De noche, paseando frente al Museo del Prado, el paseante tiende a imaginar lo que sería una visita a solas por la pinacoteca. Con el confinamiento, el sueño tornó en pesadilla y melancólicos pensamos en esas vírgenes, reyes, santos y demonios habitando los fríos salones de mármol.
A los madrileños nos han hecho ahora un…

