Marcos Ordóñez. Encore.

Ha fallecido Marcos Ordóñez (Barcelona, 1957-2026), el gran crítico teatral de esta edad contemporánea. Escribió muchos años para El País, y leer sus crónicas de fin de semana para el Babelia era una de las cosas buenas que deparaba el fin de semana. Sus críticas eran siempre sabias, sencillas, abiertas y con una gracia propia, que lograban que se leyeran en un santiamén. Era un enorme admirador del trabajo actoral, y siempre tenía el buen gusto de incluir al elenco, incluso cuando no podía detenerse a escribir sobre cada uno. Sabía que su pluma tenía mucho peso, y que la sóla mención de Marcos Ordóñez servía para que alguien recortase la crítica y la pegase en la vitrina o el tablón del recinto teatral.

Tenía además cierta sorna y guasa, y no podía evitar que se le notasen las querencias cuando hablaba de sus amigos, Mario Gas y Vicky Peña (a quien se refería como Gran Dama). Con ellos había compartido los vibrantes años de teatro barcelonés clandestino y de vez en cuando se colaba alguna batallita de aquella época. Tenía una memoria prodigiosa, y era capaz de hilvanar distintas producciones, antes de que los buscadores de Internet facilitaran la labor.

Coincidí mucho con él en una butaca de patios, y me divertía tratar de adivinarle algún gesto, pero siempre fue tremendamente educado. Le conocí en el año 2011 cuando firmaba ejemplares de Telón de fondo (Libros del Asteroide, 2011) en la Feria del Libro de Madrid. Estuvimos charlando, yo empezaba a escribir crónica teatral a través del blog. Le declaré como José Luis López Vázquez, ser admiradora, esclava, amiga y sierva. Le hizo gracia la ocurrencia y compartimos risas. Luego le saludaría cada vez que me topaba con él en algún teatro, que intentaba, por cierto, no pisar en estrenos. Pienso que con su socarronería se reiría en su epitafio por haber dejado el mundo a los 69.

Leo en Instagram historias de actores, dramaturgos y gentes del teatro que le vienen dedicando bonitas palabras. Yo confieso que ante la duda recurro continuamente a sus crónicas publicadas en El País, donde rescato opiniones suyas sobre compañías y montajes. Quiero imaginarle ahora en una obra de Sondheim, disfrutando desde su butaca, libreta en mano y gorra en regazo, cantando las canciones de Follies. Nos regala el encore de los reconocimientos que se publicarán estos días por parte de la comunidad teatral que tanto le respetó. Gracias por enseñarnos a mirar teatro, qué suerte que compartieras con nosotros.

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