La Jaula de las Locas. Teatro Tívoli, Barcelona.

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En 2015 Àngel Llàcer y Manu Guix producían y montaban en el TNC de Barcelona Molt soroll per no res (una versión musical y originalísima de “Mucho ruido y pocas nueces” de Shakespeare). Produjeron también El Principito, y ahora se atreven con un nuevo musical, La jaula de las locas, con un equipo de setenta y pico personas en escenario, incluidos músicos en directo.

Àngel Llàcer se divierte dando la bienvenida al público. Se lo vi hacer en Molt soroll… y claramente es parte de su personal sello de la casa. Hoy (por el domingo 25 de noviembre), nos chiva que somos 1188 los espectadores que estamos en el Teatro Tívoli para ver el musical. Viene además la familia de Olot de una de las artistas del equipo, y nos cuenta Llàcer que cada función se dedica a uno de los miembros de la producción.

A partir de ahí arranca un musical creado por Jerry Herman y Harvey Fierstein tomando como base la obra teatral del mismo nombre escrita por Jean Poiret en 1973. Con nueve premios Tony, “La Jaula de las locas se ha representado por todo el mundo desde su estreno. Aquí se ha montado tanto en Madrid como en Barcelona en distintas décadas, una de las más exitosas con Andrés Pajares y Joaquín Kremell. La historia es un alegato a favor del mundo gay (quizás hoy algo apolillado por culpa de algún cliché). Su fuerte tono reivindicativo, no obstante, mantiene cierta fuerza y acaba siendo un grito a la tolerancia (como en su tema Soy lo que soy).

 

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La parte de enredos bebe del mejor teatro de variedades, por lo que las proclamas, como en los buenos entretenimientos, se endulzan con mucho divertimento. Siguiendo la estela de anteriores producciones, Guix y Llàcer han apostado por una producción rica en vestuario, escenario, bailarines y actores sobre escena. En esta ocasión no han optado por el catalán, sino por una versión en español, probablemente pensando en una gira que haga que el espectáculo llegue rodado a varias ciudades. Aciertan, sin duda, porque la obra tiene pinta de triunfar allí donde la monten.

Durante uno de los grandes números del espectáculo, Llàcer, soberbio en su papel del travestido Albin, baja a la butaca, y se pasea cual Marilyn salida de un local neoyorquino, y homenajea a las grandes cabareteras de la revista musical. En ese monólogo con el público dirá, con guiño, “oiga, no se crea, que yo también sé hablar catalán”, e irá metiéndose en el bolsillo a un público que ha venido de localidades como Ripoll o Sant Joan de les Abadesses, sólo para ver el espectáculo. Qué maravilla es comprobar que el teatro puede funcionar como imán para el turismo interior y que haya autobuses con espectadores que dejen al pie de un teatro a un grupo de vecinos y amigos que pasan a disfrutar de una función.

La jaula de grillos además responde con altura. Los números musicales incluyen coreografías, música en directo y mucha pluma. Llàcer demuestra tener una voz espléndida, sin falsetes, y además con capacidad de improvisación y mucho humor. Le acompaña un elenco estupendo de artistas curtidos en musicales a los que se nota mucha técnica y experiencia.

Desde luego, visto el éxito que está teniendo en el Tívoli, esta nueva producción de Guix y Llàcer augura respuesta parecida a lo largo de una previsible gira.

En estos tiempos obcecados, un poco de humor gay, aunque peque por los clichés, y mucha maestría musical son el mejor antídoto para tomarnos menos en serio. Sólo una recomendación para la productora: ¡¡¡por favor editen programa de mano!!!, que todavía se lee, créanme.

La clá

http://www.lacla.es

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La jaula de las locas. Teatro Tívoli.

https://lajaulaelmusical.com/

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