Las Canciones. Ensayo General. Pavón Teatro Kamikaze.

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Hace menos de una semana, el ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, publicaba su “Summer Playlist 2019” en Instagram. Con el verano acabándose, Obama compartía su listado veraniego de canciones: algunas viejas, algunas movidas, otras lentas. El verano es la época para relajarse, y para leer y escuchar música en la playa, el chiringuito, o en el coche de excursión. Y de compartir la playlist personal.

Algo así ha hecho Pablo Messiez en su último montaje, que se estrena ahora en el Pavón Teatro Kamikaze, aunque su set list personal viene gestándose desde antes del verano, cociéndose a fuego lento hace tiempo, porque parte de esas canciones tienen mucho que ver con la trayectoria personal del propio Messiez. En la obra Las canciones se palpa la madurez vital y escénica del director teatral. Tiene ese punto de riesgo y osadía que da la seguridad de mucho trabajo escénico, y es, a la vez, un compendio de todo lo que Pablo Messiez ha leído, escuchado o montado. Una especie de homenaje hacia sus propios referentes artísticos, y a su trayectoria. Pablo Messiez se estrenó en Madrid con Muda, una obra que tiene que ver también con la ausencia de sonido, que es algo a la vez muy musical. La pieza supuso un descubrimiento absoluto, con Marianela Pensado, Óscar Velado y Fernanda Orazi, demostrando altura interpretativa. El montaje se vio en el Teatro Pradillo, y sin duda Muda sería de esas piezas teatrales que llevaría a mi set list personal de montajes teatrales.

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Con música, y algo de picaresca, arranca el montaje de Las canciones. Cuatro hermanos, que comparten una suerte de vivienda – estudio musical, reproducen en alto una serie de temas musicales, que expresarán a través del cuerpo (desde chanson française hasta flamenco). La osadía viene por la ocupación temporal de la obra dramática en una escucha que se extiende al auditorio, al público. Se bifurcan aquí dos sendas dramáticas. La primera tiene que ver con el homenaje a Antón Chéjov y su obra Tres hermanas. En la pieza de Messiez tenemos a unos hermanos que, después de perder al padre, deciden recluirse en el antiguo estudio de grabación. “Nos cansamos de las opiniones de la gente”, explica uno de ellos, “nos aturdimos y quisimos callar”. Pasan el día en el estudio, escuchando canción tras canción, en un ejercicio casi místico y absolutamente entrópico. La más radical y puritana, Olga (Rebeca Hernando), se lo explica a los dos músicos, visitantes inesperados: “aquí no se canta, aquí se escucha”. Hay en esa actitud dogmática, algo también de Lorca, de la Bernarda Alba que recluye a los suyos gracias a una autoridad familiar forjada con el tiempo. De su boca saldrán las reflexiones más profundas, y de tono filosófico. “La música”, dice Olga, “es una forma de tiempo”. Lo irá desmembrando más adelante: “escuchar una canción es estar aquí, y estar en la canción”. Esta percepción dramática de alienación de la sociedad encuentra reflejo en otras obras, ecos que también trae la pieza de Pablo Messiez. El luto, la pérdida, el sentido de aislamiento, están entroncados con Chéjov, también con Kafka.

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La segunda senda tiene que ver con la comunicación. Pablo Messiez ha levantado una obra que, poco a poco, va emitiendo señales al público, en un lenguaje que le es correspondido. En el arranque, los espectadores escuchan, al igual que lo hacen los hermanos. Luego vendrán los músicos, a quienes deberán explicar por qué se recluyeron, de dónde viene el silencio con la sociedad, la necesidad de callarse, y durante unos minutos no se oirá nada en escena. Los músicos callarán para entender lo que es el silencio, y el público hará lo propio, enmudeciendo, como aquel personaje de Muda. Así que, de momento, Messiez continúa emitiendo señales al auditorio y, de forma gradualmente más perceptible, esas señales son correspondidas, hasta llegar al punto deseado. En la escucha, en el enmudecimiento, los espectadores han ido respondiendo a los mensajes emitidos imperceptiblemente. Avanzada la obra, surgen las palabras proyectadas sobre el fondo del escenario, introduciéndose un nuevo lenguaje formal. Me veis, me escucháis, ahora me leéis, y voy a conseguir que bailéis, si os apetece. Y en ese ejercicio de emisión de señales comunicativas, como si de un ente divino o extraterrestre se tratara, Pablo Messiez invita a moverse y, de forma más atrevida, o más tímida, lo cierto es que el público acabará bailando en el entreacto más furiosamente bailongo que se ha visto, y que dará paso a la segunda parte de la obra.

En la Cara B de Las canciones, la acción pasará a ser más física. Los tonos de humor iniciales, a cargo principalmente de los dos músicos (Joan Solé y Javier Ballesteros), y de la graciosa cuñada (Carlota Gaviño), se abrirán a la sexualidad. A partir del entreacto, la música dejará que fluya el cuerpo y la fisicidad entre ellos, y una cuarta componente, la otra hermana – hasta ahora casi en un segundo plano (Mikele Urroz) -, se ligará a uno de los músicos.

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La pose seria y cariacontecida quedará para Íñigo Rodríguez Claro y Rebeca Hernando. Como en muchos de sus montajes, Pablo Messiez ha primado la frescura de los personajes, su absoluta naturalidad, sobre el resto de atributos actorales. Quiere que sus personajes se acerquen al público, que éste note su cercanía. Con una excepción, el personaje de Olga, peinada al estilo puritano, con raya en medio y que, con un gesto sobrio y perfectamente marcado, interpreta Rebeca Hernando. Es en ella en quien Messiez consigue trasladar mejor el debate filosófico, las referencias a otros maestros. Quizás por ello choque que algunos pasajes de serio calado se compartan con el grupo de seres áureos, puramente físicos. El reparto de dialéctica queda mejor en ese estado de descompensación que puede verse en la CARA A. La fuerza y el peso de Rebeca Hernando, y la frescura y comicidad que consigue el resto del elenco, piden que se mantenga así, también en la CARA B.

Otra de las brillanteces de Messiez en la dirección escénica, es la coreografía musical e interpretativa. Tras la escucha de las primeras canciones, el escenario en negro se abre a un maravilloso estudio musical. La caja de sonido es un habitáculo pictórico tan espectacular, que merece jugar con su plasticidad. Posiciones muy marcadas, coreografías milimetradas, y un ejercicio de sincronización que proviene de un conocimiento escénico profundo, una madurez que Pablo Messiez ha proyectado en los intérpretes de su obra. En los distintos bailes, Messiez muestra una forma de bailar actual y que se aleja de las convenciones de su propia generación. Durante los noventa parecía que el baile fuese una pose, un ejercicio físico hacia los demás, influenciado por el dance discotequero. Messiez quiere para su montaje una forma de baile mucho más actual y fresca, como la de la serie Girls de Lena Dunham: bailar para expresarse individualmente, bailar hacia dentro, para uno mismo, sin inhibiciones.

La escenografía y el vestuario de Las canciones es de Alejandro Andújar, uno de los grandes escenógrafos de nuestra escena. La vivacidad y el juego de colores, la frescura que la obra requiere, tiene ecos con Días Estupendos de Alfredo Sanzol, seguramente por el color que Andújar ha proyectado en este montaje (suya es también la escenografía de este espectáculo de Sanzol, al que recuerda en su vivacidad). La iluminación, otro trabajo digno de mención, corre a cargo de Paloma Parra, colaboradora habitual con Messiez (la luz de bombilla de Muda es otra maravilla suya).

Si en la temporada anterior, el Pavón Teatro Kamikaze llamó a la acción de los espectadores mediante el voto en sala, en el arranque de temporada 19/20 lo hace haciéndoles bailar con el particular set list de Pablo Messiez. Las canciones es un montaje a ratos atrevido, a ratos cómico, a ratos reflexivo, y de una altura artística compacta, fruto de muchos años de compromiso escénico, y de un ejercicio comunicativo, personalísimo y sincero que Pablo Messiez ha querido entablar en un doble diálogo con sus referentes artísticos, y con el público teatral, usando como mecanismo emisor la música, el silencio y las palabras.

La clá

http://www.lacla.es

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Las canciones. Pavón Teatro Kamikaze.

https://teatrokamikaze.com/

Imágenes cortesía del equipo de prensa. Fotografía de Vanessa Rábade.

 

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