
El Teatro Real ha acogido esta temporada una ópera contemporánea, dando espacio a la creación más actual, lo que siempre es de alabar. Una producción, Enemigo del pueblo, con una visión muy vanguardista en su composición y con una duración más acorde con los cánones actuales, hora y media de representación, en la que es asombrosamente posible condensar toda la trama.
La pieza está a cargo del reconocido compositor musical Francisco Coll y del director escénico Àlex Rigola, que ha realizado una adaptación del texto original de Henrik Ibsen, Un enemigo del pueblo (1882). La colaboración ha sido muy fructuosa porque el resultado es una propuesta artística en la que es imposible no ver ejemplos continuos hacia nuestra realidad política y social.
La música de Francisco Coll tiene un tono contemporáneo engañoso, porque está ensamblada con pasodobles e incluso con tonos melódicos románticos, en los que la fuerza de la ejecución musical sube para subrayar las escenas más dramáticas. La música, como la acción, no eclosiona en violencia, pero hay un temor continuo a que el pueblo se convierta en turba. Coll traduce ese sentimiento en música, y atribuye distintas tonalidades a los personajes principales de la trama. No pudo, por indisposición, dirigir a la orquesta y coro titulares del Teatro Real, lo hizo en su lugar el director Christian Karlsen, que salió elogiado por la tarea.
La puesta en escena es engañosamente “casual”. Los protagonistas y el escenario (vestido por la escenógrafa Patricia Albizu) son,en apariencia, demasiado corrientes. A Rigola no le gusta jugar al trampantojo. Su creación se basa en una desnudez escénica en la línea de los postulados de Peter Brook. Sólo hace falta un espacio vacío para traer a la acción una vivencia real y necesaria. La osadía está en no cambiar el planteamiento para un templo operístico, en este caso el Teatro Real, aunque ya advierto que sí hay truco. La falta de atuendos bordados deja a los intérpretes operísticos más expuestos a la interpretación artística, no sólo la vocal. Sobresalen precisamente por la fuerza de su interpretación el protagonista, el barítono Jose Antonio López (Stockmann), capaz de imprimir la fuerza, el desaliento y también la intransigencia del doctor que denuncia la contaminación de las aguas en el balneario. También en los agudos solos destaca la soprano Brenda Rae en el papel de Petra. Moisés Marín es el cerril alcalde. Marta Fontanals-Simons e Isaac Galán completan reparto principal, acompañados del coro titular del Teatro Real.
Àlex Rigolá vuelve al original de Ibsen, lo cual resulta ya muy revelador. Se trata de un texto que le interpela y que le inquieta. Cómo no pensar en la acción política reciente, en los intereses económicos que priman al construir barrios y ciudades sobre terrenos inundables. En agendas de descarbonización que se borran de un plumazo para hacer a “America great again”. Paro porque salen ejemplos de todos los colores políticos.
Lo interesante de la obra de Ibsen no es que coloque al Doctor como una Juana de Arco provista de la verdad absoluta. El Doctor Stockmann atenaza diciendo, en el texto original, que “el enemigo más temible de la verdad y de la libertad es la mayoría absoluta”. El planteamiento de Ibsen, sin embargo, es marcadamente ponderado. El ejercicio público del poder es interesado y el pueblo es capaz de sostener a unos representantes que hacen valer el interés cortoplacista a costa de la salud pública. Ahora bien, hay un riesgo latente del individuo que se ve superior. De nuevo el Doctor Stockmann lo manifiesta, y por eso se convierte en enemigo del pueblo: “la razón la tengo yo y unos pocos hombres”. El dramaturgo noruego supo anticipar cómo en la democracia misma puede darse el germen de las dictaduras. En 1947, el primer ministro británico condensó esta idea en una cita muy conocida. Winston Churchill dijo “la democracia es la peor forma de gobierno, a excepción de todas las demás formas que se han probado de vez en cuando”. Rigola ha optado por una adaptación del texto que, como el aspecto visual, resulte más directa y cercana. Así en el primer acto, el Doctor interpela a su hermano diciendo “Razón sin poder: inútil. Poder sin razón: peligroso”. Y hacia el final de la obra, el coro que representa al pueblo se defiende de los ataques. De nuevo, en palabras de Rigola, “somos personas y no masa”.
He avanzado que no es la primera vez que Rigola se enfrenta a Ibsen. En el año 2018, el entonces Teatro Pavón Kamikaze estrenó una producción teatral sobre Un enemigo del pueblo, con una propuesta artística muy diferente (a salvo de la misma “cotidianidad” visual). Àlex Rigola reunió entonces a un elenco de altura (Nao Albet, Israel Elejalde, Irene Escolar, Óscar de la Fuente y Francisco Reyes) que invitaron al público (aka el pueblo) a que votasen sobre la conveniencia o no de ver la representación. Cada función fue como una ruleta rusa, alternando cancelaciones con funciones más pausadas. El público (¿soberano?) tenía en sus papeletas la suerte de la función.

En el montaje operístico no hay juegos teatrales, pero sí trazas sobre la inquietud estética que plantea la obra. Llego al final con un elogio a la cautivadora video escena creada por Álvaro Luna para esta producción. El videoescenista (habitual de muchos montajes de Mario Gas, Todos Pájaros, Pedro Páramo) se supera en esta producción para la ópera. Sobre unas dunas doradas (imposible no pensar en esa ansiedad ondulante del pintor coetáneo de Ibsen, Edvard Munch), se alza un mar infinito y cambiante. Jamás el Teatro Real había tenido un horizonte tan hondo y profundo como el creado por Álvaro Luna. Imposible no pensar, también, en el pequeño pueblo costero de Amity que escondía un escualo gigante (Tiburón, 1975), contra el que se batía un jefe de policía vapuleado por el alcalde y el pueblo. En la ópera el mar permanece inquietantemente en calma, con cambios de nubes y tonalidades, como la música de Francisco Coll y la adaptación del texto de Ibsen. En esta producción todos los elementos subrayan esa falsa apariencia de tranquilidad que esconde una de las grandes preguntas del individuo en sociedad. ¿Cómo debemos gobernarnos?…
La clá
www.lacla.es
-
Enemigo del pueblo.
https://www.teatroreal.es/
-
Duración
1 hora 30 minutos
-
Imágenes
Javier del Real. Cortesía del equipo de comunicación del Teatro Real.
-
Versión
Àlex Rigola sobre el original de Ibsen.
-
Música
Francisco Coll
-
Reparto:
Stockmann: José Antonio López. Alcalde: Moisés Marín. Petra: Brenda Rae. Mario: Isaac Galán. Marta: Marta Fontanals-Simmons. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.
-
Diseño de escenografía
Patricia Albizu
-
Dirección musical
Christian Karlsen
-
Videoescena
Álvaro Luna

