
Rainer Werner Fassbinder (1945 – 1982) rodó en 1972 “Las amargas lágrimas de Petra von Kant”, en una producción de muy bajo coste que, sin embargó, comenzó a cambiar las formas cinematográficas. Fassbinder siguió la estela de un maestro, en mi opinión, mucho más grande, Ingmar Bergman (1918 – 2007), incorporando las formas teatrales en el cine.
Fassbinder trazó una historia de relaciones, muy propia de cineastas europeos de la época. El revuelo de la película del alemán no está tanto en esos diálogos interpersonales que son como navajitas que se van clavando los personajes. Está más bien en la técnica cinematográfica, que juega a planos casi pictóricos, con personajes colocados en distintos horizontes. Lo está también en la modernidad de la protagonista. Petra von Kant es una mujer liberada, con una sólida carrera profesional y un círculo de relaciones afectivas creado a su antojo. Lo interesante de su mirada es que la mujer no se retrata desde una visión complaciente, sino con muchas aristas y complejidades. Algo que influyó notablemente en cineastas como Pedro Almodóvar. La mujer “empoderada” cae en los mismos defectos que el hombre: soberbia, dominación, racismo y autodestrucción. El problema parece estar, en definitiva, con la especie humana, no con el género.

La directora y dramaturga Rakel Camacho se ha atrevido a revisitar la versión escénica de Fassbinder, en una producción de Nave 10 Matadero y Pentación Espectáculos. Lo hace en una versión que defiende los iconos del original, e introduce una reinterpretación estética de algunos elementos. La obra es ágil de ver, y tiene elementos de muy buena ejecución. Me aburren, lo lamento, los diálogos originales de Fassbinder. Para calibrar mis reticencias acudo a Filmin a ver el original cinematográfico, y confirmo que los diálogos son un pestiño que no han aguantado el paso del tiempo. No pasa los mismo con las películas o las series de Ingmar Bergman, disculpen que insista en la grandeza del director sueco.
Esta producción está repleta de nombres conocidos del audiovisual: Celia Freijeiro, Aura Garrido, Julia Monje, Maria Luisa San José y Ana Torrent. Se nota sintonía entre las actrices, y enorme entrega a la propuesta artística. Es exigente físicamente. Trajes no aptos para michelines, tacones ochenteros, suelo plateado, desnudos… Lo es también a nivel interpretativo.
Me gusta mucho el aire sobrio imprimido por Ana Torrent al personaje de Petra von Kant. Veo en su compostura y en sus excesos, una semblanza a una imaginaria Angelica Liddell en la intimidad. Torrent defiende muy bien los insulsos diálogos, y muestra un divismo muy sobriamente construido.
La escenografía juega a trazar referentes con el original, alejándose no obstante de los aires de madera setenteros. Por el contrario, parece que Luis Crespo (diseñadore del espacio escénico) y Rakel Camacho hayan querido alejarse de la estética setentera de Cuéntame y acercarse a otro creador de la época, Stanley Kubrick y su naranja mecánica. Por ejemplo, los maniquíes de la película original, se colocan aquí en una estética psicodélica más cercana al Korova Milk Bar que frecuentaban los drugos de la película del británico.
El cambio estético tiene un elemento a favor, que es reforzar la ultra violencia que se perspira en las relaciones afectivas. El vestuario es de Pier Paolo Alvaro y Roger Portal, que últimamente firman muchos de los más importantes montajes teatrales. La vestimenta juega un elemento importante en la escenificación, que tiene un importante trabajo de movimiento escénico, a cargo de Julia Monte. Los corpiños y los chalecos óseos son espectaculares.

Hay un exceso de esteticismo, seguramente, un quedarse en la superficialidad de mujeres bellas, bellamente vestidas, en un entorno barroco y artificioso. Al mismo tiempo, estos elementos decorativos están bien engarzados y juegan a dar movimiento a la acción. Temo que, sin ellos, la narración se haría horriblemente pesada.
Dentro de las reinterpretaciones, los personajes de la amante (Aura Garrido), y la sibilina amiga (Celia Freijeiro), han sido deformados grotescamente. Las actrices ofrecen esa superficialidad por la que opta la puesta en escena.
Definitivamente, la pieza ha perdido, con los años, el potencial transgresor que en su día tuvo. Rakel Camacho ha querido compensarlo con una puesta en escena excesiva, que funciona con buen ritmo, si bien no consigue maquillar su vacuo trasfondo. Lo más interesante es el papel de Julia Monje, entregada a un papel mímico absoluto. Su pasividad es lo mejor de toda la pieza artística, con un potencial sexual y violento, que juega a ser una amenaza constante. Sin duda, el mejor contraste a la lidelliana Ana Torrent.
La clá
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Las amargas lágrimas de Petra von Kant. Nave 10 Matadero.
Edad recomendada: + 16 años.
Duración: 1 hora y 25 minutos.
Elenco artístico:
VERSIÓN Y DIRECCIÓN
Rakel Camacho
CON
Celia Freijeiro, Aura Garrido, Julia Monje, María Luisa San José y Ana Torrent
DISEÑO DE ESPACIO ESCÉNICO
Luis Crespo
DISEÑO DE VESTUARIO
Pier Paolo Álvaro y Roger Portal (AAPEE)
DISEÑO DE MAQUILLAJE Y CARACTERIZACIÓN
Pier Paolo Álvaro y Rakel Camacho
ASISTENTE ARTÍSTICO
Rebeca Mollà
AYUDANTE DE DIRECCIÓN
Ana Barceló
DISEÑO DE ILUMINACIÓN
Mariano Polo
MOVIMIENTO ESCÉNICO
Julia Monje y Rakel Camacho


