L´Inframón (El inframundo). Teatro Lliure, Barcelona.

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L´Inframón es una pieza que recorre, como lo hace un funambulista, una cuerda fina que se alza sobre un abismo. El tema central es la pederastia en Internet, así de crudo. La autora, Jennifer Haley, escribió este thriller de ciencia ficción, The Nether, en 2012. La pieza se montó primero en Los Ángeles, y fue estrenada el año pasado en el West End londinense.

Con dirección de Juan Carlos Martel Bayod, L´Inframón es la versión catalana de esta historia criminal, y ha servido como pieza de estreno de la temporada del Teatre Lliure del Barrio de Gracia, en Barcelona. Cuenta con un reparto potente, compuesto por Andreu Benito, Joan Carreras, Víctor Pi y Mar Ulldemolins. En el papel de niña, se turnan Gala Marqués y Carla Schilt. Tres de los actores, Andreu Benito, Joan Carreras y Mar de Ulldemolins coincidieron en un montaje no muy lejano en el tiempo, y de temática mucho más amable, Maridos y Mujeres, en la Villaroel.

En una sociedad futura, la realidad virtual y las conexiones digitales han poblado el mundo que hoy conocemos hasta el punto de crear dos realidades, la de arriba (la física), y la soterrada, un inframundo en el que también es posible desarrollarse como persona. El comercio, la industria y hasta la educación han prosperado en ese otro mundo. Uno puede ser profesor de física, como el personaje de Víctor Pi, tanto en las universidades físicas como en las virtuales.

Para ese otro mundo la sociedad todavía no ha sido capaz de establecer reglas de juego ni de controlar su desarrollo, y en esa indefinición de barreras ha crecido el horror. Claramente existe una conexión absoluta con estos años en los que, primero a través de la redes peer-to-peer, y ahora mediante la llegada del Internet de las cosas y el Big Data, se está produciendo un cuestionamiento casi ético sobre los límites que debe regir la eclosión digital. The Nether, escrita por Jennifer Haley, no condena la tecnología, sino la conducta del ser humano. Y como eje central, debate algunos de los elementos que giran en torno a la penalización de las actuaciones del individuo. ¿Existe daño a la persona cuando el delito se produce entre avatares digitales?, ¿es el ánimo de lucro lo censurable, o debería serlo también la conducta en sí?, ¿tenemos derecho a un entorno de privacidad no controlable?…

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Para entender estos dilemas, hay que despiezar en parte la trama, no sus giros finales. En un escenario aséptico, casi quirúrgico, un agente de la autoridad, interpretado por Mar de Ulldemolins interroga a Sims (Andreu Benito), un rico empresario, al que acusa de delitos de pederastia cometidos en una realidad digital, el inframundo. Sims es un tipo soberbio, un producto habitual en nuestro entorno más próximo e incluso reciente (que ha entronado y endiosado a los triunfadores).

Las narraciones escurridizas de Sims son similares a las que últimamente se escuchan en los juicios mediáticos de altos ejecutivos en el telediario. Andreu Benito, con gesto impasible, es capaz de justificar lo injustificable en su personaje. Es tal su falta de escrúpulos, que cuando más acorralado está, llega a espetar a la investigadora que ha creado ese mundo virtual para no dañar a sus personas más cercanas (y reales). La interpretación de Benito es estremecedora, pasa de la fría altivez a la amenaza, y con gran sutileza de tono y gestos es capaz de transmitir la perversión que enmascara.

Gran parte de la pieza es para Mar de Ulldemolins, que es quien debe ir generando el debate filosófico y moral, mientras describe las claves que rigen el inframundo. En ese hieratismo y seriedad en los interrogatorios, es donde destaca. El desenlace final quizás sea demasiado abrupto para encajar el derrumbe del personaje, lo que me hace pensar que la trama se sostendría perfectamente sin la doble vuelta de tuerca.

La valentía de la obra es que no se queda en el cara a cara entre Sims y la detective. Azota con tres personajes adicionales. La estremecedora interpretación de la niña (a cargo, por turnos, de las actrices Gala Marqués y Carla Schilt), que provoca una incomodidad casi límite. La dirección de Juan Carlos Martel ha sido exquisita en traslucir sólo lo tolerable, pero la trama y el texto son duros, y en ningún caso se oculta que los protagonistas son temibles pedófilos.

Los otros dos personajes de la obra son un atormentado profesor de física, interpretado por un acertadísimo Víctor Pi, en un gesto constante de derrumbamiento, pero con una violencia verbal por la que se filtra la miseria del personaje. Andreu Benito da el contra tono en el infierno, y aunque es cliente de la terrible casa victoriana creada por Sims para dar rienda suelta a sus fantasías, su presencia es de un tono pausado y suave, para bajar la intensidad dramática.

Junto con la altísima calidad de dirección e interpretación, hay que destacar al último personaje de la obra: la escenografía. La dramaturga ha creado un inframundo que es una casa victoriana hecha de bytes, en la que habitan sucesivas niñas – avatares de aspecto también victoriano. Son Alicias atrapadas en un país lejos de ser el de las maravillas.

Con este barroquismo intuyo que Jennifer Haley tuvo como intención mostrar el interior de los personajes, por fuera corrientes, y por dentro siniestros y oscuros. Para subrayar este efecto, el escenógrafo Alejandro Andújar ha creado una caja transparente tipo tráiler, muy similar a los terroríficos animales en formol y los cubículos del artista plástico Damien Hirst. El mundo virtual se proyectará, primeramente, en gráficos 3D, pero luego se mostrará en un escenario rojizo. Se sobrepone así la realidad quirúrgica e incisiva de los interrogatorios, en primera escena, con el infierno rojizo y victoriano que se desarrollará en un segundo plano.

La producción del Lliure de L´Inframón se desarrolla en una tensa hora y media que mantiene al público paralizado contemplando el horror que se desarrolla impune en el inframundo. Aunque los verdaderos miedos nacen de la percepción de que la tecnología está acorralando muchos de los principios ya sentados en sociedad. Con una puesta en escena muy potente, L´Inframón logra impregnar la sala de desasosiego y repulsión, rozando incluso el miedo. Son estas sensaciones extremas las que provocan en el espectador una reflexión circunspecta sobre el género humano. Quizás no hayamos desarrollado todavía la madurez suficiente en sociedad para adoptar todas las posibilidades que oferta la tecnología.

La clá

http://www.lacla.es

 

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Teatre Lliure

http://www.teatrelliure.com/es

Damien Hirst

http://www.damienhirst.com/the-collector

Imágenes cortesía del Teatre Lliure.

 

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