Orestíada. Teatro Abadía.

En el primer encuentro del presidente de Ucrania (Zelensky) y el presidente de Estados Unidos (Trump) en febrero de 2025, asistimos a una verdad como pocas veces hemos visto. Trump espetó a Zelensky que estaba jugando con la tercera guerra mundial. Zelensky, un presidente de un país que ha sido invadido por Rusia, es acusado de no permitir la paz. Lo justo sería volver al momento previo al conflicto armado, con la restitución del territorio invadido a Ucrania. Es lo que esperaríamos del niño que le quita a otro la merienda, que la devuelva. Pero la guerra no funciona así, los conflictos armados no se dirimen en estos términos, tampoco la política ni la vida en sociedad. “La justicia es un acuerdo para reestablecer el orden”, dice uno de los personajes de Orestíada, producción de Teatro Urgente para el Teatro la Abadía.

Teatro Urgente es una compañía fundada por Ernesto Caballero y Karina Garantivá durante la pandemia en 2020. La compañía se define como un laboratorio de ideas, en el que confluyen la filosofía, los clásicos y la dramaturgia, con especial foco en el efecto transformador que produce el teatro. En 2021 montaron Voltaire, en una colaboración con Juan Mayorga, en su faceta de dramaturgo. Vuelven ahora a encontrarse, aunque de otra manera. Juan Mayorga les ha invitado a estrenar su última producción, Orestíada, en el Teatro La Abadía.

La pieza, escrita por Karina Garantivá, es una reinterpretación de las Euménides, de la trilogía Orestíada, escrita en el siglo V a.C.  por Esquilo. Orestes es perseguido por las deidades por dar muerte a su madre Clitemnestra. El asesinato no fue sin causa, ella había asesinado a su vez a su padre, el victorioso Agamenón, quien a su vez había matado a la hermana, Ifigenia. La suerte de Orestes será decidida por un jurado ateniense, auspiciado por Atenea, diosa de la justicia. Será en el seno de un jurado de ciudadanos donde se ponga fin a una escalada de violencia. La tragedia de Esquilo presenta los conceptos de justicia y violencia y los contrapone a una nueva ley civil, basada en una solución social, y no en la venganza.

El siglo XXI inicia su segundo cuarto sumido en una escalada sucesiva de agresiones, bélicas y comerciales. La acción de uno parece justificar la reacción de otro, y así sucesivamente. En este contexto, la producción Orestíada plantea cuestiones éticas importantes. ¿Estamos viviendo un tiempo de venganza o de perdón?, ¿cómo se terminan las guerras?, ¿es la justicia el triunfo de la razón?…

Estas ideas van siendo formuladas por los personajes de la obra. Muchos actores desdoblan en varios personajes, siendo los principales, Marta Poveda (Clitemnestra), Gabriel Garbisu (Agamenon), Olibia Baglivi (Elektra, Ifigenia), Nicolás Illoro (Orestes) y Alberto Fonseca (Egisto).

La formulación dramática de Karina Garantivá se basa en modernizar y reducir la historia, convirtiendo a los personajes en representaciones del mito dramático, casi en conceptos vivientes. Su escritura opta por una elevación filosófica, con una impronta densa. Hay mucha valentía en hacer más actuales a los mitos trágicos. Miguel del Arco lo hizo con Juicio a una zorra y el dramaturgo galés, Gary Owen, hizo una readaptación de Ifigenia (Iphigenia in Splott), que aquí se representó como Ifigenia en Vallecas

El planteamiento de Orestíada parte de un Orestes joven, de pelo anaranjado y en chándal, interpretado por Nicolás Illoro, que exhala magnetismo, y para quien han cincelado un personaje que está mejor acomodado a tiempos actuales. Me fascina que las Euménides sean voces que le persigan en una discoteca. En el otro lado hay una Clitemnestra poderosa. Marta Poveda, en este rol, da un golpe de efecto absoluto en lo que es su capacidad de representar a las grandes mujeres de la tragedia. Sus años en el clásico, unido a su fuerza actual y moderna, hacen de su Clitemnestra una construcción actoral que clama una continuidad en futuros trabajos. El excesivo final de la obra (pide recorte) rebaja el poderío que ha sabido imprimir en este papel central. Gabriel Garbisu trae templanza al planteamiento de la producción, tanto en su papel del victorioso Agamenon como en el juez. Olivia Baglivi juega todos los personajes casi como una Medusa a la que estén a punto de salirle las serpientes. La visualidad de su representación tiene un subrayado mitológico. Tendría más efecto con un menor recorrido verbal. Alberto Fonseca, con su fisicidad y un talante más apaciguado, balancea las tonalidades.

Hay enormes aciertos en esta pieza. Simplemente espectacular es el sonido ambiente creado por Bastian Iglesias. En ese momento rave y trance se habría movido bien la totalidad de la obra. Le falta algo de continuidad para engarzarlo con el final, pero no deja de ser, por ello, un acierto absoluto. Nicolás Illoro y Marta Pobeda ofrecen dos interpretaciones poderosas, el primero más moderno, la segunda con vestigios más clásicos. El punto de partida de la pieza es absolutamente relevante, y encuentra en la actualidad internacional (Ucrania o Gaza) unos ecos de gran resonancia. Le sobra a esta Orestíada algo de exceso en el exceso y le falta un punto más audaz en su huida del original de Esquilo.  Con una propuesta artística tan solvente, no hay que temer el esquilado.

Orestíada se muestra como una mirada inteligente al entorno actual y sus conflictos. Y al papel que la justicia debe desplegar tras el conflicto.

La clá

www.lacla.es

¿Cómo se acaban las guerras?
3.8Relevante versión de Esquilo en tiempos de Ucrania o Gaza

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