
Los trasvases de obras de un teatro a otro son algo común en Londres. Sobre todo si la taquilla está asegurada. Es habitual que una obra en un teatro, independiente o nacional, pase al West End. Los teatros del West End suelen ser macro-recintos con varios pisos de butacas, un poco parecidos a los recintos de la Gran Vía madrileña.
La pieza “Dear England” se estrenó en verano en el National Theatre y fue éxito inmediato. Tanto que ahora se ha llevado al Prince Edward Theatre, uno de los siete teatros del grupo Delfont Mackintosh. Pasa así a uno de los estandartes del West End, barrio céntrico con mayor número de centros escénicos por metro cuadrado.
La obra “Dear England” tiene todos los elementos para triunfar. De entrada un cabeza de cartel, Joseph Fiennes (El cuento de la criada, Shakespeare in love…), que está arrollador. Un buen elenco que le acompaña dando siempre el toque. Buenísima música (se han gastado el dinero en canciones, entre otras de The Verbe, casi nada). Y un poderío técnico asombroso.
El escenario es un ruedo ovalado, girado y levemente levantado, como en los escenarios operísticos (para dar mayor profundidad y visibilidad). Sobre el mismo: dos aros iluminados que sirven para enmarcar al equipo de fútbol. Las proyecciones digitales son increíbles. Se proyectan los goles, los penaltis, el público y el ambiente propio de un estadio de fútbol.

El autor del texto es James Graham (Gran Bretaña, 1982), un reconocido y prolífico dramaturgo inglés, de esos que estrenan obra por año. Y la dirección corresponde a Rupert Goold, que es el director artístico del Theatre Almeida. Dos pesos pesados de la escena.
La obra va del “Impossible Job”, el trabajo imposible, como se llama coloquialmente al puesto de entrenador de la selección nacional de fútbol inglesa. La obra empieza con un prometedor arranque: “Something is wrong in England. We are stuck”. Los directivos a cargo de la selección apuntan que algo va mal en Inglaterra, y parece que la obra se va a decantar por una línea argumental en torno a la crisis que viene sufriendo Gran Bretaña como nación.
El prometedor inicio defrauda en ese sentido. Esta especie de reconocimiento implícito del problema nacional, se diluye pronto en lo que es un relato épico. James Graham, el dramaturgo de Dear England, prefiere sucumbir al populismo de un país hundido que va remontando y venciendo. Podría fácilmente haber tirado de la madeja de los daños estructurales del país, tiene prosa para ello. Pero optar por juntar fútbol con remontada y con patriotismo es victoria asegurada.
En este punto la ágil dirección de Rupert Goold imprime un ritmo a la pieza que hace que quienes somos totalmente desconocedores del equipo nacional inglés, lo sigamos con encanto. El público local lo goza. Los actores imitan a Fabio Capello, Harry Maguire, Harry Kane, Dele Alli… y las carcajadas son sonoras. Como si aquí hicieran una obra del mundial ganado por la selección española después de siglos sin pasar de cuartos. Y en escena estarían Iniesta, Ramos, Puyol, Piqué, Casillas…

El truco para que la obra sea un gran éxito artístico (aparte de público), es dotarla de alma, y no de meras imitaciones. Y ahí está el éxito de Dear England. Graham le da el toque dramático con la creación del héroe. Fiennes es un entrenador alternativo que cree en la derrota como catalizador, antes que en enormes expectativas inalcanzables. El personaje es la personificación del actual entrenador inglés, Gareth Southgate. Lo que hace Joseph Fiennes con el protagonista es cautivador. De entrada le da un acento propio, que será seguro muy cercano al del propio Southgate. Camina totalmente arqueado, con manos en bolsillos, como se ve hacen los entrenadores sobre el césped. A ratos, y de cerca, se ve que Fiennes ralentiza y exagera los movimientos. Sabe que está en teatro y que debe subrayar los personalismos de Southgate para convencer al público.
El resto del elenco hace algo parecido con sus personajes. Hay técnicos, directivos, una psicóloga y futbolistas. Y un despliegue técnico que abraza al espectador, como lo hacen los estadios de fútbol. Como curiosidad, el equipo de esta producción cuenta con un “profesor de acentos” que ha ayudado a los actores a encontrar el timbre exacto a sus personajes. Los jugadores de verdad tienen un fortísimo acento de su lugar de origen.
Me extrañaría que no hagan de Dear England una película. El planteamiento es una especie de soflama al espíritu fénix de un país que más bien está en la derrota. Fiennes es además animal de cine y series, e imán de audiencias.
La clá
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Dear England. Prince Edward Theatre.
https://www.princeedwardtheatre.co.uk/whats-on/dear-england
Duración aproximada: 2 horas y 50 minutos, intervalo incluido.
Imágenes de Marc Brenner.

