Los Nuestros. Teatro Valle Inclán.

Como un tótem inmenso, corpóreo y con la altura de un edificio, así recibe al espectador una pila compacta de muchas cosas (colchones, mesas, taburetes, botellas, lámparas, cajas…). Apiladas en una estructura poliédrica, se amontonan todos estos objetos. Es un fardo enorme de cosas, como los que cargan a sus espaldas las porteadoras en la frontera. Ropa y muebles que se trasladan cruzando fronteras. Este prodigio escénico es obra del escenógrafo Pablo Chaves Maza.

Ésta es una historia de fronteras, la de una familia sefardí que vivía en Marruecos y se trasladó a España. En la casa de Madrid viven el duelo judío (Avelut) por el fallecimiento de la abuela Dinorah. Durante una semana se reunifica la familia para apartarse del mundo y recordar a los suyos. Reina (Mona Martínez) es la madre que congrega a todos. Ha llamado a la casa a su hermana (Manuela Paso), a su hijo Pablo (Miki Esparbé), a la pareja de éste (Ana Polvorosa),  a la pareja de la hermana (Gon Ramos), y a los hijos de ésta (alternándose, Alba Fernández Vargas / Vera Fernández Vargas y Asier Heras Toledano / Sergio Marañón Raigal). Luego está la sobrina que ha viajado desde Tel Aviv, para acompañarlos (Marina Fantini).

La autora y directora Lucía Carballal (Los pálidos) ha creado en Los nuestros una constelación infinita de historias. Un sistema estelar que gira, principalmente, en torno a la familia y a la identidad personal y religiosa. Hay otras narraciones que destellan. La de la pareja joven, en crisis, que quiere, no obstante, tener hijos y mudarse a Bristol. “Creo que estamos teniendo un hijo para pedirle ayuda”, dice desgarradoramente ella. La de la mundana hermana divorciada, que lleva a sus hijos a entrenar baile latino de competición, y que ha encontrado a un hombre erudito y pedante, que le es suficiente. La de las crisis relacionales entre todos, madre-hijo, hermanas, primos…

En esta constelación se produce, a ratos, una interferencia. Es la reflexión de la autora, mostrando el proceso de escritura. ¿Cómo crear transiciones entre las escenas?, ¿cómo terminar la obra?, ¿será error colocar las anécdotas demasiado temprano?… Y luego está el personaje de Miki Esparvé, que tiene un verdadero trabajo, el de barista en un Starbucks londinense. El que le da de comer. Y luego el ficticio, el de dramaturgo que cuenta historias.

El tema principal, no obstante, es el de la familia. Con la definición más estremecedora que jamás he encontrado del núcleo social. Familia, dice Lucía Carballal, es “gente que se quiere atravesando el tiempo”. Es un club selecto que comparte registros y similitudes. Entrar en ese círculo estelar requiere una consagración: “no se es parte de una familia hasta que no se tiene algo que decir de sus muertos”.

Girando en torno a la familia, está la identidad. Con enorme sabiduría y tacto, Carballal se adentra en la historia de una familia sefardí (la de su mujer, en la vida real), que emigró de Tánger a España en los años sesenta. Su judaísmo se ha ido deteriorando con el tiempo, sólo Mona Martínez ha vuelto con virulencia a él a la mediana edad. ¡Menuda interpretación la de Mona! Es la madre devoradora, cínica e inteligente. Su sarcasmo y sus ademanes autoritarios aplastan en escena. Miki Esparvé mantiene un duelo con ella durante toda la función. Con un tono encorvado, y una pesadumbre que le convierte en una estrella apagada. El asunto del judaísmo se dirime, sobre todo, entre ellos: “creer que alguien está obligado a heredar la identidad es profundamente conservador”.

Para no caer en negruras, Lucía Carballal ha dotado a esta constelación de algo más que cinismo y sarcasmo. Manuela Paso es el personaje que introduce el humor, con un costumbrismo encantador. El Belén viviente que montan en el cole de sus hijos, las pedanterías de su pareja… ¡Qué de registros tiene Paso! En Los nuestros demuestra su finura como cómica. Qué empaque aporta siempre a cualquier montaje.

Todos en la obra están bien orquestados en una obra que luce por su inteligencia. Tiene un final tremendamente poético, que yo invertiría, porque la escena de los niños bailando latino es de esas que coloca el nudo en la garganta, y que si allí, en ese momento, acabara todo, seríamos bien felices. Los nuestros es, sin duda, la pieza que más ha brillado de lo que he visto en esta temporada.

La clá

www.lacla.es

Una inteligente reflexión sobre la identidad y la familia
4.5Los nuestros
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La más reciente obra de Lucía Carballal muestra la brillantez de su escritura. Inteligente en planteamiento, con diversas reflexiones en órbita. Puesta en escena redonda.

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