Los Mariachis. Teatros del Canal, Madrid.

 

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Los Teatros del Canal han habilitado un nuevo espacio escénico, la Sala Negra, en el que se han visto algunos de los mejores montajes de su programación 17/18. Subiendo por los ascensores se llega a la última planta, recorriendo oficinas y espacios secretos, hasta llegar a una amplísima sala, inicialmente de ensayos, pero con una dotación técnica y una amplitud que para sí quisieran muchas salas alternativas.

El escenario de esta producción es una habitación abigarrada de una casa en la que nevera, televisión, estantería, retratos y algún trasto, se apilan. Sobre una mesa de cocina hay unos botellines vacíos. En esta estancia (que representa un poco las casas que todos hemos conocido en alguna parte de nuestra biografía) se desarrolla “Los mariachis”, la nueva obra escrita y dirigida por Pablo Remón.

La historia es feroz. En un pueblo castellano tres hermanos en edad adulta hablan de las fiestas del pueblo. Su aspecto es ordinario, tienen un deje en el habla que les delata como habitantes de la “España vacía” que nos presenta Remón. En unos diálogos intrascendentes, de una cotidianidad absoluta, se perspiran los fracasos personales. Uno acaba de divorciarse, el otro tiene pinta de trapichero, el último está más preocupado por los cabezudos de las fiestas, que por su familia. A esa casa llega un hombre con sombrero de Pluto, acabado, finiquitado física y moralmente. Es un antiguo socio de la peña del pueblo, Los mariachis. Ahora regresa como político acusado de corrupción y denostado por el partido.

Así contado parece una narración lineal, y podría haberlo sido, pero Remón no ha querido que fuese así. Le interesa que prestemos atención a las conversaciones insustanciales, porque en ellas hay tanta verdad como en la historia de sus protagonistas fracasados. Lo de descubrir qué sucedió con aquel politicucho, ya llegará.

Israel Elejalde, que siempre tiene un profundo toque de gravedad, clava la amargura y la actitud “a-mi-ya-me-la-sopla” del protagonista. Luis Bermejo es un actor simplemente extraordinario, de esos que rondan en infinidad de películas, series y montajes teatrales (ha sido rostro habitual de la compañía Animalario). En Los mariachis regala su versatilidad con los acentos, con unos atributos vocales que son capaces de recrear más aire de pueblo que cualquier otro elemento de la narración dramática. A través de su fijación por las fiestas se levanta ese ambiente de opresión castellana del que salió para prosperar el político que ahora retorna, cabizbajo. Francisco Reyes, con su enorme corpulencia, escandaliza con la suavidad con la que es capaz de irradiar comicidad por todos los poros. Da igual si el personaje es un productor de cine (El tratamiento, también de Remón), o el de un simple colgado. Emilio Tomé se desdobla, de forma radical, en muchos. En el primo abandonado sentimentalmente, y en el hijo tocado y decepcionado de por vida.

A Pablo Remón se le nota el audiovisual por los siete costados. Hace un teatro cinematográfico. Con textos que parecen guiones de Tarantino, y con unos ademanes escénicos (música, escenografía, interpretaciones) que emparientan con la clásica road-movie americana. La pobreza huele, dice uno de los protagonistas. Y ese ambiente de secano, de fiesta patronal con San Pascual Bailongo, de botellines tirados y hasta de una gorra de Pluto, son dardos visuales para recrear una historia de telediario, ambientada en Castilla, con unos tremendos actores, y un texto que culebrea y remata.

La clá

http://www.lacla.es

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Los mariachis. Teatros del Canal.

http://www.teatroscanal.com/

Imágenes cortesía de los Teatros del Canal.

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