Abiertos en Canal. Teatro Infanta Isabel.

Takuya Yokoyama es un laureado dramaturgo japonés nacido en Osaka en 1977. Una de sus obras conocidas es “Abiertos en canal”, editada aquí por Satori Ediciones. Cuenta la historia de dos matarifes (Sawamura y Genda) que reciben la inesperada visita de un joven (Imai) que se presta a aprender su oficio. Es un día movido porque en la cadena de despiece se ha perdido el bulbo raquídeo de una vaca. La médula del animal permite detectar la enfermedad de las vacas locas y es fundamental encontrarla para saber si la carne es apta para consumo humano. El matadero tiene una política estricta. Si los trabajadores pierden la médula, correrán a cargo del coste del animal entero.

La obra tiene un enfoque absolutamente enraizado con los postulados de Karl Marx. En el arranque de la obra conocemos el proceso de despiece animal a través de las batallitas que se cuentan Sawamura (David Castillo) y Genda (Jonás Alonso). Queda claro que el degüello, el desangrado, la evisceración y el despiece ha acabado por dejarles tocados, física y mentalmente, con un hedor que sólo lo camufla el olor de los tallarines yakizoba. Ese concepto de labor monótona y degradante que lleva a la deshumanización del individuo es la esencia del pensamiento marxista. Yokoyama combina postulados marxistas con los rescoldos del Japón feudal, en el que los matarifes eran considerados como “eta”, individuos extremadamente impuros por la labor que desarrollan.

En este matadero, amenazado por la tecnificación, los propios trabajadores están tan desquiciados, que son los primeros valedores de la continuación de un oficio que parece se los va a llevar por delante. La historia comienza con un diálogo superficial en torno al fideo yakisoba, con una tonalidad muy Tarantino. El tono liviano va disolviéndose a medida que los personajes comienzan a desvelar anécdotas propias, y el ambiente se va progresivamente orientalizando.

La dirección de Samuel Viyuela y Alba Enríquez opta por ir creando tonalidades japonesas que no son plenamente visibles hasta mitad de la obra. David Castillo es un interesantísimo Sawamura, un paria que no tiene interés alguno en salir de su sala especial de despiece. Su ilusión es mantener a su mujer y a su hijo. Es el personaje más conmovedor, y Castillo crea de inmediato ese eslabón emocional con el público. La tonalidad japonesa de la pieza es al principio imperceptible, pero sutilmente se va impregnando. Con los enfados entre Sawamura e Imai o con Genda, sale ese atronador carácter japonés que contrasta, cómicamente, con los gestos rituales de respeto. Jonás Alonso es un Genda hermético y avinagrado, con más de un secreto oculto. Oriol Pàmies sorprende desde la liviandad de un niño rico hacia un personaje mucho más potente. Los aires orientales de la interpretación de los tres son fabulosamente ricos y complejos.

En el relato de Takuya Yokoyama hay notas que van más allá de lo político o de lo social. Escoger un matadero y crear un imaginario de reses descuartizadas es entroncar con la tradición pictórica de la vanitas barroca y del expresionismo. Pintores como Rembrandt, Soutine o Bacon, expusieron reses cortadas en canal en sus lienzos, mostrando el horror de la carne sangrante que en realidad somos los individuos en nuestra condición animal. Yokoyama utiliza los diálogos en torno al proceso cárnico para crear esa imagen plástica.

En la producción, aparte de una dirección afinada y de una muy buena interpretación, hay un exquisito trabajo técnico. El escenógrafo Alessio Meloni se supera con una conceptualización absoluta del envasado, a través de estructuras con papel film. Intuyo que hay razones presupuestarias, pero el resultado es simplemente una genialidad creativa. El trabajo está acompañado por un imponente diseño de iluminación de Jose Miguel Hueso, capaz de recrear un karaoke o el tenebrismo del matadero.

Una dramaturgia interesante, combinada con un trabajo de montaje coral muy bien proyectado, hace de “Abiertos en canal” una obra muy recomendable.

La clá

www.lacla.es

4.0Un drama japonés de un matadero muy recomendable.

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