Madrid ¡Viva la Bohemia! Los bajos fondos de la vida literaria. Exposición Museo de Madrid.

Hay, en estos últimos años, una meritoria reivindicación de la bohemia madrileña. Debería perpetuarse en el tiempo, quedarse como un icono cultural de nuestra ciudad. Si así fuera, es posible que algunos de los viejos cafés hubiesen sobrevivido en el tiempo. Intento no caer en la nostalgia, pero es una lástima haber perdido cafés como el Café del Prado, que antaño frecuentara Lorca, Buñuel o Picasso. Nuestra ciudad nunca fue buena preservando su historia arquitectónica. Miren si no la pérdida de La Pagoda, de Fisac, edificio construido en 1965. O la hilera de palacetes que delimitaban el cauce de esa ribera que es el Paseo de la Castellana.

Esta temporada 24/25 ha supuesto el éxito rotundo de la producción Luces de Bohemia de Eduardo Vasco en el Teatro Español. Desde febrero, el Museo de la Ciudad, en la madrileña calle de Fuencarral, acoge una exposición en torno a la Bohemia madrileña. Y hasta hace tan sólo un mes el Museo Reina Sofía dedicaba una monográfica al Esperpento.

La exposición del Museo de la Ciudad incluye un archivo gráfico importante, compuesto por fotografías, revistas y documentos. También por importantes pinturas de gran formato, destacando las del pintor Gutiérrez Solana. El relato hace un recurrido por una bohemia que se fue desarrollando de manera diferente. Hubo una bohemia fuertemente politizada, que nació de forma reaccionaria a una burguesía anclada en el privilegio y la tradición. La gran urbe fue el entorno natural en la que creció. París, Viena, Bruselas o Barcelona vieron el nacimiento de una nueva clase con aspiraciones culturales y transformadoras de la sociedad.

En Madrid esa bohemia también tuvo una corriente tabernaria y de cafés. Ese espíritu de decadencia modernista estuvo estrechamente vinculado al teatro. Muchos de los grandes bohemios eran no sólo intelectuales, sino dramaturgos.

La exposición del Museo de Madrid ofrece este relato dividido en cinco secciones. Hay lienzos estremecedores, como los de Gutiérrez Solana, que retrató la prostitución y a los chulos, sin idealizaciones. También estremecedor es el cuadro Tienda – Asilo, de Mateo Silvela y Caso.El recorrido termina con un homenaje a Valle Inclán, que retrató como nadie ese nuevo espíritu social en la pieza teatral Luces de Bohemia (1924).

La exposición puede visitarse hasta el verano e incluye todo tipo de actividades paralelas.

La clá

www.lacla.es

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