Caperucita en Manhattan. Teatro Abadía.

Jacobo Siruela revolucionó el sector editorial allá por finales de los ochenta y durante todos los años noventa. Su pequeño sello editorial, Siruela, desarrolló una fórmula única en la labor editorial. Catálogo pequeño y ediciones muy cuidadas que, sin embargo, dieron en la diana y entraron en el boom de ventas. Uno de los títulos más destacados en la historia de Siruela fue “Caperucita en Manhattan”, publicado en el año 1990. Todos los que en aquellos años pisábamos la adolescencia leímos esta novela sobre las aventuras de Sara Allen por la gran manzana.

El Teatro La Abadía homenajea esta temporada 2024/ 2025 a la escritora que pergeñó las aventuras de Sara por Nueva York, Carmen Martín Gaite (1925 – 2000). Se celebra este año 2025 el centenario de su nacimiento.

La versión teatral de Caperucita en Manhattan corre a cargo de la directora teatral más festiva que hay, Lucía Miranda (Valladolid, 1982). Sara Allen es perfecta para Lucía Miranda, y al revés también. La imaginación del personaje y de sus andanzas, permiten a Miranda desplegar su gran arsenal, que es, principalmente, una dramaturgia vitalista, alegre y llena de energía. Muy pegada, además, a la juventud, porque Lucía Miranda es una trabajadora colectiva, que encuentra su visión teatral en los talleres de creación que monta a través de The Cross Border Project. Sobre las andanzas en Nueva York de Sara Allen, se sentirá también muy identificada Miranda, que fue becaria Fulbright y pudo desarrollar su formación en la gran manzana, en la New York University.

En Caperucita en Manhattan, Lucía Miranda explota el sabor americano a través de una imagen americanizada del relato. Los colores azules y verdosos contrastan con el rojo, y hay un punto de tonalidad de diners de los años cincuenta. La escenografía es de Alessio Meloni, con quien Miranda ya trabajó en La Cabeza de Dragón. Si en aquella ocasión Meloni ideó una escenografía que envolvió a la obra del buen rollo característico de las obras de Miranda (se llevó, por cierto, merecido Premio Max por ese trabajo), en esta ocasión la colaboración ha ido dos pasos más allá. El espacio escénico de Caperucita en Manhattan no es sólo una divertida envoltura, sino parte del cuento mismo. Una pila de lavadoras vintage azules se sucede a otra, jugando las máquinas a ser rascacielos, hornos, apartamentos, expositores… Una maravilla escénica que contrasta muy bien con el vistoso vestuario creado por Anna Tusell. El efecto es el de unas láminas escénicas que juegan a ser un homenaje al imaginario infantil, con marionetas, colores vistosos y cuentos 3D.

En la iluminación, Pedro Yagüe ha echado la casa por la ventana. Las tonalidades alegres se suceden con claroscuros que hacen presente el peligro del lobo urbanita, y la sensación deforme de un relato dibujado como un cómic. Lo único que echo en falta, y que en el recinto del Teatro Abadía presenta dificultades, es la utilización de un telón de fondo cambiante que juegue a dar aún mayor movimiento a la escena.

En todo caso, la escenografía juega a la verticalidad de Nueva York, y Lucía Miranda es de esas directoras que no desaprovecha un solo espacio, sea en alto, en bajo o a los lados. De los momentos más graciosos de la pieza es el juego con el público, en el que las protagonistas simulan a estar rodando una escena.

Me perdí la “Sara Allen” de Carolina Yuste, porque la actriz estaba en Granada recogiendo el merecido Premio Goya por la película La infiltrada. Entró en escena Mar Calvo, a la que fue una delicia ver, como si llevara rodando con esta Caperucita varias funciones. Una gozada ver la energía de la actriz, jugando a ser cantante y aventurera. Tiene unas magníficas compañeras de reparto, Mamen García, Miriam Montilla y Carmen Navarro. La primera hace una entrañable Miss Lunatic, mientras que las otras dos se van solapando papeles a diestro y siniestro. Montilla y Navarro están deliciosamente exageradas y cómicas.  Me gusta también la mezcla de música enlatada y en directo, con las canciones interpretadas por Mar Calvo y el contrabajista Marcel Mihoc.

La obra es de esas que ganan mientras avanzan, con un tercio final mucho más fluido y es, sin duda, un homenaje absoluto a la obra original. Una adaptación que haría las delicias de Carmen Martín Gaite, por esa mezcla de sombrío, cómic, caricatura, imaginación y aventura que vivifica esta Sara Allen teatral.

La clá

www.lacla.es

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Imágenes de Dominik Calvo, cortesía del equipo de prensa del Teatro Abadía.

Duración aproximada: 90 minutos.

Caperucita en Manhattan. Teatro Abadía.

Texto original: Carmen Martín Gaite

Dramaturgia y dirección: Lucía Miranda

Reparto: Mamen García, Miriam Montilla, Carmen Navarro, Carolina Yuste y Marcel Mihok (contrabajista)
Diseño de escenografía y atrezo: Alessio Meloni (AAPEE)

Iluminación: Pedro Yagüe

Teatro Abadía

Caperucita en Manhattan. Teatro Abadía.
3.5Maravillosa escenografía de lavadoras - rascacielos
Description
La obra gana fuerza a medida que avanza, con un tramo final más dinámico. Es un claro homenaje a la original, una adaptación que, con su mezcla de sombras, cómic, caricatura e imaginación, habría encantado a Carmen Martín Gaite.

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