Prima Facie. Teatros del Canal.

Un caso “prima facie”, en derecho anglosajón, es un caso judicial razonablemente verosímil. La versión de una de las partes viene avalada por pruebas que, sin ser concluyentes, tienen cierto peso y pueden ser suficientes, especialmente si la otra parte no tiene mejores. Es un término que se usa a nivel procesal, y que la autora australiana Suzie Miller ha utilizado para condensar en dos palabras el planteamiento de su obra teatral “Prima Facie”, que se estrenó en el año 2019 y que ha recibido numerosos premios, especialmente en su país de nacimiento (incluido el Australian Writers´ Guild Award for Drama en el año 2020).

La obra está siendo una especie de talismán para actrices treintañeras que se enfrentan al reto de ponerla sobre las tablas. Nada más ni nada menos que un “sólo actoral” de 1 hora y 40 minutos de corrido, con una intensidad de subidas y bajadas equiparable a varios Tourmalet. Para la producción de Londres, la popular actriz Jodie Comer (Killing Eve) encarnó a esta letrada (Barrister) que sufre un vuelco personal en su concepción de la profesión, del Derecho y del sufrimiento de las víctimas de un delito.

Para la producción en los Teatros del Canal (recién estrenada ya ha agotado entradas), el director Juan Carlos Fisher ha buscado a una actriz de otra dimensión, y la ha colocado en un entorno diametralmente opuesto al del West End londinense. En Londres, el monólogo se desarrolla en un entorno oscuro, de Chamber o despacho de abogados, donde todo (pasando por la boiserie, los tomos jurisprudenciales, o la butaca chester), forma parte de una escenificación que es parte de la flema de la profesión jurídica.

Acertadamente, Fisher despoja a la protagonista, la abogada Tessa Ensler, de toda esa caracterización superflua, que aquí va a ser difícil de entender. Un marco blanco y funcional, y una mujer vestida de manera formal, de oficina. Al físico de Vicky Luengo le va bien este entorno, realza lo que es una interpretación mayestática.

La adaptación del texto, sin embargo, no logra tan buen efecto. La traducción patina en términos jurídicos. La verdad, en el contexto de la obra, no es “legal” sino “jurídica”. La mujer borracha está “intoxicada”, mejor sería en estado ebrio, bajo los efectos del alcohol o incluso el más coloquial “bebida”. Los abogados “litigantes” son en realidad penalistas o procesalistas. La traducción y adaptación es de Juan Carlos Fisher y Rómulo Assereto, y le vendría bien una revisión del lenguaje jurídico, que al ser tan técnico, no es en absoluto fácil.

Ahora bien, el problema de partida lo plantea el texto de origen de la autora Suzie Miller. La dramaturga dibuja bien la historia, con una primera parte en la que deja colocados los anclajes que engancharán luego con los sucesos de la segunda. Es un juego que se formula mostrando las dos caras de la misma moneda. Funciona e hilvana bien. Lo que no lo hace tanto es el exceso de detalles en la descripción de la profesión jurídica. No acaban de captarse las sutilezas y hay un sobre exceso descriptivo que no aporta gran relevancia a la historia. El mundo profesional de los “barristers” en Inglaterra es algo muy propio del sistema jurídico inglés. Son los abogados penalistas, una profesión de élite que se agrupa por Cámaras (no despachos). Hay en la pieza referencia al alquiler de oficinas, detalles que se pierden en el relato y sobre los que Suzie Miller incide demasiado. La pieza original pide más universalidad, menos detalle a lo concreto, y la adaptación pide recorte en ciertos pasajes.

Hay otro punto de partida de Miller que no llega a convencerme. El argumento en contra de la violencia machista y de las agresiones sexuales se plantea desde el punto de vista de la mujer privilegiada, caucásica, de entorno anglosajón y perteneciente a la élite profesional. Reconozco mucha mayor fuerza en el trabajo sobrecogedor que realizaron Miguel del Arco y Jordi Casanovas con los textos originales del juicio contra la manada en Jauría. En comparación, veo que Prima Facie peca del elitismo que pretende criticar.

Ninguno de los obstáculos de fábrica que trae el texto de Miller, impiden a Juan Carlos Fisher y a Vicky Luengo montar la que va a ser recordada como una de las grandes producciones del año, y que pide a gritos que el revolcón social que está generando tenga continuidad en el tiempo y, desde luego, en otros teatros. Llevamos en nuestro país unos meses nefastos en lo que respecta a la violencia contra mujeres, con muchas asesinadas y otras viéndose humilladas más que por un simple beso, por las continuas declaraciones de un tipo deleznable. Con una ley mal redactada que ha tenido consecuencias nefastas. Son demasiados golpes para aguantar estoicamente.

Y en este momento llega una actriz, de aspecto físico frágil, pálida y delgada, pero con un motor de combustión potente que, con un instinto camaleónico, es capaz de llevar al público a un lugar de exposición absoluto. Vicky Luengo provoca las lágrimas en mujeres y hombres adultos que la observan en una ejecución que promete ser recordada como épica.

Luengo empieza con la energía de la ambición, poniendo todo en la descripción de los años de estudio y representando a distintos personajes en los numerosos juicios en los que ha participado su personaje. Pasa por la sensibilidad de ser en realidad una mujer cualquiera (hermana, hija, compañera) a montarse en el ego de la profesión bien pagada. No se oye ni un respiro durante su narración. No hay pasaje en el que decaiga. La actriz podría soltar la obra en cualquier momento, y se llevaría la aclamación en ese mismo instante. Pero es que lo mejor llega en la segunda parte. Vicky Luengo no cae en la trampa de los excesos del texto de Suzie Miller. Ella le da la contención justa. Sus lágrimas brillan, pero no abochornan. Muestra miedo, rabia, indefensión, fuerza, agresión… Todo en una sinfonía emocional perfectamente medida, como si fuera una pieza de un maestro clásico de la música. Estalla, como lo hacen los tambores de una melodía sinfónica, para luego pasar inmediatamente a la suavidad de una flauta. La diferencia es que es ella sola, con la dirección de Fisher, quien ejecuta la partitura entera.

Hay obras teatrales que tienen la fuerza de revolvernos. Lo hizo en su día Jauría y los kamikaze supieron reconocer el valor de lo que estaban provocando y montaron coloquios con la judicatura y los jóvenes. Lo saben tan bien que esta temporada vuelve nuevo montaje de esa pieza, que se estrena ahora en el Teatro Romea de Barcelona.

La interpretación de Vicky Luengo en Prima Facie está empezando a provocar la misma revolución en el patio de butacas. Clama continuidad teatral por la necesidad social de concienciarnos, de llorar y reaccionar juntos por lo que no debe permitirse.

La clá

www.lacla.es

*

Prima Facie. Teatros del Canal.

www.teatrosdelcanal.com

Imágenes cortesía equipo de prensa. Fotógrafo: Pablo Lorente.

Duración aproximada: 1 hora y 40 minutos.

Deja un comentario

Sign Up to Our Newsletter

Be the first to know the latest updates