Ceremonia de inauguración de las Olimpiadas Londres 2012

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De vez en cuando se cuela en este espacio de crónica teatral, La clá, alguna bizarría escénica. La ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres 2012 (emitida por Televisión Española) sorprendió por su fuerza musical y por algo más inesperado: su presencia teatral. A la luz de las críticas periodísticas, parece unánime que el director de la gala, el cinematográfico Danny Boyle, ha pasado con notable la prueba. En España, no obstante, lo cierto es que no causó sensación. Las encuestas online de periódicos como El Mundo y La Vanguardia ofrecen resultados bastante atemperados y la mayoría de las reseñas se limitan a destacar que la ceremonia fue correcta con algún momento intenso, sin más.

Entre todas las impresiones leídas, destaca por su lucidez la de la periodista del británico The Telegraph, Bernardette McNulty. Su artículo (que se puede leer, por cierto, a través de Internet: http://www.telegraph.co.uk/sport/olympics/london-2012/9433039/London-2012-Opening-Ceremony-first-review.html ) arranca diciendo que las ceremonias olímpicas son, artísticamente, “bestias extrañas”. Desde el punto de vista de la producción, se construyen a la vez como espectáculo escénico y como programa televisivo dirigido al público global. Combinan elementos técnicos muy variopintos (circo, danza, música, neones, fuegos…) y contienen un mensaje complejo que pretende aunar la filosofía olímpica con un mensaje de bonhomía global y con algún tipo de reafirmación nacional del país que acoge los Juegos. Este cóctel, reflexiona McNulty, hace que las ceremonias inaugurales sean algo profundamente surrealista. ¡Cuánta razón!.

El caso es que la ceremonia de los Juegos Olímpicos es una algarabía moderna que mantiene aún algún vínculo con sus orígenes históricos. En la antigua Grecia, el primer día de la competición se celebraba con un desfile de carros con jueces y trompetas. Una especie de pregonero, el heraldo, anunciaba el nombre de cada deportista, el de su padre y el de su ciudad de origen. El salto a la modernidad de los Juegos se produce siglos después, en la transición del siglo XIX al XX cuando se funda el Comité Olímpico Internacional. Una de sus figuras claves es el Barón de Coubertin, a quien se atribuye el diseño de los aros olímpicos. Las primeras Olimpiadas televisadas fueron las organizadas por el gobierno nazi en Berlín 1936. Se encomendó la grabación del evento, entre otros, a Leni Riefenstahl. El resultado de las filmaciones fue el documental oficial “Olympia”, finalizado dos años después. Sus méritos artísticos (no su ideario) son todavía hoy alabados. Durante la competición los alemanes pudieron seguir las pruebas en veinticinco salas televisivas habilitadas en el área metropolitana de Berlín.

Desde entonces la ceremonia se ha ido sofisticando hasta convertirse en un macro-espectáculo, a ratos cerca de los premios de música del canal MTV, en otros próximo a los espectáculos de luz y sonido de fin de fiesta local y, sin duda, con momentos intercalados de desfile militar comunista. En 1992 la compañía teatral La Fura dels Baus abriría el camino de lo que luego sería su evolución artística realizando el encargo de Mar Olímpico en la apertura de los juegos de Barcelona ´92. Su concepción visual (con hombre-máquina nietzscheano incluido) catapultaría a los catalanes como maestros de montajes públicos monumentales. El grupo Els Comediants también destacó en la clausura de los Juegos con su homenaje al fuego, los demonios, las estrellas y el fuego.

En Pekín 2008 el despliegue de luces led y fuegos artificiales apabullaron al público mundial. China quiso epatar con su poderío lumínico, tratando de demostrar, por analogía, su músculo económico. Los productores de la gala fueron hábiles en la creación de imágenes icónicas (como el recorrido volátil con antorcha olímpica) que perpetuarían la visión de China como país introducido en la vanguardia tecnológica y económica.

Londres 2012 jugaba con desventaja frente al “gigante asiático”. Imposible competir con una batería tan brutal de fastos, así que a todos intrigaba qué serían capaces de hacer las viejas islas. De Danny Boyle, director de Trainspotting, 28 días después y Slumdog Millionaire, se esperaba un espectáculo que se decantase por lo audiovisual ayudado, no podía ser de otra forma, por la banda sonora de la música pop británica. Sus películas, y su maestría a la hora de sincronizar canciones con escenas visuales (piensen en Ewan McGregor corriendo de la policía e Iggy Pop sonando de fondo con Lust for Life), eran sus grandes bazas y una apuesta segura a la hora de montar el espectáculo. El hecho de que el también director de cine, Stephen Daldry, participase en la producción, parecía reforzar la hipótesis. Bien, pues ésto fue así en muchos momentos de la ceremonia de inauguración de los juegos de Londres 2012, pero no en el total. Lo sorprendente es que Boyle apostó por la escenografía y el lenguaje teatral para muchas de las escenas del espectáculo, más incluso que por los momentos cinematográficos (que también los hubo). Este recurso, sumado a las continuas referencias a grandes de la cultura británica (Blake, Milton, Shakespeare…) y a la narración histórica del país como elemento conductor de la puesta en escena, hicieron de la ceremonia un montaje multimedia de muy alto nivel cultural. Tratando de explicar cómo un creador conocido por escenas icónicas de tipo punki y underground se decantó por la tradición británica teatral para celebrar los Juegos de Londres 2012, acudimos a la búsqueda de la trayectoria de Boyle. En este ejercicio Google nos descubre que su carrera se inició y continuó en el teatro, en concreto en la Joint Stock Theatre Company, hoy extinta, pasando luego por la Royal Shakespeare Company. En el caso de Stephen Daldry el descubrimiento es aún mayor. El director de Billy Elliot y Las horas tiene una solida trayectoria teatral como director escénico. La decisión, por tanto, de elegir a Boyle como cabeza del montaje fue políticamente correcta. Tanto Boyle como Daldry conjugan el reconocimiento internacional con la experiencia cinematográfica y teatral, por lo que sus méritos previos eran incuestionables. El resultado estuvo a la altura de las expectativas.

Ahora bien, ¿cómo conseguir que una ceremonia inaugural de una competición deportiva alejada de los bailes sincronizados llegase a emocionar al espectador? El truco de Boyle (y Daldry) fue mirar hacia el teatro. Primer impacto: una escenografía muy verde de una comarca inglesa en la que, salvo hobbits, había de todo: gansos, pastores, carruajes, cricket… Todos laborando y jugando mientras se esperaba el comienzo. Una campana gigante dio la señal de comienzo y a partir de ahí comenzó una representación dedicada por Boyle a todos, This is for everyone, fue el lema escogido. El primer pescozón emocional fue la interpretación musical de Jerusalem por varios coros infantiles en distintos lugares de las islas. Entretanto, los habitantes de la verde pradera correteaban por una idílica colina (como la de Winnie the Pooh). Finalizada la escena, entraron en acción cincuenta hombres decimonónicos de altos sombreros de copa y gesto concentrado. Representaban la ingeniería civil que daría paso a la revolución industrial que cambió el paisaje de las islas. Todos caracterizados como Isambard Kingdom Brunel (1806-1859) ingeniero británico que construyó máquinas de vapor, puentes y túneles y que revolucionó el transporte público con el primer gran ferrocarril.

En este momento de transición, el actor Kenneth Branagh interrumpe en medio del paisaje rural, vestido como Brunel, para recitar los versos de Caliban en La Tempestad de Shakespeare:

Be not afeard. The isle is full of noises,
Sounds, and sweet airs, that give delight and hurt not.
Sometimes a thousand twangling instruments
Will humabout mine ears, and sometime voices
That, if I then had waked after long sleep
Will make me sleep again; and then in dreaming
The clouds methought, would open and show riches
Ready to drop upon me: that, when I waked,
I cried to dream again.

Versos bellísimos, aunque descontextualizados, pues Caliban es un personaje shakesperiano mitad hombre, mitad bestia, asesino y, para quien lo sospechase, inspirador del Golum de Tolkien. En boca de Branagh las palabras ofrecen un nuevo sentido enaltecedor del país organizador de los juegos, aunque en la obra de Shakespeare sean un canto de desesperación de un personaje atrapado y atormentado, muy cercano al Segismundo de La vida es sueño. Fue la referencia dramática más clara de la noche, pero no la única.

 

Con la aparición de los ingenieros se produjo el cambio escenográfico más impactante y visual. Los campesinos recogían bártulos y pastos mientras los trabajadores de enormes fábricas, con la cara de manchada de hollín, marcaban la entrada de la revolución industrial. El cambio de escenario se produjo como parte de la acción narrativa de la ceremonia. Durante la construcción de las altas e impactantes chimeneas se sucedieron pequeñas acciones conmemorativas de grandes hitos históricos: sindicatos, sufragistas, combatientes, soldados, los Beatles… Todo al toque de la música del dueto electrónico Underground con el que Boyle ha colaborado en sus dos películas más afamadas, Trainspotting y Slumdog.

Finalizó la escena con la forja de los anillos olímpicos.

Los siguientes tres actos de la ceremonia fueron hábiles y divertidos, y claramente dirigidos a entretener y asombrar a un público de masas. El primero fue un homenaje al poder atrayente de la monarquía británica y también a la capacidad de reírse de sí mismos conservando la altivez. La famosa flema británica. Daniel Craig, agente 007 al servicio de su Majestad, recoge a la Reina Isabel II de palacio para saltar con ella (sólo esta parte fue ficción) en paracaídas. Nuestra monarquía, anclada en el españolismo negro de Felipe II para algunas cosas, no se hubiera prestado al divertimento. El segundo gag de la noche fue para el cómico Rowan Atkinson. Al mono-acorde de la banda sonora Carros de Fuego de Vangelis, realizó un sketch de Mr. Bean en el que ensueña ser velocista olímpico entrenando en la playa de St. Andrew. Entre estos dos gags hubo un momento escénico dedicado a la infancia con recursos visuales más manidos. Ahora bien, ver a los ingleses sacando pecho mundialmente de su sanidad pública fue un acto verdaderamente revelador.
Con la ceremonia ya bien avanzada y habiendo cogido velocidad de crucero, fue el momento de explotar la librería musical pop y dar un salto generacional a la modernidad, con una sucesión de homenajes a los punkies, las series televisivas y a los fluorescentes ochenta. Todo a través de la historia frankie and june say … Thanks Tim. Este largo número musical, perfectamente convertible en anuncio televisivo o vídeo de artista pop, fue un mirar hacia tiempos presentes. Los protagonistas son dos jóvenes ingleses de distintos orígenes, Frankie y June, que viven una relación de flirteo al sonido de Queen, The Prodigy, Sex Pistols, etc. y a toque de redes sociales. La sucesión musical desde los 60, 70, 80, 90… hasta hoy es también un rápido repaso a los grupos sociales que se han ido sucediendo en el país y que hoy forman una sociedad multi-cultural con Londres como su máximo exponente.

En este punto de la ceremonia se notó la concepción puro-Broadway del espectáculo. Después de un ritmo intensísimo llegó el momento pausado y melancólico de homenaje a los difuntos. Al himno de Abide by  me, compuesto por el escocés Henry Francis Lyte a finales del XIX, un grupo de bailarines ejecutó una coreografía compuesta por el londinense, de origen Bangladés, Akram Khan. Quizás este bonito número no caló tanto como el resto, aunque Boyle pusiera lo mejor de su arte cinematográfico para que se captaran los colores y arenas empleadas en la danza.

Finalizado el primer gran bloque, dio lugar el paso de representaciones deportivas nacionales. Muy comentados fueron los tambores que forzaron el paso de las comitivas. Aquí los comentaristas de TVE de la gala, María Escario, Paloma del Río y Ernest Riveras, pudieron explayarse. En declaraciones posteriores reconocieron que trataron de no interrumpir con sus palabras la música y el espectáculo que se observaba. Quizás no fueron los mejores reporteros para este espectáculo, pero sus méritos profesionales son incuestionables. Paloma del Río ha hecho que generaciones nos aficionemos a deportes menos populares, transmitiendo las habilidades técnicas de la gimnasia o el patinaje.

Tras el ineludible deambular de deportistas abanderados (de eso trata, más que de ninguna otra cosa, la ceremonia de inauguración), vino el último número escénico con sonido de los Artic Monkeys con su conocidísima canción I bet you look good on the dance floor y una versión de Come together de The Beatles con una vistosa coreografía de bicicletas aladas. Y final de fiesta con una propuesta elegante de encendido del pebetero y con Paul McCartney cantando Hey Jude (por cierto, mucho Beatles en esta inauguración y poco Rolling, ¿quizás para la clausura?…).

Rememorando todos los números del espectáculo, hay varias cosas que es necesario meritar a Boyle y a todo su equipo escénico. La primera, el abandono del aburrido y manido recurso a las hileras soviéticas de secundarios realizando bailes coreografiados con efectos de colores. La plaza del estadio londinense fue, por el contrario, un bonito ejercicio de caos perfectamente sincronizado en el que miles de hormigas humanas subían, bajaban, aparecían, desparecían, jugaban… Todos muy concentrados, lo que se dice “metidos en el papel”, con el objetivo de que la realización televisiva no pillara a nadie en un renuncio. Cualquier escena que se enfocara ofrecía una mini-interpretación de mineros, pastores o empresarios sin ningún actor que, por un momento de fama, olvidase su papel y optara por mirar a cámara. Como fondo la música de acompañamiento, sello de la casa Boyle. Así pues, frente al orden y al despliegue coral de Pekín 2008, la ceremonia de Londres 2012 presentó un caos escénico de multitud de intérpretes con fuertes raíces culturales. Cualquiera que acuda a una representación de una compañía británica actual (Cheek by Jowl, Propeller, Complicite..) podrá disfrutar de maestrías escénicas similares. Felicidades a Boyle y a su equipo por mirar al teatro en su propuesta de Londres 2012.

La clá
www.lacla.es

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Referencias:

Londres 2012, página oficial de los Juegos Olímpicos:
http://www.london2012.com/

London 2012 Opening Ceremony, first review. Bernardette McNulty. The Telegraph 27 julio 2012.
http://www.telegraph.co.uk/sport/olympics/london-2012/9433039/London-2012-Opening-Ceremony-first-review.html

Encuesta del periódico El Mundo: ¿Le ha gustado la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos?
http://www.elmundo.es/elmundo/debate/2012/07/4909/prevotaciones4909.html

Encuesta del periódico La Vanguardia: ¿Te ha gustado la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres?
http://www.lavanguardia.com/participacion/encuestas/20120728/54330511420/te-ha-gustado-la-ceremonia-de-inauguracion-de-los-juegos-olimpicos-de-londres.html

Leni Riefenstahl – página de la fotógrafa y realizadora alemana:
http://www.lr-produktion.de/

Comité Olímpico Internacional. Archivo histórico:
http://www.olympic.org/berlin-1936-summer-olympics

Ceremonia de apertura de Pekín 2008:
http://www.olympic.org/content/Olympic-Games/All-Past-Olympic-Games/Summer/Beijing-2008/Calendar/Opening-Ceremony/

Grupo teatral Els Comediants – Barcelona 92:
http://comediants.com/?p=947

Grupo teatral La fura dels baus – Barcelona 92:
http://www.lafura.com/web/cast/historia.php#

Imágenes por cortesía de Londres 2012

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