Ricardo III. Ensayo General. Pavón Teatro Kamikaze.

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Ricardo III es una obra soberbia de Shakespeare. A través del deforme y perverso monarca, Shakespeare logra realizar uno de los retratos más aterradores de la ambición humana, del ascenso al poder de personajes mezquinos y caricaturescos, de la connivencia del pueblo gobernado y de su credulidad. Todos estos caracteres del poder resuenan poderosamente en el gobierno democrático de las potencias mundiales en el siglo XXI, y no sólo de la estética totalitaria del siglo XX.

Gracias a estos atributos, Ricardo III exige ser revisitada constantemente en una sociedad que no logra encontrar la fórmula para desencadenarse de individuos que atesoran demasiado poder y fanatismo. Miguel del Arco, en su loable ejercicio pendular de mirar hacia pasado, presente y futuro, revive este clásico shakesperiano en clave contemporánea. Por desgracia, le sobran referentes reales en los que reflejar su construcción moderna del personaje.

En temporadas anteriores, del Arco se zambulló, siempre con su actor talismán, Israel Elejalde, en un Hamlet completísimo, con un personaje que se alzaba sobre una producción visualmente compacta y perfectamente sincronizada. Después lo hizo con El Misántropo, de Molière, en una genialidad de fiesta sin fin, en la que el patio trasero sirvió como marco en el que reflejar los sentimientos de aislamiento de su protagonista principal. En estos dos montajes a Miguel del Arco le interesó acercarse a estos clásicos sin miedo al manoseo, y con un enorme interés artístico hacia su traslación a tiempos presentes. En Hamlet, la esencia de la pieza shakesperiana emanaba poderosamente a través del montaje, y en El Misántropo, Del Arco se permitió incluso mayores licencias, y en esa fiesta sin descanso, encontró un lugar propio en el que reinterpretar al clásico, homenajeándolo y ensalzándolo.

En esta ocasión el atrevimiento (al que espero nunca renuncie Del Arco, puesto que en él está su maestría), se ha deslizado hacia una versión que no logra enganchar lo moderno con lo clásico, quedándose en lo primero, y perdiendo la fuerza de una de las obras más terroríficas de Shakespeare. Siento dos vacíos en esta versión. El primero tiene que ver con el poder de lo grotesco. Ricardo III lo es, y así se autoproclama, deforme, inconcluso, nacido antes de tiempo. Su representación permite todo tipo de excentricidades, más allá de la cojera. Con una condición: siempre que el terror se imponga. Veo lo primero en el personaje trazado por Del Arco y Elejalde, pero no experimento el escalofrío, que no necesariamente debe emanar del personaje, porque para eso Shakespeare dibujó una corte y unos sicarios aterradores. Tampoco entre ellos ha campado libremente el miedo.

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La representación se mueve entre críticas subversivas y mofas hacia nuestros gobernantes, con Ricardo III blandiendo un bastón micrófono que sirve para diferenciar los diálogos con los otros protagonistas, con esa conversación hacia el público que Shakespeare siempre reservó para sus grandes personajes. Se crea así un efecto pop, que Miguel del Arco apuntala con críticas hacia la televisión actual (hay un pasaje reservado a Sálvame) y con un muñeco cadáver en forma de Franco. El conjunto es un lienzo pop que recuerda a los grandes cuadros iconográficos de Eduardo Arroyo o de Equipo Crónica.

El otro vacío de este montaje es la narración entrecortada. Ricardo III es una pieza muy compleja por el entramado histórico sobre el que se construye la narración literaria. Las adiciones pop enmascaran la historia que se hace muy difícil de seguir (dificultad que, por cierto, ya existe en el original shakespeariano), y Ricardo III se convierte en una sucesión de escenas que no logran hilvanarse a través del filamento de poder y horror, y se quedan en la mera mofa, que es sólo una de las caras del monarca imaginado por Shakespeare.

En cuanto a la puesta en escena, Del Arco ha optado por una versión clasicista del Shakespeare más contemporáneo, con vestimenta de guerra actual, siguiendo la convención de la escena londinense. Hay dos grandes aportaciones creativas en esta pieza, la música, a cargo de Arnau Vilà, que enmarca con desasosiego e incertidumbre las escenas, y una magistral videografía (Pedro Chamizo) que, en forma de pancarta alargada (casi como un banner nazi), introduce imágenes deformes y piezas de informativos.

Alabo la bravura de Miguel del Arco en este Ricardo III reinventado en clave pop, y lamento no haber conectado con esta iconoclasta versión que, sin embargo, sí divirtió a un público mayoritario.

La clá

http://www.lacla.es

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Ricardo III. Pavón Teatro Kamkikaze.

10 de octubre al 17 noviembre 2019

Duración: 2 horas

https://teatrokamikaze.com/

Imágenes de Vanessa Rabade, cortesía del equipo de prensa del Pavón Teatro Kamikaze.