
Mario Gas (Montevideo, 1947) es una institución escénica. En cualquier otro país habría sido envestido Lord o Caballero de la Orden que sea. Aquí somos más prosaicos, pero creo, muy sinceramente, que los espectadores le tenemos en ese altar que se merece. A mí este señor me enseñó a amar el teatro internacional, y lo que yo aprendí durante sus gloriosos años al frente del Teatro Español (2004 al 2012) no se lo puedo agradecer suficientemente. Yo y todos los espectadores de aquellos años. Por eso, cada vez que viene a Madrid con un montaje (y suele venir todos los años), allá que vamos todos.
En esta ocasión se prodiga como intérprete, algo menos habitual en él. Sobre las tablas la última vez que le recuerdo es en Largo viaje del día hacia la noche
(Teatro Marquina, 2015). Vi a Brian Cox en el mismo papel diez años después, y los dos estaban a la altura, ganando Gas en una dirección mucho más compacta de la pieza clásica americana (en el montaje inglés fallaba la composición de los dos hijos, y ese viaje hacia la noche es el de unas adicciones a cuatro bandas en la familia).
Un septuagenario Gas se atreve con una función diaria de un largo monólogo. Ha escogido un texto apropiado para los tiempos que corren. Gas comparte con el autor Henri Roorda (1870-1925) un aire muy hedonista y el aire reflexivo de quien juega en el tercio del último acto. Me aventuro a pensar sobre si algunos de los pensamientos de Roorda son próximos a los suyos, pero termino por dudar sobre si las conclusiones de Gas serían tan ecuánimes como las del autor.
El profesor suizo de matemáticas escribió un epitafio antes de cometer la promesa: quitarse la vida. Su testimonio, El pesimismo alegre (1925), es, en contra de lo que parece, un canto a la vida, sin cuentas pendientes ni reproches a lo bailado. Es un canto a la vida y a los placeres, también un análisis humanista sobre los congéneres.
El suicidio es un tema complejo, muchas veces resultado de enfermedades psiquiátricas o períodos de profunda tristeza o depresión. Es difícil, muy difícil, hablar de este tema sin respeto a familias y personas que viven frente al precipicio. Sin embargo, el “quitarse de en medio” que propone Roorda es un irse en sus propios términos, un final ético que la sociedad, sin embargo, prohíbe. Así narrado parece abrir la puerta a una reflexión moral sobre la ancianidad, el irse antes de la enfermedad insoportable, o de las circunstancias imposibles. Es irremediable no pensar en intelectuales como el novelista y ensayista austriaco Stefan Zweig (1881-1942).
Fernando Bernués está a cargo de la dirección de esta producción en la que ya trabajaron juntos él y Gas con Tanttaka Teatroa en el año 2002. Más de veinte años después sienten la necesidad de volver sobre esta obra que habla del trabajo como máquinas, de la educación, de la sensualidad, de la previsión social, de la riqueza, y del amor entendido como ternura.
En esta búsqueda de la juventud eterna, en la que octogenarios multimillonarios ponen en jaque a la medicina, sigo pensando en si realmente la esperanza de vida es algo deseable más allá de las buenas condiciones físicas. No estamos preparados afectivamente para aguantar tantos envistes. Y la farmacología está llevando a penosas muertes de largos años de sufrimiento. Por eso, cuando Mario Gas recita las palabras de Roorda creo que hay espacio para un debate ético para supuestos como la eutanasia. “Si las leyes hubieran sido promulgadas por hombres caritativos, se les facilitaría el suicidio a aquellos que quieren abandonar el mundo”.
Mucho que pensar nos da Gas en un recitado del texto perfecto, con las pausas bien encontradas, con las modulaciones verbales y gestuales coreografiados a medida. Termina la función el actor y director mucho más combativo que su personaje, en homenaje a Gaza. Termino pensando que Gas entiende y le divierte Roorda, pero que él tiene mucho más coraje y fuerza. Está en sala pequeña del Teatro Español, haciendo grande este texto sobre la vida entendida desde su contraposición, que es la muerte.
La clá
www.lacla.es
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Teatro Español
- Categoría : Drama
- Duración : 70 minutos
- Idioma : Español
- Fotografía : Javier Naval
- Teatro : Teatro Español

