
Se ha estrenado en este final de verano “Las chicas están bien”, que es un cuento estacional, como los que filmó Éric Rohmer (1920 – 2010) en la campiña francesa. La película la ha dirigido y escrito Itsaso Arana, y retrata una convergencia temporal de un grupo de mujeres actrices en torno al ensayo de una pieza teatral. El encuentro se produce en una casa de campo, en un pequeño oasis dentro de algún pueblo castellano. El emplazamiento quiere ser cervantino en su anonimato, y visualmente estético.
Bárbara Lennie, Irene Escolar, Itziar Manero, Helena Ezquerro e Itsaso Arana se juntan para representar una pieza. La llegada recuerda a la versión fílmica de Jesuscrito Superstar (1973). Jesús, Herodes, los apóstoles, vestidos a medio camino entre hippies y caracterizados de romanos y hebreos, se reúnen en el desierto para representar esta ópera rock. Lo mismo que estas actrices, vestidas con enaguas y zapatillas converse se juntan para escenificar una ficción.
Itsaso Arana toma este juego de vestimentas y de personajes que son personas (o personas que son personajes) para adentrarse en un relato coyuntural, sin vocación de trascendencia. La historia no pretende ser más de lo que es. Un encuentro entre actrices que se escapan un puñado de días al campo a ensayar. No hay confrontación, no hay tragedia, apenas ocurre nada más allá de lo que cada una trae.
La película tiene una vocación intencionadamente femenina. Las mujeres encontramos en la estética una complicidad que conocemos. Compartir cama, confidencias, cansancios de embarazos, sueños de juventud. Todo rodeado de ramas de árboles, de tejidos de algodón y suelos que crujen. Hasta la pieza de ensayo está impresa en papel de color rosáceo. Hay una estética varada en lo femenino, en película con destellos de Sofia Coppola. En buena parte de la película los aires de colonia femenina se mantienen en su densidad justa, aunque alguno hay de sonrojada cursilería, sobre todo hacia el final. Pizca también de ñoñería en el título de la película.
El ensayo de la pieza de teatro sirve para entablar un diálogo entre realidad y ficción. El elenco elegido cuenta con un grupo de actrices marcadamente teatrales, reinas, princesas y damas de las tablas. Su nombre se cruza con el de su personaje, e intercambian historias que son suyas o probables. Hablan mucho de teatro. De la forma de aprender el texto, del tono. El pánico escénico, y la mirada puesta a la aguja de la brújula que dirige hacia la casa de una. Los talentos para cantar, la incapacidad para hacerlo. Son micro – conversaciones que se ensamblan bien en el montaje. A favor, la generosidad de unas actrices asumiendo que la película va mucho de ellas mismas. De invitar al espectador a compartir confidencias en una hamaca, con una copa de vino.
La imagen de la cámara aprovecha la belleza de estas mujeres. Itsaso Arana saca su paleta pictórica, puramente impresionista, de nuevo con marcada inspiración del Renoir padre, el que fue pintor, también del hijo, el cineasta. Como absoluto logro, el excelente sonido que encapsula las voces increíbles de Lennie y Escolar, y las bonitas palabras en euskera de Manero. La película es sensorial, evoca zumbidos y olores, y juega a la complicidad de los secretos contados al oído.
“Las chicas están bien” es película con aires de colonia fresca de niño que deja buen olor y se evapora. Es encuentro breve de un grupo de mujeres (chicas, no) guapas, trabajadoras y talentosas, rodeadas de moscas y guijarros, compartiendo los apartes entre estrenos y rodajes.
En Madrid recomiendo verla en los Cines Conde Duque Morasol que es el cine comercial más bonito de toda la ciudad.
La clá
www.lacla.es
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Imágenes cortesía de Los ilusos Films.

