Lisístrata. Festival de Mérida, edición # 56.

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Ha sido la Lisístrata de Jérôme Savary el acontecimiento teatral del verano. El foco escénico suele desplazarse en los meses de julio y agosto hacia los festivales teatrales, entre los cuales el más concurrido y festejado suele ser el de Mérida. Este año, sin embargo, sólo una producción ha sido pensada, imaginada y realizada para el Teatro Romano: Lisístrata. Sus productores y cómicos estarán orgullosos: la hazaña ha sido recompensada con el exitazo de concurrencia, las risas del graderío y el interés mostrado hacia este montaje por la prensa y los tótems de la crítica.

Algunas claves para entender el bullicio mediático: el mensaje moderno y vigente de la comedia política de Aristófanes, el lúdico montaje de Savary (con el vistoso pecho Made in Germany de Lisístrata) y el enorme Paco León.

Vale la pena comenzar por una breve referencia al texto clásico. Lisístrata data del año 411 antes de Cristo. Atenas y Esparta andan metidas en una guerra larga y duradera. En este contexto, el poeta cómico Artistófanes idea una solución para el conflicto bélico que liderará su heroína, Lisístrata: el abandono de las mujeres griegas a sus maridos hasta lograr el fin de la guerra. Y más concretamente: la dejación de funciones en el nicho conyugal. Esta revuelta femenina, manifestada en la imposición de la abstinencia sexual, sirve de causa común a las mujeres atenienses (Lisístrata, Cleonice, Mírrina), espartanas (Lampito), beocias y corintias, para acabar con el despropósito de las armas. La obra de Aristófanes destaca por su moderno feminismo (no exento de una visión paródica de la mujer) y por su mensaje anti-belicista. La unión de estos dos planteamientos convierte a Lisístrata en una lúcida y valiente heroína, cuyo mensaje continúa siendo terriblemente moderno pese al transcurso de los siglos y a las transformaciones sociales producidas desde los tiempos de la Grecia Clásica.

De una parte, Lisístrata reivindica la participación de las mujeres en la vida social haciendo valer su labor de administradoras del oikos: ese mini-núcleo social que constituía en la polis griega la casa y la unidad familiar y cuya gestión recaía en la mujer. La llevanza de esos asuntos domésticos legitima a las mujeres a intervenir en el gobierno de la ciudad, defiende Lisístrata, en especial cuando la guerra está dinamitando los hogares griegos. Es esa segunda visión, la de la guerra vista desde las trincheras de las casas, la otra gran batalla de la heroína. Lisístrata defiende apasionadamente la lucha desconocida que la guerra trae consigo. Una batalla muda y sin ruidos de armas: la que viven las madres y esposas en sus hogares viendo partir a los hombres que han parido, a sus maridos, todos hacia un destino mutilado. Son estos dos mensajes los que perviven a lo largo de los siglos y los que convierten a Lisístrata en una luchadora social, reivindicativa y vigente.

El segundo pilar del éxito de la Lisístrata vista en la edición número 56 del Festival de Mérida es el propio montaje de Jérôme Savary. El escenógrafo franco-argentino ha puesto en escena su versión de la obra de Aristófanes, primero con una necesaria adaptación del texto, apolillado en muchos pasajes pese a su vivo mensaje. A continuación lo reinventa colocando a un elenco de hombres en el papel de mujeres y dando entrada a actrices transexuales, como Carla Antonelli, algo excesiva en el papel de La Corifea. El resultado es un cocktail de hombres barbudos que hacen de mujeres, hombres que son mujeres en el papel de mujeres, hombres que interpretan a machos muy machos y un hombre, Paco León, que es y vive a Lisístrata como una mujer. Esta mezcla explosiona en una ruptura del rol masculino-femenino que acaba por convertir a todos los intérpretes en escena en seres multi-sexuales. Para lograr la digestión de la propuesta, Savary encuentra a un aliado, el propio Aristófanes, cuya Lisístrata, no hay que olvidarlo, es una parodia cómica, una exuberante fiesta en la que encajan perfectamente los guiños a las reivindicaciones lúdicas del Orgullo Gay, a sus drags y sus musas. Pero hay que destacar otro aspecto de la puesta en escena de Savary: su adaptación al medio. La habilidad del montaje es la introducción de guiños locales, españoles y extremeños, al texto y, por encima de todo, el dominio del escenario del Teatro Romano de Mérida. Con seguridad la Lisístrata de Savary no aguante su representación en cualquier otro escenario teatral porque esta producción está planteada para ser vista en Mérida. Las vestimentas, el paseo escénico de los actores, los números musicales, la exageración de los diálogos, el pecho Janet Jackson de Lisístrata… todo ello hace de la representación un macro-espectáculo al estilo de un concierto musical pop, que muy mal llevaría su reclusión en una sala convencional de teatro. Lo que ha ofrecido Savary es un espectáculo gay (en su acepción de “alegre”), colorido y pop pensado sólo para Mérida, algo por lo que los organizadores y fieles del festival le deben estar muy agradecidos.

Y finalmente: Paco León. Comienza Lisístrata con un grito sobrecogedor, “¡Qué ájco de Guerraaa!” que nos enseña lo que todos sabemos: que los mejores cómicos (José Luis López Vázquez, Alfredo Landa, Jack Lemmon…) son capaces de grandes papeles dramáticos. No es el de Lisístrata un papel trágico, pero esa entrada inicial, que pronto se transforma en risa (y qu´ ájco de tabaco), vaticina el poderío desplegado por Paco León en toda la obra. Se mueve, contonea, gesticula, habla y comporta el actor como la propia heroína de Aristófanes. Es, en su papel, combativa y divertidísima y centro de atención de toda representación. Desde el comienzo sabe Paco León ganarse al público y lo logra con sus elegantes ademanes y su natural carisma y vis cómica. Consigue el actor mantener esa atención en todas sus apariciones y eso pese a las altísimas temperaturas y el continuo abaniqueo en las gradas. Es justo también destacar el buen acompañamiento de otros actores, el siempre divertido Richard Collins Moore en el papel de El Corifeo, y las combativas Cleonice y Mírrina, interpretadas con locuacidad por Santi Senso y Fernando Otero, respectivamente.

Se podría resumir que el éxito obtenido por la Lisístrata representada en la edición 56 del Festival de Mérida ha constatado dos hechos: el respaldo del público a la única producción propia del festival y la maestría interpretativa desplegada por Paco León. Dos enseñanzas a tener en cuenta.

La Clá
http://www.lacla.es

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Referencias:

Edición # 56 del Festival de Mérida:
http://www.festivaldemerida.es/

Imágenes:
Fotografía de Ceferino López, cortesía del Festival de Mérida.

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