
El pasado lunes 9 de junio, atizados por los calores madrileños (más propios de julio), artistas, dramaturgos, músicos y “gentes del teatro”, se reunieron en el Teatro Pavón para celebrar la IV edición de los Premios Godot.
Los Premios Godot se los inventaron los impulsores de la revista Godot, que tiene su formato digital pero también un formato impreso que hace las delicias de quienes acuden a un teatro. En la entrada (o a la salida) siempre está el ejemplar más reciente a disposición del público, y de manera gratuita. La revista tiene la gracia de ser leída del derecho y del revés. Para saber qué ponen en el off madrileño hay que girar la revista y voltearla, y lo mismo para conocer qué ponen en los teatros comerciales y estatales. Mi ejemplar se queda siempre unos días bailando por casa, con las hojas dobladas en la esquina con un perfecto triángulo no equilátero. Y me sirve siempre de advertencia, para que no se me escape alguna de esas obras que no hay que perderse. Tengo además la suerte de contribuir, como editora de La clá, a las valoraciones que cada semana publica en web Godot.
En la calle Embajadores, con los calores, se reunían con muy buen rollo nominados e invitados. Sobre las tablas arrancó en hora la compañía “Absurdos Teatro” como maestros de ceremonia. En su propuesta jugaron a ser muy absurdos, es decir, muy ellos. Una puesta en escena nada rimbombante, muy cercana, con el humor por montera y la naturalidad de fábrica. Al poco ya se habían metido al público en el bolsillo, aunque me da que la gente iba con ganas de estar a gustico sin postureos.

La gala habló de los premiados, claro está, pero entre medias se introdujo un hilo conductor que fue la reivindicación de las condiciones laborales de los artistas. Sólo al final resultó más obvio, cuando nos contaron que querían celebrar los cincuenta años de la huelga de los actores en España. Gracias a las movilizaciones del 75 se consiguió pasar a la función diaria y al día de descanso. La cantante Rosa María León y el actor Pedro Mari Sánchez fueron invitados como testigos de aquella acción social.
Lo bueno de la gala es que los actores de “Absurdos Teatro” no se pusieron en ningún momento demagogos ni intensos. Con lo que se pasaba de lo liviano a lo reivindicativo con un tono más festivo que guerrero, lo que se agradece. Presentaron premios muchos queridos de la escena, como Daniel Galindo de “La Sala” de RNE. O “Livianas Provincianas” que, con su guasa habitual, se llevaron al gentío de calle.

La lista completa de premiados está en este enlace, en un artículo estupendo de Sergio Díaz de la Revista Godot, pero destaco algún momento especial. Empezando por el reconocimiento a salas como Tarambana y Umbral, que se rieron de la etiqueta de “alternativas” cuando son, en realidad, más veteranas que nadie. Títeres Sol y Tierra lanzaron un discurso tan emotivo, que acabaron agradeciendo el premio a Conchi, administrativa, que se merece, como quien más, el reconocimiento. Cayeron muchos halagos a la danza, con Carmen Werner como gran premiada. Los compañeros de Manuel Liñán & Compañía, premiado doblemente en danza, estuvieron encantadores y reivindicativos, con un grito de “¡más danza, y mejor pagada!”.

Termino con Juan Vinuesa, que a mí me llegó a la patata. Premiado por 1936 (que volverá en septiembre, por cierto), hizo un llamamiento hacia la afluencia a salas alternativas, que son muy necesarias para que compañías y actores crezcan. Recordó la existencia de tres salas que, para los que tuvimos la suerte de vivirlas, hicieron algo muy grande: La pensión de las pulgas, La casa de la portera y El sol de York. Juan Vinuesa subrayó que mucho de lo que ha trabajado con Club Caníbal, pudo desarrollarse en salas como éstas.
En plena temporada de premios teatrales, los Godot se llevan el suyo propio por el buen rollo, el trabajo continuo y por quince años de muchos números de revista con infinitas páginas dobladas por la afición teatral.
La clá
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Imágenes cortesía de Revista Godot.

