
Agotadas las entradas desde antes del estreno, llega por fin uno de los montajes de la temporada, Verborrea, escrita por el dramaturgo Pablo Remón e interpretada por Javier Cámara, Israel Elejalde, Marta Nieto y Emilio Tomé. La producción es de Nave 10 Matadero y Buxman Producciones. Con estos ingredientes, y sin tener ni idea de qué va la obra, los espectadores no han esperado ni a la crítica, ni al boca a boca, para llenar la sala antes incluso de que terminaran los ensayos. Apuesto a que si hubieran publicado un cartel de “no-tenemos-obra-pero-ya-se-nos-ocurrirá-algo”, este plantel hubiera agotado igual. A los intrépidos espectadores que han apostado por comprar entradas en los calurosos días preotoñales, que sepan que les va a salir bien la jugada. Verborrea es una de esas obras en las que se pasa un rato endiabladamente bueno.
Pablo Remón es un escritor rápido, que cuando coge cadencia nos regala estreno por año. Tiene el talento de haber congeniado con un equipo de intérpretes y productores de enorme nivel, que disfrutan trabajando con él. Pienso que en su cabeza escribe pensando en la tonalidad que le van a dar determinados actores a sus ingeniosas frases, y lo debe pasar bomba imaginándolo. En Verborrea recurre a la cinematografía para plantear una acción que recuerda, a ratos, a la película de Forrest Gump (1994), en la que Tom Hanks narraba los dislates de su vida, combinando ternura y drama.

En esta obra se nos presentan las peripecias de unos hermanos perdedores, criados en un camping de la sierra madrileña. En concreto, en el Valle de Cuelgamuros, un lugar muy histórico, donde cazaron reyes (fueron tierras de realengo) y donde Franco mandó construir el Valle de los caídos. El padre de estos hermanos, Teodoro (Emilio Tomé), fue un hombre como muchos en la época: estricto, militar, alcohólico y franquista. Los chavales, Enrique (Javier Cámara) y Segismundo (Israel Elejalde) crecieron con sus batallitas de la División Azul. El pequeño salió punkarra, se lió con una “reina de las fiestas” de un pueblo de Murcia (Marta Tomé), y montó banda de rock, y realmente de eso va la historia de Verborrea, de las tournées por España de una imposible banda de música.
Esta nueva obra de Pablo Remón está emparentada con Los mariachis en esa mirada a la España de verdad, la que sucede en los márgenes de las grandes ciudades (donde la droga campa a sus anchas y donde la gente habla de forma muy bruta). Remón les mete candela a los diálogos, con referencias a Alsa, al programa de televisión Música SÍ, a Foucault, a la tienda de Madrid Rock, al McDonalds de Atocha y a Fray Luis de León, sin que se le caigan los anillos. Confieso que yo es que a Remón le pillo todas las guasas que coloca, probablemente porque seamos de la misma añada, y me hace tremenda gracia. Se divierte, por ejemplo, comparando su forma de hablar (escribir) con la más actual (muy influida por las sesiones con psicólogos), con la que no se identifica. En su época no se hablaba de relaciones tóxicas, se justifica uno de los personajes.

Verborrea no tiene la profundidad de Los mariachis, que presentaba un relato más amargo y profundo. El contexto del Valle de los caídos y de la posguerra se pinta como un tablero de juego, sin que tenga mayor recorrido, tampoco pienso que haya pretensión de más. Por eso la obra funciona, por ser un juego para hacer reír, como es Sin noticias de Gurb para Eduardo Mendoza, o Big Lebowsky para los Cohen. En Verborrea el público es que se ríe mucho, y los actores deben pasar un rato fenomenal.
Los cuatro actores ya trabajaron juntos en otra de Pablo Remón, Vania por Vania, y se les nota muy bien compenetrados, incluso ayudándose en los pases. Javier Cámara arranca fuerte pero no es su gran momento, el suyo llegará relatando las desventuras de su vida de mánager de artistas (a los que llama “vampiros del ego”), con un público al borde de la lágrima. A Emilio Tomé (Barbados, etc.) le sucede parecido. El padre militar no es tan gracioso como sí lo es el músico punkarra que se bate con su psicoanalista. Marta Nieto sorprende a todos con la genialidad de su acento (no digo más). Me recuerda al personaje de la actriz de Cantando bajo la lluvia, una mujer bellísima que el cine sonoro obligó a doblar por su forma de hablar tan horrenda. Es de lo más disparatado de la obra. El prota, Israel Elejalde es el primero en arrancar, de verdad, el juego de risas que se viene, vestido como uno de los heavies de Gran Vía y con esa seriedad grave y cómica (cuando quiere), que le hace doblemente gracioso. Lo de cómo se hizo punk siendo bebé avanza ya el dislate hacia el que nos encaminan. Verborrea es, en suma, una obra que hace reír con inteligencia, en la que se nota el disfrute de autor y actores.
La clá
www.lacla.es
- Categoría : Dramaturgia contemporánea
- Duración : 90 minutos
- Elenco : Javier Cámara, Israel Elejalde, Marta Nieto y Emilio Tomé
- Texto y dirección : Pablo Remón
- Escenografía : Monica Boromello
- Iluminación : David Picazo
- Producción : Nave 10 Matadero y Buxman Producciones, con el apoyo de Crea SGR
- Fotografía escena : Vanessa Rábade
- Fotografía cartel : Carlos Luque

