
En 2017 el dramaturgo y guionista Pablo Remón estrenaba en el Pavón Teatro Kamikaze Barbados, etcétera, con Fernanda Orazi y Emilio Tomé como actores absolutos. En el año 2022 revisitó esta obra, y el Centro Cultural Conde Duque ha apostado por reponerla dos años más tarde, en esta época navideña.
A Barbados hay que acercarse como se acerca uno al concepto de “las Barbados”. Un lugar imaginario que la mayoría sólo conoceremos en la imaginación. La pieza de Remón se monta desde ese lugar. El de una construcción visual interna que hay en la mente del espectador. Imagina Barbados, y Barbados se te aparece.
Sobre un escenario derruido con focos caídos, obra de la escenógrafa Mónica Boromello, se sitúa una acción inexplicable. Hay mucha referencia a Beckett en ese espacio. Un árbol, una piedra, se sustituye por unos focos caídos, arena, una elipse. La obra arranca sin cuarta pared, con la sala iluminada y Emilio Tomé presentándose como un niño de año y medio que busca palabras para nombrar las cosas y no las encuentra.
Se apagan las luces de sala, entra Fernanda Orazi, y surge ahí un ejercicio que parece (falsamente) de construcción actoral. Dos personas van imaginando una historia, y a medida que la relatan la van llenando de énfasis, acentuaciones y onomatopeyas. Todo parece muy casual y arbitrario, surgido en el aquí y en el ahora. Acciones sin relevancia. Pequeñas historias que, en mano de sus narradores, se vuelven deliciosamente engoladas y absurdas. El exceso en la narración, en los descubrimientos y en los giros de una acción liviana.
A cada nuevo hallazgo, una estrambótica reacción. Desdén cuando uno de los dos (normalmente él), se adentra por una calle cegada. Y así, sin pretensiones ni grandes aspiraciones, se van construyendo dos o tres historias, la de un tapicero enamorado, la de una pareja que no se sabe si se aman o no. Y así avanza el minueto construido por Remón para Fernanda Orazi y para Emilio Tomé. Digo que está construido para ellos porque veo difícil que Remón pudiera pensar en otros.
Nadie como la Orazi para sacar drama y llanto a la mera mención de una caldera. Nadie como ella para exprimir todo el pulso cómico que Remón quiere darle a la pieza. Orazi tiene una rarísima combinación de sentimiento actoral, como si hubiera sido dotada de una empatía plena hacia las emociones, sin necesidad de transición. Y con maestría es capaz de llevar al espectador de la carcajada a la emoción, aunque uno no entienda cómo esta historia ínfima pueda generar precisamente sensaciones. Pero en el fondo es como Barbados, que sin conocerlo podamos recrearlo en la cabeza.

En este minueto, Emilio Tomé baila al son de la grotesca emocionalidad de Orazi, y del sinsentido narrativo ideado por Pablo Remón. Divierte muchísimo la sensación de tocapelotas que le provocan las falsas improvisaciones y hallazgos de su partenaire. También el énfasis que pone Tomé al hablar de distintos electrodomésticos. Intuyo (pero no lo tengo comprobado), que Remón le echa algo de guasa a las formas de escritura que se ceban en la cotidianeidad.
Si tuviera que explicarlo, creo que Barbados en 2022 va del proceso de creación teatral, visto desde la escritura y desde la aportación actoral. Hay un homenaje a la forma básica escénica, que es la de la narración oral, la de pequeños cuentos que pueden inventarse y contarse de manera improvisada. Un poco como cuando uno va en coche con la familia, y cada uno aporta un trozo a una historia que va conformándose con las aportaciones disparatadas de cada uno. Y si tuviera que añadir algo más, diría que Pablo Remón también le echa algo de crítica a los excesos creativos, tanto de intérpretes como de autores. Una pequeña delicia sobre lo fácil que parece la acción dramática, y la cocción real que tiene.
La clá
www.lacla.es
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Barbados en 2022.
Texto y dirección: Pablo Remón
Intérpretes: Fernanda Orazi y Emilio Tomé.
Escenografía: Mónica Boromello.
Iluminación: David Picazo
Centro Cultural Conde Duque
Duración: 70 minutos.

