Llorar por llorar. Compañía Pez en Raya. Teatro Alfil Madrid.

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El periódico El País, en su edición de Madrid, tiene un apartado divertido en el que personajes famosos y profesionales de muchos ámbitos comparten sus sitios preferidos de la ciudad. La sección se llama “Los lugares de…” y hace fantasear al lector sobre los que uno elegiría. Pues bien, el cómico, actor, músico … showman Pablo Carbonell elige entre los suyos a la calle Pez (vid. Edición El País 14/9/2012) y ¿por qué? Entre motivos, y ahí va la cita, porque “está el Alfil, el off Broadway castizo”. Si alguien puede superar la definición, que levante la mano. El teatro Alfil es el salvavidas escénico en temporada estival. Cuando los teatros cierran por vacaciones, este clásico de Malasaña no te abandona. Ahora que el curso escolar ha empezado, lanza programación nueva y diversa, coincidiendo con un reciente lavado de cara. Adiós a la antigua página web y a las hileras de butacas. Los tiempos están para reinventarse, diversificarse y remar contra la subida del I.V.A.. Así que el Alfil ha decidido también darse un cambio de look y filosofía y atraer el plan nocturno entre amigos. Fuera las filas de butacas (¡¡revendamos lo que nos sobra en el cash – converter www.cash-converter.es!!) y dentro mesas iluminadas con velas.

La idea es acercarse a lo que hacen salas madrileñas como Clamores, Galileo Galilei o el Joy Eslava con los monologuistas de Paramount Comedy: ofrecer espectáculo y consumición. A estas alturas de la crisis financiera, y con el mundo de la escena temblando por los recortes, no sería justo condenarlo ni criticarlo. Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie, escribió Lampedusa en su novela El Gatopardo. Así que por mucho que se añoren las hileras de mugrientas butacas rojizas, es casi obligatorio apoyar a los gestores por seguir invirtiendo en traer espectáculos de comedia y por montar nuevas producciones. De todas formas, hay que aclarar que se han mantenido tres hileras al fondo para los nostálgicos del graderío.

Dicho ésto sobre el lifting del Alfil, abalancémonos sobre el espectáculo de Pez en Raya. Por fin el dueto cómico vuelve a la capital (la venía circunvalando, últimamente) y encima con nuevo montaje. Joan Estrader y Cristina Medina, a.k.a Pez en Raya, andan muy atareados y quizás por eso no hayan encontrado hueco en meses para pasarse de nuevo por el Alfil desde Lo Cerebro.  Sea como fuere, el caso es que ya están aquíiiiiii y se quedan hasta mediados de octubre. Traen una historia radiofónica de misterio, Llorar por llorar se llama, aunque mejor le iría Radio Misterio o Andanzas y desventuras de la señorita Flecha, su protagonista, una intrépida novelista de misterios seriados con aspecto de Venus de Willendorf (que se escribe con dos eles y una efe, según me sopla Wikipedia, y no como lo había escrito). Su partenaire es un locutor con mucho que ocultar debajo de la gabardina. La trama es inenarrable, ni siquiera para el más cronista más ducho en la ducha. Digamos que está en la línea de Sin noticias de Gurb o de El laberinto de las aceitunas, las dos de Eduardo Mendoza.

Y ahora un poco de lo guay y de lo menos bueno. Lo regulero es que a ratos se nota que Llorar por llorar necesita algo de rodaje y peluquería y un cortarse las puntas. No llega a ser tan esperpéntico como Lo cerebro, su anterior obra, pero con algo de confección en los diálogos y sketches el espectáculo quedaría más pulido. Lo guay son los gags enlazados, los trabalenguas (Ladies and Germany!!), los guiños a Groucho, la tontería continua, la enorme vis cómica de Cristina Medina y, sobre todo, la gran complicidad entre los dos componentes de Pez en Raya.

Pues eso, ahí va un truco nemotécnico: Pez en Raya, en la calle del Pez, hasta mediados de octubre en el off Broadway castizo: el Alfil.

 

La clá

www.lacla.es

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Referencias:
Teatro Alfil: www.teatroalfil.es

Pez en raya: www.pezenraya.com

 

Imagen:

Joan Estrader y Cristina Medina, Pez en Raya, en Llorar por llorar. Fotografía de Rubén Ballester, cortesía del Teatro Alfil.

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