Las princesas del Pacífico, Teatro Galileo, Madrid.

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Hay en Las princesas del Pacífico mucha España negra.

Negrura grotesca del sur, con personajes distorsionados, patéticos y de una verdad absoluta. Dos mujeres, tía y sobrina, viven en Dos Hermanas, Sevilla. Rodeadas de vecinos chismosos, odios ancestrales y entrenadas en el vivo arte del chisme, estas dos mujeres comparten vida y piso. Sin dinero para pagar ni “ar der gas”, tía y sobrina pasan el día pegadas a la televisión devorando programas de sucesos y disfrutando íntimamente de historias fúnebres.

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Vestidas con una imagen a medio camino entre Omaíta (genial creación del dúo cómico Los Morancos) y ¿Qué fue de Baby Jane? (la mítica película de Bette Davies y Joan Crawford), tía y sobrina verán cómo sus vidas cambian gracias a una rifa televisiva que las llevará a un crucero en el Pacífico.

Con gafas, sombrero, maletas y diadema, la tita y la sobrina se embarcan en un barco que les alejará de una vida sencilla y desdichada. Pronto descubrirán que su sueño, hecho realidad, les deparará aventuras más sórdidas de las que imaginaban. Con camarotes estrechos, sillas incómodas, envidias entre viajeros y comida de buffet, poco a poco el sueño se irá haciendo añicos. La enseñanza es que da igual qué entorno pisemos ni qué lejos nos escondamos, al final las personas somos cómo somos, y las trifulcas, las envidias y el abuso acaban apareciendo allí donde habita el ser humano.

Las reinas del pacífico, tragicomedia creada por José Troncoso, Alicia Rodríguez y Sara Romero, nació como espectáculo del off madrileño y ha tenido tan buena acogida que ha ido girando por distintas salas, hasta llegar al Teatro Galileo, donde se puede ver estos días.

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Este largo recorrido que está teniendo la obra (con candidatura a los Max incluida) se debe al negro humor que perspiran texto y actrices. Alicia Rodríguez y Belén Ponce de León están hilarantes y, al mismo tiempo, feas, feísimas. Con un atuendo esperpéntico y un fuerte acento del sur (ozú), en sus desdichas se destila la mejor literatura española. Hay Quijote en las andanzas de una tía, visionaria, y su fiel sobrina y escudera. Hay también algo de teatro lorquiano, con dos mujeres andaluzas, recluidas y solteras. Hay mucho y buen teatro en esta producción que sólo peca de un defecto. Mejor le iría, pienso, un final más musical: con un mismo cierre, si se quiere, pero más sonoro y macabro.

Para quien se haya perdido esta joya del off en sus anteriores vidas y estrenos, tiene la oportunidad de disfrutar de negrura patria a cargo de dos actrices brillantes en el Teatro Galileo.

La clá

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Imagen por cortesía del Teatro Galileo. Fotógrafo Ignacio Ysasi.

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