, Tito Andrónico y Romeo y Julieta. El resultado es ´Tis pitty she´s a whore en la que la provocación comienza por el título, continúa con el amor incestuoso y finaliza con una escena sanguinolenta.

Las semblanzas con Romeo y Julieta son claras: hay por un lado, una pasión imposible de mocedad (la que viven los hermanos) y por otro, un amor (el de Soranzo por Annabella) abocado al fracaso.  Los celos son aquí importantes. Los siente Soranzo por el amante de la mujer a la que desposa embarazada de otro. Los padece Hippolita, la viuda que aspiraba a ser la mujer de Soranzo y que maldice al joven matrimonio el día de su boda. Y quizás pueda decirse que también los vive el tortuoso Giovanni por el marido de su hermana y antigua amante.

Puede que el lenguaje de John Ford sea mucho más pobre que el de Shakespeare y que sus diálogos no alcancen la perpetuidad de las sentencias que han quedado de los personajes de este último, pero su contribución a la dramaturgia es, sin duda, el personaje de Annabella. El montaje de Cheek by Jowl, quizás el más compacto que se ha visto hasta ahora en Madrid, se centra en ella desde la entrada en sala. Una joven adolescente escucha música en su cama con gesto desvergonzado. En las paredes cuelgan pósters, entre ellos el de la serie True Blood. Los vampiros son la petrificación de la juventud violenta, así que qué mejor elemento escenográfico. La actriz Lydia Wilson (a la que se conoce por su papel en la serie Black  Mirror producida por Endemol) interpreta a Annabella y es el centro de las miradas durante toda la representación. Sus gestos y presencia son magnéticos y su interpretación es poderosísima. Cierto es que el resto del montaje acompaña tan alto nivel. Los actores Jack Hawkins (Soranzo), Lizzie Hopley (Putana) y Laurence Spellman (Vasques) están estupendos. Las coreografías musicales, los elementos cómicos, los juegos de planos escénicos, el rojo vivísimo del escenario, la cama – pedestal  y el acompañamiento de magníficos actores crean un ambiente que absorben completamente al público en una obra de hace cuatro siglos.

En una entrevista de 2006 para Marcos Ordóñez de El País, el director artístico de Cheek by Jowl, Declan Donnellan, afirma que Peter Brook le enseñó  a buscar siempre hacia lo hondo pero sin perder la levedad. Para Donnelan, Brook “es un alquimista, que combina admirablemente lo sacro y lo profano. Graduar ambas cosas es algo esencial a la hora de plantearse un espectáculo”. Estas enseñanzas toman forma, más que en ningún otro espectáculo de Cheek by Jowl que haya traído el Teatro Español, en esta obra.

Con una inmensa naturalidad, la compañía pone frente al público una trama de sexo y amores que repugnan a la moral y al orden público. Y pese a ello, se siente compasión y empatía hacia Annabella, aunque de vez en cuando recordamos sus pecados. Lástima, pues, que su comportamiento pasado haya sido tan obsceno, de otra forma quizás hubiera logrado la redención.

Lástima que sea una puta es una obra impúdica y radical que difícilmente podría originarse en estos tiempos censurados por la corrección política. Es un canto vital a la juventud desbordada y sin tapujos y a sus pasiones amorales. En esta entronización de la mocedad, sólo tienen cabida el sexo y el divertimento.

Annabella, que es su máxima representación, es un personaje pueril y trivial que debe ser asesinado por su autor antes de que madure y pierda su extrema vitalidad. Esta vanagloria de los ímpetus juveniles, y de la que se lamentaba Ortega, la han replicado personajes del siglo pasado como Marilyn Monroe o James Dean. Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver. No es una frase del actor americano, sino el epitafio de Annabella. ´Tis pitty she´s a whore.

La clá

www.lacla.es

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´Tis pitty she´s a whore. Cheek by jowl. En gira:

www.cheekbyjowl.com

Entrevista a Declan Donnellan en El País (24 junio 2006) http://www.cheekbyjowl.com/media/press/articulos_espanol_012008.pdf

La deshumanización del arte y otros ensayos de estética. José Ortega y Gasset. Colección Austral.

Banco Sabadell. Conversaciones sobre el futuro.

https://www.bancsabadell.com/cs/Satellite/SabAtl/Conversaciones-sobre-el-futuro/1191359489993/es/

Imagen:

Una imagen de la representación con todos los actores en escena. Por cortesía del Teatro Español.

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