The motive and the cue. Noël Coward Theatre, Londres.

Hay dos historias muy distintas que cuentan por qué Richard Burton y John Gielgud llegaron a trabajar juntos en la mítica producción de Hamlet en Broadway (1964). La primera es la del propio Burton, gran admirador de Gielgud, a quien le propuso la dirección de este montaje shakesperiano. La otra versión, más colorida, viene de Peter O´Toole. El actor había coincidido con Burton en el rodaje de Becket, y en conversaciones los dos compartieron su deseo de interpretar el gran rol shakespeariano a cargo de los dos mejores conocedores del papel, John Gielgud y Laurence Olivier. Se echaron a suertes quién trabajaría con cada uno. La moneda quiso que a Burton le cayera Gielgud, y a O´Toole, Olivier. Lo harían desde ciudades diferentes, uno en Nueva York, y el otro en Londres.

La historia tiene algo de cinematográfico, pero lo cierto es que las dos producciones tuvieron lugar. La de O´Toole fue un fiasco. Olivier quiso realizar una producción fiel al texto original. O´Toole nunca estuvo cómodo. Al otro lado del Atlántico, Richard Burton se llevó al público de calle, ostentando el título del mayor número de representaciones de Hamlet en Nueva York. La representación es épica en muchos sentidos. Los actores vestían ropa de calle, haciendo una moderna vivificación del clásico. Se dice que a Burton no le gustaba vestir de época, pero seguramente fuese una elección estética del director, John Gielgud. Para especiar el caldo, Burton acababa de emparejarse con Elizabeth Taylor, convirtiéndose en las primeras “celebridades” de fama mundial.

Pero lo más interesante de todo fue la relación que se estableció entre Richard Burton, un actor hollywoodiense de éxito, con John Gielgud, uno de los ocupantes del podio shakespeariano, con Laurence Olivier (Larry) y Ralph Richardson. Lo moderno se topaba, frente a frente, con la tradición, y el encuentro dio para mucho. De entrada, para un par de libros sobre los ensayos de la pieza, y más recientemente para una obra “The motive and the cue”, que ahora se puede ver en el Noël Coward Theatre de Londres.

El autor de la nueva pieza dramática es el versado Jack Thorne, dramaturgo y guionista galardonado con los grandes premios (BAFTA, Tony….). En teatro destaca su adaptación de las novelas de Harry Potter para las tablas. El musical Harry Potter and the Cursed Child es uno de los éxitos de la cartelera londinense que atrae a todo tipo de públicos.

En The motive and the cue, los diálogos y el ritmo de la pieza exhalan lenguaje cinematográfico. Hay algo en los autores dramáticos que intercalan en su obra el lenguaje audiovisual y el teatral que identifica esa fusión de sabores. En España ocurre con Pablo Remón o Lucía Carballal, autores que conjugan géneros en sus proyectos profesionales. Viendo la pieza de Thorne, no me extrañaría que hubiera versión televisiva. Al efecto cinematográfico contribuye no sólo la escritura de Thorne (que mezcla verbatim – diálogos originales – con ficticios), sino la batuta de un reputado director teatral y cinematográfico, Sam Mendes.

El público español que peina años conoce bien a Mendes en el teatro. Era el año 2009 y asistíamos a la doble propuesta artística del “Bridge Project” en el Teatro Español. Nos trajeron un Chéjov y un Shakespeare. El puente se tendía entre actores de ambos lados del Atlántico. Actores americanos e ingleses fundían sus acentos en la interpretación de obras clásicas. Vinieron por el español Simon Russell Beale, Sinéad Cusack, Rebecca Hall o Ethan Hawke. A cargo de la dirección y del proyecto estaba Sam Mendes, director de películas tan conocidas como American Beauty (1999) y reconocidísimo profesional teatro. Entre sus hitos está el haber dirigido el Donmar Warehouse desde 1999 a 2002, el mítico emplazamiento escénico en pleno Covent Garden londinense. Sobre las tablas ha hecho de todo, incluyendo el gran éxito de Lehman Trilogy, aquí traída por Barco Pirata producciones.

En The motive and the cue hay un guiño que debe haber conquistado a Mendes. La pieza original de Gielgud y Burton se representó en Broadway con un elenco mixto, formado por ingleses y americanos. Al puro estilo The Bridge Project. Y trata precisamente sobre los trasvases artísticos que se producen al mezclar tradiciones en una pieza clásica.

El telón del Noël Coward se levanta tras escuchar un extracto de la maravillosa canción Why must the show go on? del propio Coward. Sobre el escenario una sala crema de ensayos creada por Es Devlin, artista escénica realizadora de shows para la Super Bowl, desfiles de Chanel, instalaciones para la Tate Modern y, por supuesto, escenarios para teatro y ópera. Mendes y Devlin colaboraron en Lehman Trilogy, en la que Devlin creó una caja oficinesca rotatoria que le valió un Tony Award.

Aquí el ingenio de Devlin se centra en jugar con un mismo escenario que se agranda y empequeñece con el objetivo del telón del escenario que, como objetiva de cámara, juega a abrirse y cerrarse. La iluminación de Jon Clark maquilla las estancias, haciendo que pasen de una sala de ensayos a una glamurosa habitación teatral. Una genialidad.

En escena hay nada menos que dieciocho intérpretes con frases, la mayoría, menores. Están por el placer de estar y crear un elenco amplio para Hamlet. Como el actor cuyo rol es blandir una lanza durante toda la función. Muchos de los intérpretes sólo hacen bulto y bullicio. En realidad, los tres grandes protagonistas de la función son Johnny Flynn (Richard Burton), Mark Gatiss (John Gielgud) y Tuppence Middleton (Elizabeth Taylor). ¡Pero qué gozada ver tal despliegue de vida y actores en un escenario!…

Flynn y Gatiss se enfrentan probablemente a dos de las grandes voces teatrales. Richard Burton fue siempre conocido por el trabajo y método que puso en domar su voz, a la que supo suprimir el acento galés. Su voz es legendaria por su fuerza y adaptabilidad. Por su lado, John Gielgud fue el gran actor shakespeariano, de los pocos capaces de modular la poesía romántica del pentámetro yámbico. Una de las voces más bellas en inglés, de perfección absoluta. Johnny Flynn y Mark Gatiss lo bordan, creando una vivificación emocionante de los dos actores, tanto en ademanes, como en voz y carácter. La tercera e hipnótica presencia es la de Tuppence Middleton que crea a una atractiva y magnética Liz Taylor. Entre estas dos fuerzas, Middleton consigue cautivar al espectador haciendo de verdadera celebrity.

Entre los momentos estelares de esta pieza está cómo encarar el papel de Hamlet, una pieza de ensayo continua, o como la caracterizó el actor Simon Russel Beale: “Hamlet is a very hospitable part, it’ll take anything you throw at it”. Con esta afirmación Beale vino a reconocer lo que es sabido. Hamlet es un rol dúctil, al que cada actor puede darle su propia impronta.

Es conocido que John Gielgud ha sido el más puro Hamlet sobre escena, con su melancolía y su bella recitación. Sin embargo, Burton triunfó en Broadway por haber creado un Hamlet errático y atormentado. En los ensayos, estas dos formas de entender el rol colisionaron. Y en “The motive and the cue” imaginamos algunas de las escenas que se pudieron dar. Hay una, sin embargo, que sí se produjo, así lo recogen las grabaciones de los ensayos. Gielgud, tratando de moderar el ímpetu de Burton, le invita a que module su voz. El pasaje, en inglés, recogido por su biógrafo Jonathan Croall en John Gielgud. Matinee idol to movie star (Methuen Drama, 2011) tiene el toque de fino humor de Gielgud:

Have a care to shouting. You shout brilliantly; both you and Larry Olivier do – two splendid cornets. I am a violin, I´m afraid, not too good at shouting. But these hunting calls you do so well can be tiresome when sounded too often. Don´t over – use it. It´s a wonderful weapon, but it´s your last weapon. Use it only when all else fails.

La pieza está llena de comentarios parecidos, y de los bramidos y borracheras de Burton. El ritmo es sensacional. Mérito a partes iguales de intérpretes, dramaturgo, dirección y propuesta artística. Un éxito total que pasó del National Theatre a uno de los teatros más icónicos del West End. La recomiendo fervientemente para quien vaya por Londres. Si lo hacen empápense de las seductoras voces de Gielgud y Burton en películas o vídeos para luego maravillarse con la interpretación de Gatiss y Flynn. El título no se lo desvelo, lo encontrarán en Hamlet.

La clá

www.lacla.es

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The motive and the cue.

Duración aproximada: 2 horas y 40 minutos con 20 minutos de intervalo.

Imágenes de Mark Douet, cortesía del equipo de prensa.

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