
Inicia andadura “La gramática” (obra de nuevo estreno) en Nave 10 del Matadero. La pieza, escrita por el director y dramaturgo Ernesto Caballero, es de creación actual, y surge de un cierto hartazgo ante el uso y abuso del lenguaje en tiempos recientes. Quien siga a Ernesto Caballero en redes, sabe que al autor le gusta practicar la fina ironía, la crítica ecuánime y una cierta mirada melancólica hacia el devenir de los tiempos.
Es, precisamente, la actualidad la que inspira esta historia. Maria Adánez es una madre de familia, empleada dentro de los servicios de limpieza de la Real Academia Española. Limpiando unas estanterías sufre un accidente laboral. Varias gramáticas españolas caen sobre su cabeza y, como resultado, su verbo (antes coloquial y chabacano) ha tornado en elevado. El problema se produce porque la nueva forma de expresión va acompañada de una absoluta intolerancia hacia el uso incorrecto del lenguaje por familiares, amigos y conocidos. Su elevación lingüística le ha traído un alejamiento de la sociedad y para poner solución a su condición, José Troncoso, neurocientífico, va a iniciar una terapia con el sujeto (femenino).
Con el arranque de la situación dramática, pienso en que a Ernesto Caballero (como al personaje de la película “Amanece que no es poco”), le ha salido, sin quererlo, un Juan Mayorga. La absurdez del individuo, y ese cuestionamiento verbal, mezclado con pizcas de surrealismo, son elementos muy de Mayorga. Pero pronto me equivoco. Ernesto Caballero ha escrito un Caballero, porque el desvarío no entra en mundos imaginarios, se queda donde está. En una sala de un neurocientífico, con un público que son sus doctos colegas. En ese espacio María se someterá a las preguntas del científico, con el propósito de identificar el origen de sus males y encontrar solución a sus problemas de inadaptación.
Lo absurdo no necesita más que la pura realidad para sacar las carcajadas del público. Pega fuerte el parlamento atacando, de primeras, ese lenguaje corporativo y, a ratos político, que no se entiende bien qué designa, pero que todo lo contagia y hace suyo. Palabras y expresiones como “implementar”, “visibilizar”, “transversal”, “hoja de ruta”… Sería capaz de añadir miles de giros que hoy día se utilizan en empresas de cualquier sector. En el mundo corporativo no hay procesos de despidos, sino de búsqueda de eficiencias. Y suma y sigue.

Luego están los barroquismos ininteligibles, a los que también da con una maza Ernesto Caballero, criticando los errores administrativos y el lenguaje de juzgados. A propósito de esta obra de teatro, y para el que sufra (como su protagonista) de un permanente estado de ansiedad por el mal uso del lenguaje, recomiendo un libro divertido escrito por Eva Belmonte y Mauro Entrialgo. El “Diccionario Ilustrado BOE – Español” es un cáustico repaso para entender el lenguaje de la administración.
Volviendo a “La gramática”, José Troncoso se encarga de plantear el estado de situación durante las primeras escenas. Poco a poco irá cediendo mayor protagonismo a María Adánez, que demuestra en esta pieza su gran formación y experiencia técnica, junto con un natural sentido de la escena. En una sala, la Nave 10, que es acogedora, pero que a la vez plantea ciertos retos, Adánez va proyectando su voz a diestro y siniestro. Hay mucha dirección escénica que invita a los dos protagonistas a no dejar que ningún flanco del público quede desatendido. De esta forma se genera la complicidad, y no hay vía de escape para la atención. Troncoso y Adánez hacen una pareja con buenas entendederas, con mucha vis cómica y complicidad, que hace de los pases de palabra, un juego dinámico de ver. Al mínimo anglicismo de Troncoso, ya se espera la reacción de Adánez.
La historia, planteada por Ernesto Caballero como un homenaje inverso de Pigmalión (1913) de George Bernard Shaw, trata de hacer que una mujer culta se desculturice para tener mayores oportunidades en sociedad. Una locura real, en una sociedad que cada vez trata con menor mimo lo que se dice y cómo se dice. Es, sin duda, una mirada apesadumbrada, pero Caballero quiere plantearla, en este caso, con mucho humor e ingenio. Tanto, que hasta se atreve a hacer un cameo como instalador de barandillas, mostrando que lo que propone quiere ser marchosamente liviano.

Hacia el final, llego a la conclusión de que Ernesto Caballero ha hecho una obra que haría las delicias de los Monty Phyton. Un tema muy serio (la manipulación del lenguaje y su mal empleo), se convierte, por arte del absurdo, en un exceso humorístico. María Adánez y José Troncoso están deliciosamente compenetrados, y pueden ir preparando maletas, porque les auguro éxitos y mucha gira.
La clá
www.lacla.es
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La gramática. Nave 10 del Matadero.
Imágenes de Carlos Luque.
Duración: aproximadamente 80 minutos.


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I
Hay una errata. MARÍA ESTÉVEZ POR MARÍA ADÁNEZ
La clá
¡Gracias lo cambié!