Existe un tipo de comercio que debería cobrar entrada a sus visitantes. Me encuentro entre quienes sienten absoluta fascinación por los ultramarinos, las mercerías, las papelerías y, por supuesto, las ferreterías. Hay algo decimonónico en estos comercios, algunos incluso mantienen los mostradores antiguos y cajoneras infinitas en las que atesorar el género. Las ferreterías además…

