
El Teatro Almeida de Londres ha acogido un estreno muy peculiar, el último texto de la reconocida dramaturga británica, Caryl Churchill (Londres, 1938). Churchill (autora de Top Girls, Serious Money, entre otras obras) es reconocida por ser atrevida y abiertamente política. En noviembre el director Dominic Cooke (que acaba de colocarse al frente de la programación artística del Teatro Almeida en Londres) estrena en el National Theatre uno de los clásicos de Caryl Churchill, Cloud 9. La autora puede presumir de ser una privilegiada de la escena británica, con obras de su repertorio clásico y nuevo, en constante producción.
Durante una única semana el Teatro Almeida ha estrenado Triumph, una pieza brevísima de Churchill que pretende ser una crítica burdamente camuflada de Trump y su ecosistema. En sesiones periódicas durante un mismo día, y a lo largo de apenas siete días, se pudo ver representada esta sátira en contra del poder representado en la muy distópica administración Trump. Sin duda, el hecho de que Cooke vaya a montar a escena una gran producción de Caryl Churchill ha propiciado esta colaboración en el Almeida.
La pieza, pese a ser breve, ha contado con repertorio de lujo. La escenografía, montada por encima de la de Golden Boy (el tremendo blockbuster de esta temporada que también está en cartel en el Almeida), se pinta en rojo, jugando entre el tema de la obra, un emperador omnipresente como en la Antigua Roma, y el color de los republicanos americanos. Sobre escena tres actores que lo dan todo en el breve espacio de tiempo en el que se representa la obra. Son Matthew Beard (el protagonista de la serie Vienna Blood, y habitual de la escena – participó jovencísimo en la emocionante Skylight). Kate O’Flynn (ganadora de un Emmy por la serie Widow´s Bay)es la protagonista de este mini metraje escénico. Lo dirige James Macdonald, célebre director de escena (Waiting for Godot) y televisión, que tiene una enorme sintonía con Churchill, de quien ha montado varias obras en el Royal Court Theatre.

En Triumph asistimos a quince minutos de obra, pero mereció la pena porque la producción artística ha puesto toda la carne en el asador. La obra tiene un toque distópico, con iconografía imperial que se mezcla con las ruedas de prensa de la portavoz de la Casablanca. Churchill escogió a una fiel portavoz que se enmascara tras una peluca rubia y que canta las loas del Imperator, una especie de semi dios, sabio y omnipresente. Como la realidad es más rica siempre que la ficción, el estreno se produce después de la breve misión en la portavocía de Katie Zacharia, que regaló al mundo un chiste absurdo sobre lo que es comunicar en la Casa Blanca. Zacharia sustituyó a la muy entregada Karoline Leavitt, que seguramente sirvió de inspiración a Churchill. Frente a las cámaras, a Leavitt (como al personaje de Triumph) no se le atisbaba una brizna de duda. La actriz Kate O´Flynn hace un papel poderosísimo como una americana entregada a su líder. En la obra de Churchill, la autora juega con el concepto moral de persecución ante los autoritarismos. Si primero fueron a por otros, acabarán yendo a por ti. Caryl Churchill ha querido ofrecer este grito escénico como forma de combate ante un gobierno, el de Donald Trump, que claramente encuentra intolerable.

La clá
www.lacla.es

