Bilbao Square. Centro Danza Matadero.

 

La coreógrafa y bailaora María Pagés estrena espectáculo por primera vez para el Centro Danza Matadero, con el nombre de “Bilbao Square”, título que tiene algo de castizo y de global al mismo tiempo. Bilbao Square es la glorieta de Bilbao, a la que llegó Pagés desde Sevilla con quince años para formarse con maestros del Ballet Nacional o del estudio de flamenco, Amor de Dios.

La colaboración del Centro Danza Matadero y la producción de María Pagés Compañía y el Teatro Victoria Eugenia ha sido, como se dice ahora, un “match” absoluto. Qué gusto da cuando los artistas hacen que el espacio reme a favor de la puesta en escena. Con una sencillez absoluta de recursos artísticos, esta propuesta de baile se basa en una negrura honda que arropa el paisaje artístico. Negrura en el espacio, negrura en el ropaje que permiten un movimiento sutil de los músicos en cada composición artística. Menudo trabajo de quitarse el hipo ha hecho Bernat Jansá a cargo de la dirección de iluminación. Esa es otra de las constantes del trabajo innovador que hace María Pagés; consiste en cuidar hasta el detalle todos los elementos de escena. Les digo que con guitarra, cante y zapateado se llevaría parecidas ovaciones, pero ella ha sabido elevar sus espectáculos a un nivel de plasticidad que nos deja atónitos.

Pagés colabora de nuevo con el dramaturgo El Arbi El Harti (ya lo hizo con De Sheherazade) que compone, a través de una serie de escenas, los recuerdos y pasajes de ese viaje de aprendizaje y crecimiento de la bailarina. Con una maleta mínima viajó del sur a un Madrid imbuido de vitalidad ochentera, con yupis y personas de la movida compartiendo aceras. Esa plaza de Bilbao, nos cuenta Pagés sobre el escenario, sería su primer teatro. La obra empieza y termina con María Pagés compartiendo el contexto de esta pieza.

Su entrada pilla de sorpresa a todo el público, y los primeros momentos tendrán ese carácter íntimo, casi confesional, de la artista y sus primeros años en Madrid. En esa complicidad con el público, hasta se permite apelar a Alberto, “a ver, Alberto, ¿cómo lo verías tú?…”. Es el fin de semana de la locura del estreno “La bola negra” y el dramaturgo Alberto Conejero (autor de La piedra oscura y coguionista con los Javis de la película) lo celebra yendo a ver La Pagés. Y la bailaora le dialoga, improvisando con cierta gracia, justo en el arranque de la función.

En su monólogo inicial la creadora nos habla de sus primeras profesoras, del manto que le regalaron (de esos que pesan) y del bastón de su bisabuelo. Todos estos recuerdos narrados encuentran luego su espejo en la danza con el mantón (apabullante con sus giros, que a ratos recuerdan a los de Loïe Fuller), con los libros (ya lo hizo en De Sheherazade) o con el bastón. María Pagés nos comparte que ella, a esa edad adolescente, sentía por dentro que quería rabiar y arañar, pero que esa pasión es la que la profesión le enseñó a domar. “Lo nuestro”, es decir, lo de los bailarines, es la contención y mucho temple, cualidades que la repetición y el ensayo está visto que multiplican por mil. Precisamente, eso es lo que representa la escena del bastón. Los toques secos en el suelo evocan el rigor de todos los profesores de su vida, la herencia artística de la tradición flamenca. Su taconeado esquiva el rítmico toque del palo sobre el suelo y dibuja lo que es su impulso creativo que, en su trayectoria artística, le ha llevado a sobrevolar lo clásico.

La producción de “Bilbao Square” es, en conjunto, un recorrido lírico por los años de una aprendiz de baile, que mezcla ratos alegres con la compostura y la seriedad del esfuerzo y del agotamiento. María Pagés despliega su virtuosismo con castañuelas, taconeo, abanico y mantón. La altura del espectáculo, y la recepción unánime del público emocionado (se escapan aplausos y olés), se debe a un trabajo muy bien trenzado con dramaturgia, escena, música, cante y baile. Entre los acompañantes de escena, destacan Rubén Levaniegos como guitarrista y la cantaora Ana Ramón, con la que la Pagés lleva trabajando años. No quedan entradas para el Centro Danza Matadero pero la Pagés, como su maestra María Rosa, seguro gira y mucho. Traten de alcanzarla.

La clá

www.lacla.es

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